V Congreso de Antropologia Social

La Plata - Argentina

Julio-Agosto 1997

Ponencias publicadas por el Equipo NAyA
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"AGUAS QUE NO HAS DE BEBER..."

Autor: Alejandro Balazote UBA. UNCPBA.

1. INTRODUCCION.

La región de la Cuenca de las Lagunas Encadenadas cubre un área de unos 25.000 Km2 y está ubicada en el extremo S.O. de la zona central deprimida de la Provincia de Buenos Aires, que se extiende hacia el N.E. por el arroyo Vallimanca, abarca la gran planicie del río Salado y alcanza el mar en la Bahía de Samborombóm, en el extremo sur del Río de la Plata.

Las lagunas se encadenan desde la mas elevada (Laguna Alsina) al N.E. hasta la que ocupa el punto mas bajo de la depresión al S.O. En sus orillas se asientan las localidades urbanas de Carhué, Guaminí y la inundada Villa Lago Epecuén.

La cuenca constituye una región hidrológicamente cerrada (sin desagüe hacia el exterior), en la depresión creada por el relieve descendente desde las sierras de Tandil al N.E., las sierras de la Ventana al S.O., y la extensión pampeana de médanos al N.O.. Está integrada por las lagunas Alsina, Cochicó, del Monte, del Venado y Epecuén. Vierten sus aguas en ellas los arroyos: Pigue, Venado, Guaminí, Malleoleufú, Cochicó, Cura Malal, Pescado, Sauce Corto, y en ocasiones el Canal Ameghino.

Paradójicamente, décadas atrás las lagunas encadenadas comenzaron a secarse. Ameghino y otros estudiosos habían advertido sobre la necesidad de resolver el problema de las grandes sequías mediante una sistematización hídrica que permitiese retener en la región volúmenes de agua excedentes en los períodos ricos. En esta línea se procedió a la canalización del arroyo Sauce Corto, incorporando su caudal al sistema. Con su aporte, las lagunas quedaron encadenadas, pasando las aguas de unas a otras, saltando de planos superiores a inferiores en cuyo extremo se encontraba la laguna Epecuén.

En el año 1979 fue construído el canal colector Florentino Ameghino que posee una longitud de 92 Km., 30 metros de ancho y 2,5 metros de profundidad. Este emprendimiento costó 30.000.000 U$S. La falta de obras complementarias de regulación hizo que en los periodos ricos en lluvias como los que se sucedieron a principios de la década del ochenta comenzaran a producirse inundaciones.

Los primeros anegamientos habían sucedido hacia el año 1977. Como solución se implementó la construcción de un "tapón" en el canal Ameghino a la altura del arroyo Huascar pero la violencia de los torrentes que circulaban por el canal lo destrozaron en repetidas oportunidades.

Como ya hemos señalado el sistema de las lagunas encadenadas es endorreico, dado que carece de una salida natural o artificial. Debido a esto la eliminación de agua solo se producía (hasta el establecimiento del sistema de bombeo) por evaporación o por absorción del suelo.

En pocos años se pasó de una atemorizante carencia de agua a un exceso, que tuvo tremendos efectos sociales, ambientales y económicos. Pero ello se debió no solo al cambio de regímenes de lluvias sino a ausencia de previsión de los organismos responsables. Desde 1980 hasta 1985 no se llevó a cabo obra alguna para la regulación del caudal del canal Ameghino.

En noviembre del año 1985 mas de 4.500.000 de hectáreas fueron anegadas como consecuencia del desborde de ríos y lagunas en la provincia de Buenos Aires. Esta situación ocasionó perdidas mayores a los 1.500.000.000 U$S, el corte de rutas que incomunicó a numerosas poblaciones, la evacuación de miles de inundados y el deterioro global de la economía de los distritos afectados. Este fue el saldo de una de las peores inundaciones que sufrió la provincia de Buenos Aires en su historia y que afectó principalmente la cuenca del río Salado y el sistema de lagunas Las Encadenadas. En este sistema, la laguna Epecuén ha sido por su posición extrema en el área mas baja de la depresión natural de la cuenca, la receptora final de los excesos de agua desbordados de los arroyos y de toda la cadena lagunar. Así, en el año 1985 quedó sumergida la ciudad de Villa Lago Epecuén (frecuentada a lo largo de decenios por miles de turistas, debido a las propiedades terapéuticas atribuidas a sus aguas) al deteriorarse los diques de protección construidos en situaciones de emergencia.

Bajo las aguas quedaron las viviendas de sus pobladores, la infraestructura turística, algunas fábricas pequeñas de chacinados y dos plantas de sulfato con capacidad productiva de mas de 10.000 toneladas anuales que a partir de ese momento debieron importarse. Su población cercana a los 2.000 habitantes, debió ser relocalizada en dramáticas circunstancias en la vecina localidad de Carhué. Para tal fin se planificó la construcción rápida de "viviendas industriales". Como vemos, para los pobladores de Villa Lago Epecuén la inundación significó, no solo la pérdida de su unidad residencial sino también la privación de sus fuentes de subsistencia.

En ese año las ciudades de Guaminí y Carhué fueron afectadas por la presión de las aguas. La construcción de terraplenes impidió que las aguas penetraran en los cascos urbanos pero no todos sus efectos. Se observaban en esos tiempos como las paredes de las viviendas comenzaban a quebrarse, la aparición del salitre en los revoques, los cimientos de las viviendas que comenzaban a ceder, el hundimiento de los pisos y súbitas surgentes de agua rompían el asfalto de las calles. Si los "alteos" construidos inicialmente de manera espontánea por los habitantes de estas localidades habían impedido precariamente el ingreso del agua, nada impidió que la inseguridad y la incertidumbre se instalaran en la población afectada. El riesgo de correr la misma suerte que sus vecinos de Villa Lago Epecuén es una amenaza que aún hoy se mantiene. Por otra parte los pequeños y medianos productores de maíz, girasol y sorgo que rodean estas localidades se vieron sumamente afectados. Muchos de ellos también crían ganado mayor.

Como vemos, en el perímetro de las lagunas las aguas afectan la producción agrícola así como también desarticulan la red de comunicaciones viales y ferroviarias de la región. El primer efecto tiene una repercusión inmediata sobre los productores cuyos campos sufren los perjuicios de las inundaciones, en tanto el segundo extiende su influencia sobre un área mayor que debe soportar, en muchos casos, costos adicionales de los fletes correspondientes al transporte de su producción.

Es importante señalar que las propiedades circundantes a los niveles actuales de las lagunas sufren una depreciación de un 30 a un 40 % de sus valores debido al riesgo que implica desarrollar en ellas inversiones y actividades productivas.

En el año 1992, se llegó a una situación límite. Las lluvias hicieron que el nivel de las aguas se elevara 7 metros sobre los niveles (ya altos) del año 1980. La ciudad de Guaminí, situada a las orillas de la laguna del Monte fue protegida mediante la elevación de terraplenes (alteos en la jerga local) al igual que Carhué localizada sobre el lago Epecuén. En el año 1994 se produjo otra inundación que afectó gran parte de la provincia de Buenos Aires y particularmente a las poblaciones de Carhué y Guaminí.

En este trabajo analizamos el impacto que ocasionaron estos últimos acontecimientos sobre las poblaciones afectadas. También repararemos en el tratamiento que de dicha emergencia realizaron los medios gráficos, y el discurso oficial que en ellos se divulgó.

2. LA INUNDACION DE 1992 Y UN CAMBIO DE ESTILO.

A fines de 1992 las intensas lluvias caídas en el sudoeste de la provincia de Buenos Aires elevaron aún mas los ya críticos niveles de las lagunas Encadenadas Los pobladores de Carhué, que contaban con el antecedente doloroso y cercano de la inundación de Epecuén (acaecido en el año 1985) iniciaron el 26 de agosto de 1992 el corte de las rutas 33 y 60 en protesta por el accionar provincial respecto al manejo de aguas que ponía en riesgo a la ciudad.

Si bien los cortes de las rutas fueron levantados temporariamente, a partir de los primeros días de septiembre fueron constantes y resultaron un eficaz medio para expresar el malestar y la preocupación de los caruhenses. El 5-9-92 los habitantes de Carhué mantenían el corte de rutas para presionar al intendente Narbaiz (UCR) que se estaba reuniendo con el Gobernador.

El desplazamiento hasta el cruce de los preocupados habitantes y las movilizaciones en reclamo de urgentes soluciones constituyeron prácticas cotidianas. Las antorchas que en la noche iluminaban el cruce de la rutas se convirtieron en símbolo de las marchas que realizaron hasta el terraplén que defiende la ciudad de las aguas del lago Epecuén.

"Anoche...se iban sumando más carpas, casillas y asadores al costado de la ruta y aumentaba en número de camiones detenidos por el corte del camino. (...) la movilización atravesó por un momento crítico el jueves por la noche cuando el grupo se dividió y una caravana marcho hasta la ciudad. Las Fuerzas Vivas, en rigor los mas viejos, presionaron al Grupo de Jóvenes que convocó a la protesta. (...) por la mañana el padre Lucas celebró una misa en el cruce. El sacerdote opinó que los carhuenses debían levantar la protesta, pero ante la negativa de los fieles expresó su apoyo a la medida. Después de la misa, la gente decidió mantener corte por tiempo indeterminado hasta que las autoridades desactiven el canal aliviador Ameghino que vuelca dos cuencas de agua sobre las encadenadas..." (Página 12, 5-9-92).

La crítica situación afectó notablemente la vida cotidiana de los pobladores de Carhué. Las napas de agua subieron de tal manera que ocasionaban el hundimiento de los pisos de las casas y el sistema cloacal entró en colapso. Las calles se encontraban llenas de pozos y charcos de agua por el efecto de las cercanas napas de agua y en algunos tramos se presentaban intransitables, por su parte las casas sufrieron rajaduras muy grandes y la humedad trepó por sus paredes.

A partir del 3 de septiembre los comercios permanecieron cerrados en señal de protesta; solo abrieron los que vendían comestibles, por la tarde. Tampoco operaron los bancos, y las escuelas no dictaron clases. Por su parte la Comuna optó por decretar asueto municipal.

La ciudad prácticamente se trasladó al cruce de las rutas.

"El pueblo esta casi vacío, y la mayoría de los vehículos estan cortando la intersección de las rutas provinciales 33 y 60" (Clarín, 5-9-92).

Los pobladores que mantenían cortadas las rutas recibieron el apoyo de los vecinos de la cercana localidad de Guaminí afectada por el desborde de la laguna del Monte que al igual que Carhué corría riesgo de quedar bajo las aguas. El aporte de estos vecinos resultó sumamente significativo dado las tensiones que mantenían las ciudades de Carhué y Guaminí por el manejo de las compuertas que regulaban los niveles de agua en las lagunas de Epecuén y del Monte.

La preocupación e indignación de la población afectada encontraba razones en la actitud autista del gobierno de la provincia. Las alternativas propuestas por la Dirección de Hidráulica de la provincia se habían limitado hasta entonces a elevar indefinidamente los "alteos" que protegían la ciudad de las aguas amenazantes de la laguna de Epecuén que se encontraban a escasos centímetros de la cota máxima.

La administración provincial y su máximo responsable, el gobernador Duhalde, intentaron en un primer momento negar la importancia de la inundación desconociendo los reclamos de las localidades afectadas.

"Los pobladores no corren el riesgo que creen correr, las aguas de la Laguna Epecuén no van a superara las defensas" (Clarín, 7-9-92).

Por otra parte el gobernador atribuía a una "psicosis colectiva" el miedo y la incertidumbre de la población (Clarín, 8-5-92). Las protestas y reclamos de los pobladores de las localidades afectadas se explicaban por "razones psicológicas".

Las palabras del gobernador fueron inmediatamente cuestionadas por los pobladores afectados: "Si Duhalde calificó a los hielos continentales como un simple cubito 1 , como creen que va a ocuparse de un desborde de agua que no llega a su despacho" (Poblador de Carhué).

Otra línea argumental del gobernador fue señalar que el tema estaba politizado.

"Todo lo que esta pasando en Carhué es una maniobra del diputado B..... La inundación es un problema psicológico y les digo a los vecinos que no se preocupen porque lo del agua no es cierto. Lo que pasa es que B..... sabe tanto de inundaciones como yo de safaris" (Declaraciones a Radio Nacional reproducidas por Página 12, 4-9-92).

En estas declaraciones retoma la "explicación psicologista" y la combina con la agitación política de un agente foráneo al que finalmente descalifica.

Hasta aquí, según el gobernador:

1.- El problema de las inundaciones en la cuenca de Las Encadenadas no existe. Es una cuestión psicológica de la población.

2.- El problema de la inundación es producto del accionar de la oposición.

3.- La oposición es foránea y desconoce el problema.

Los implícitos de estos supuestos son: a.- La población afectada no es capaz de dimensionar "objetivamente" "per se" el problema de las inundaciones.

b.- Tampoco es capaz de articular una "oposición conocedora" del tema que reclame y proponga soluciones. Este espacio vacío es ocupado por la "oposición foránea" cuyo único fin es obtener rédito en términos políticos.

A medida que transcurrían los primeros días de septiembre, la protesta social fue en aumento y la vida cotidiana de la localidad fue conmocionada por las distintas medidas que se organizaban. Como hemos señalado los servicios públicos fueron interrumpidos y las actividades económicas se redujeron a su mínima expresión.

Resultó significativa la inoperancia de la administración local para canalizar las demandas de la gente, y la inadecuación de las entidades intermedias y los partidos políticos para expresar los reclamos de la población afectada.

En este contexto surgió el denominado Grupo de Jóvenes que lideró la protesta social. Este grupo se constituyó a partir del problema de las inundaciones y ante el temor de la relocalización de la ciudad de Carhue.

"Son los jóvenes -sobre todo las mujeres- quienes estan haciendo punta en la movilización. Madres y padres que rondan la treintena, acompañados de sus hijos. (...)Al caer la noche arman fogones y comidas colectivas, se suben la capucha de la campera, se enroscan la bufanda y, tapados en frazadas, se dan ánimos y discuten los pasos a seguir." (Clarín, 5-9-92).

Cuando el gobernador Duhalde, reconociendo la gravedad de la situación visitó la ciudad de Carhué, el Grupo de Jóvenes movilizó a unos 1.000 carhuenses que se agruparon frente a la plaza central . En una reunión con el gobernador le exigieron la presentación de soluciones de corto plazo y una definición clara acerca de cual iba a ser el manejo de la cuenca. En menos de diez días de existencia se convertían en los interlocutores ante el poder central de la provincia y constituían el mas eficaz grupo de presión ante el gobernador.

A partir del 9-9-92 el gobernador Duhalde viró su discurso. Ese mismo día prometió la visita a las localidades afectadas (en rigor solo Carhué).

"Una cosa es lo que me explican mis asesores y otra lo que me dice la gente, por eso quiero quedarme en Carhué hasta que se me vaya la duda" (Página 12, 9-9-92).

La visita implicó el clásico sobrevuelo por las áreas afectadas "para constatar la dimensión de los daños" y una reunión con las fuerzas vivas de la ciudad. En la misma planteó como acción inmediata elevar en un metro los terraplenes que detienen la inundación de Carhué y Guaminí. y garantizó llevar a cabo las obras necesarias para el saneamiento definitivo de la cuenca.

El Grupo de Jóvenes hizo público su apoyo a la visita del gobernador Duhalde a esta ciudad a mediados de septiembre de 1992. En un comunicado afirmaban: "...se considera positiva la visita del gobernador porque se hizo presente en Carhué, porque dio la cara y asumió el compromiso, político de que no se inunde la ciudad. También porque dio la garantía de que Carhué no será trasladada". Pero en el mismo comunicado advertían " ...aún así, opinamos que es una promesa más, porque todavía no nos ha dado una solución definitiva a los problemas de las encadenadas, ni tampoco nos comunicó ningún plazo en el cual se dará a conocer el proyecto que la provincia decida realizar" (Clarín, 14-09-92).

En la concentración realizada en la plaza durante la presencia del gobernador, los carteles de los manifestantes vinculaban la historia e identidad de los caruhenses con pedidos concretos que aliviaran su situación.

"Tenemos 108 años de historia. No queremos irnos".

"Señor gobernador: el agua nos llegó al bolsillo". "La solución esta en sus manos".

"Necesitamos un bombeador".

"Somos caruhenses y queremos vivir acá" (Página 12, 12-09-92.) El discurso del Grupo de Jóvenes también enfatizaba su pertenencia a la comunidad, a "las raíces" y a la identidad. Por otra parte los miembros del grupo se vieron obligados a desvincularse de "intereses partidarios" como forma de validarse y legitimarse en el liderazgo de la protesta. En realidad las iniciales declaraciones del gobernador, planteando la politización del tema, generaron este tipo de aclaración. Tanto el gobernador como los miembros del Grupo de Jóvenes partían del supuesto de que el accionar político partidario resultaba descalificante e irrepresentativo de los reclamos de la gente, al tiempo que incapaz de aportar soluciones.

"Ninguno de nosotros está afiliado a ningún partido político, ni participó en ninguna campaña" (Rubén 32 años. Grupo de Jóvenes. Clarín, 12-09-92).

"Como no defender esto? Son nuestras raíces, nuestra identidad" (Norma 40 años. Grupo de Jóvenes. Clarín, 12-09-92).

"Carhué no se inundó todavía. Cuando se inunde Que nos va a quedar?" (Liliana 35 años. Grupo de Jóvenes. Clarín, 12-09-92).

El discurso de los miembros partía de una construcción de opuestos jóvenes/viejos, dinamismo/estancamiento, credibilidad/no credibilidad, nuevas relaciones con el poder político/ entente con el poder político, resistencia/ pasividad.

"La gente mayor es muy pasiva y ha perdido credibilidad, los jóvenes empezamos por informarnos y llamamos a la gente que estaba en el tema. Confiábamos en que las autoridades hicieran algo. Ahora el comercio esta muerto. Nadie pone un ladrillo, nadie arregla nada. Las casas prácticamente se regalan. Los jóvenes agarramos la manija pero... y los viejos que trabajaron toda la vida para hacerse una casita ? lo pierden todo por una decisión política?" (Rubén 32 años. Grupo de Jóvenes. Clarín 5-9-92.) Mas allá de lo esquemático que toda construcción de este tipo de opuestos resulta, lo cierto es que la emergencia del Grupo de Jóvenes planteó nuevas relaciones entre los distintos grupos de edad. Tampoco el género escapó a la redefinición de la distancia social que aconteció en la crisis. A continuación transcribimos un fragmento de un articulo periodístico que resulta sumamente ilustrativo.

"Las reuniones del Grupo de Jóvenes que tomaron la conducción del pueblo, se realizaron en el Club Social... Los socios presenciaron con asombro el ingreso de las integrantes femeninas del grupo. Jamás, desde que el Club fue fundado, se permitió el ingreso de mujeres. Las jóvenes miraron con curiosidad el salón en el que pasan las noches sus padres y maridos, saboreando la ruptura de la norma.... En ese cuarto organizaron la movilización...En el mismo lugar se disgregaron. Las peleas comenzaron con la resistencia de las Fuerzas Vivas- formadas por los ancianos del pueblo- al corte de las rutas. La inexperiencia de los jóvenes era total y dos días después de acampar en el cruce el sueño y las presiones los vencieron" (Graciela Mochkofsky. Página 12 6-9-92).

A partir de la visita del gobernador, ya evaluadas las dimensiones de la inundación y los costos económicos y políticos que la misma ocasionaría, la administración provincial:

1.- Diferenció las acciones inmediatas para evitar las inundaciones urbanas de aquellas tendientes a regularizar todo el manejo de la cuenca.

2.- Evidenció, como ya hemos señalado, un claro privilegio por la preservación de los cascos urbanos por sobre el desarrollo, fomento y subsistencia de la actividad agropecuaria.

3.- Responsabilizó a las anteriores administraciones provinciales, (aún la que resultaban del mismo partido como la encabezada por el gobernador justicialista Cafiero) del manejo erróneo de la cuenca de las Encadenadas y del proceso de desinversión que impidió la realización de obras de infraestructura necesarias.

"...en los últimos años no se hicieron obras, no se levantaron los puentes del canal aliviador y los productores se vieron obligados a construir puentes precarios , lo que desactivó el funcionamiento del canal aliviador" (Ministro de Obras Públicas de la provincia de Buenos Aires. Página 12, 9-9-92).

"Las obras... estan proyectadas desde hace muchos años, pero que nunca han estado ni siquiera presupuestadas. (...) En esta cuenca hace siete años que no se trabaja y desde mayo hasta ahora se está trabajando" (Gobernador Duhalde. Clarín, 12-9-92).

4.- Optó por la obra dura como única solución al problema de las inundaciones. Mostrando al gobierno provincial como un actor dinámico con la decisión política de realizarlas.

5.- Para ello no dudó en recurrir a financiación internacional para llevarlas a cabo. De esta manera se presentaba como el garante para obtener los créditos necesarios y se constituía en una institución demandante-demandada de estos procesos de inversión-desinversión en cascada.

6.- Descartó de plano la relocalización de la ciudad de Carhué.

3. CARACTERISTICAS DE LA INUNDACION.

Natenson (1992) puntualiza una serie de características que recurrentemente se presentan en situaciones de inundaciones. En su comparación sobre las inundaciones en el nordeste argentino de los años 1982,1983 y 1992 señala: 1.- La inundación es tratada como un evento de orden natural.

2.- El tratamiento del problema es coyuntural.

3.- Los medios de comunicación realizan una cobertura sensacionalista.

4.- El inundado se constituye en objeto asistencial.

5.- El rescate de los mismos es militarizado.

6.- Las autoridades plantean la realización de la "obra dura" como única respuesta a mediano y largo plazo.

7.- Financiamiento en cascada.

En este punto trataremos algunas particularidades que hemos observado en el proceso de impacto sufrido por las poblaciones afectadas por el desborde de la cuenca de las Encadenadas y que entendemos se complementan con las mencionadas por la citada autora.

3.1. ASISTENCIALISMO EN CATASTROFE.

Natenson (1992) en su análisis sobre las inundaciones del noreste argentino señala con acierto la constitución del inundado en objeto asistencial "...de acuerdo a esta concepción no solo no tienen recursos, tampoco tienen nivel intelectual ni jerarquía para ser consultados". En las localidades de Carhué y Guaminí durante la inundación de septiembre de 1992 colapsaron los sistemas de salud y educación. Durante la emergencia fueron redefinidas sus funciones específicas y constituyeron canales institucionales a partir de los cuales se desplegó el asistencialismo provincial y municipal. Para tal efecto se destinaron U$S 43.000.000 de presupuesto provincial.

En el caso del sistema de educación queremos señalar que adoptar estas funciones hizo que perdiera su función específica. Las escuelas se convirtieron en albergue de los inundados y constituyeron el espacio físico en el cual se implementó un fuerte control social.

Los evacuados que habían perdido sus enseres y viviendas se instalaron en campamentos precarios en los cuales se administraban determinados recursos vitales para sus subsistencia al tiempo que se les imponían rígidas normas durante su estadía.

3.2. LA VIOLACION DE LAS "RUTAS ADMINISTRATIVAS" Y EL CONFLICTO DE PODERES.

Una de las características del accionar administrativo ante la situación de emergencia fue la alteración y/o violación de las rutas administrativas. Las normas que rigen la contratación para realizar obras y prestar determinados servicios implican ciertos tiempos y el llamado a licitación pública. Bajo el argumento de la situación de emergencia las administraciones locales y la provincial realizaron contrataciones directas.

Los medios periodísticos justificaron tales anomalías administrativas dada la situación de emergencia: "Cuando un fenómeno natural inesperado y de envergadura afecta una región de la superficie terrestre provocando un desastre de proporciones, se hecha mano de todos los recursos que, aún con el desorden que es típico de las emergencias, cumplen en paliar algunos de sus efectos sobre la población y sobre los bienes materiales" (Editorial de Clarín 6-7-93).

Resulta significativo considerar la inundación de 1994 como un "fenómeno natural inesperado" dados los antecedentes de 1985 que implicaron la inundación de la localidad de Epecuén así como los desbordes de los años 1992 y 1993. En otro punto de este artículo analizamos la "naturalización" del fenómeno y las implicaciones que este discurso tiene. Baste decir aquí que el mismo licúa responsabilidades sociales y políticas de las administraciones municipales y provincial.

Por otra parte la violación de las rutas administrativas implica un discrecional manejo de importantes recursos que de hecho facilita el ejercicio de acciones clientelares así como también viabiliza prácticas corruptas.

Esta situación se agrava por la falta de implementación de mecanismos de control "ad hoc" en los cuales se vean representados los afectados directos Otro aspecto que queremos señalar es la superposición de determinados poderes durante la situación de emergencia. Concretamente el poder judicial se había expresado a través de ciertos fallos sobre el manejo de aguas que debía realizarse. Hasta que la inundación llego a niveles considerables, los mismos se cumplían pero cuando la situación se tornó crítica el Ejecutivo Provincial reguló el manejo de las compuertas que vinculan las lagunas de la cuenca con "criterio técnico" desconociendo los fallos del Poder Judicial.

3.3. VISION PARCELARIA DE LA INUNDACION.

Los desbordes de la cuenca del Salado acaecidos en los años 1992, 1993 y 1994 pusieron en evidencia comportamientos específicos de distintos sectores sociales económicos y políticos. La situación de riesgo que afectó a toda la cuenca puso también de manifiesto las tensiones entre distintos partidos y localidades de la misma.

Tanto los sectores privados (industriales urbanos, pequeños productores rurales, pequeños y medianos comerciantes, medianos y grandes productores agropecuarios) como las administraciones municipales evidenciaron una "visión parcelaria" del problema sesgo que de alguna manera resulta comprensible por el enfoque corporativo o local del problema.

Lo que resultó realmente significativo fue la ausencia de una política global sobre el manejo de la cuenca por parte de la administración provincial. Esto permitió que afloraran con mayor nitidez las contradicciones entre los distintos partidos de la cuenca afectados.

3.3.1. CUENCA ALTA VS. CUENCA BAJA.

Las localidades ubicadas en la cuenca baja Monte Saladillo General Belgrano etc. plantearon a la gobernación, a través de sus intendentes, la necesidad de privilegiar las obras en esa parte de la cuenca del Salado y no en la alta cuenca (Encadenadas). El planteo de la canalización del río evidenciaba el temor de convertirse en depositarios de los excedentes producidos aguas arriba.

En este sentido debemos señalar que efectivamente las prácticas tendientes a controlar la cota de las Lagunas Encadenadas (alteos, bombeo de agua y canalizaciones iniciadas a partir de 1992) facilitaron el escurrimiento de agua en la zona de la cuenca alta pero trasladaron el problema hacia las localidades de la cuenca baja en donde se acumularon grandes masas en las inundaciones de los años 1993 y 1994.

En Junio de 1993 se pusieron en marcha las bombas prometidas por la gobernación a los pobladores de Carhúe y Guaminí un año antes. A través del sistema de bombeo se envió el excedente de agua de la Laguna Cochicó a la Laguna Alsina. Los intendentes de la cuenca baja (Daireaux y Saladillo) solicitaron la suspensión del bombeo por estimar que derivaría mas agua a las zonas comprometidas.

"...Se solucionaron los problemas en Guaminí, Carhué y otros partidos vecinos, pero en la cuenca media y baja no se realizaron los trabajos para favorecer la salida del aluvión" (Dirigente de Saladillo. Clarín, 12-9-94).

"...Mientras no tengamos una ley de aguas no habrá soluciones...Las obras deben realizarse aguas abajo en la desembocadura del río y no en el curso superior como se pretende" (Intendente municipal de Monte. 12-9-94).

La Dirección Provincial de Hidráulica ejerció como en anteriores ocasiones calidad de arbitro entre las localidades afectadas y desestimó el pedido de los intendentes.

En septiembre de 1994 mas de la mitad de la superficie de la localidad de San Miguel de Monte resultó inundada y las napas se encontraban a pocos centímetros de la superficie. El impacto socioeconómico fue muy grande dado que la mayor parte de su población (17.000 habitantes) se dedican a la actividad agricolo-ganadera.

La crítica situación hizo que los distintos responsables de los partidos de la cuenca baja soportaran las presiones de diferentes organizaciones intermedias en particular y de la sociedad civil en general para cuestionar el manejo de cuenca que realizaba la administración provincial.

En tal sentido resulta ilustrativo lo acontecido en la localidad de Saladillo cuyo intendente debió reunirse con las fuerzas vivas de la ciudad como la Sociedad Rural, la Federación Agraria y la Cámara de Comercio que le solicitaron movilizar al pueblos para realizar algún tipo de protesta.

"Me siento presionado por las entidades intermedias, que piden que el intendente se ponga a la cabeza... Nadie esta en contra de las obras que se puedan hacer para salvar a otros pueblos, pero pedimos que simultáneamente se hagan obras en la cuenca media, si no solo recibiremos agua." (Intendente de Saladillo. Clarín, 15-06-93).

Los reclamos por un manejo integral de la cuenca que se exprese en una ley aguas que contemple los intereses de todos los partidos, sectores sociales e intereses económicos involucrados constituían una crítica al manejo que a través de la Dirección Provincial de Hidráulica la administración Duhalde llevó de la cuenca del Salado 2 .

El gobernador Duhalde debió salir al cruce de las críticas de los pobladores de la zona que creían (no sin razón) ver en las soluciones propuestas (Bombeo) un intento por trasladar el desastre a otros distritos. "Nos preocupan los intereses de toda la cuenca" sostuvo Duhalde, agregando que "...las obras terminadas demandarán 300.000.000 US".

3.3.2. EL PRIVILEGIO DE LOS CASCOS URBANOS.

Los productores rurales sufrieron grandemente las consecuencias de la inundación, el desborde de la cuenca no solo puso en riesgo sus enseres y viviendas, sino que también estaban en juego sus medios de producción, el producto de su actividad económica y la continuidad de su modalidad productiva.

Las obras que protegieron los cascos urbanos causaron perjuicios en los campos de los productores rurales cercanos en la medida que impidieron la circulación de las aguas. El anegamiento de los campos que facilitaron los alteos y terraplenes hizo que algunos productores solo pudieran disponer del 10% de la superficie que contaban antes de la inundación, Muchos de ellos iniciaron juicios a la administración provincial por los daños ocasionados por el (des)manejo de la cuenca.

Durante la visita del gobernador Duhalde a las localidades afectadas en septiembre del año 1992, tras sobrevolar las zonas inundadas el primer mandatario provincial declaró: "Se que la situación es angustiante para los habitantes del campo y de las colonias pero lo primero que tenemos que defender es el lugar donde la gente esta asentada y arraigada" dijo en referencia explícita a los cascos urbanos afectados.

El privilegio por la defensa de los cascos urbanos por parte de la gobernación procuró aventar los fantasmas de la relocalización masiva de las ciudades de Carhué y Guaminí amenazadas por la aguas. Los habitantes de ambas localidades contaban con el antecedente de la inundación de Epecuén que hacia mas verosímil tal alternativa.

3.3.3. CARHUE Y GUAMINI: QUE EL AGUA SE LA BEBAN ELLOS.

Los enfrentamientos por momentos evidentes y en ocasiones mas larvados entre los distintos partidos de la cuenca o entre los productores rurales y los habitantes de los cascos urbanos que hemos señalado en los puntos precedentes fueron superadas por virulencia con que se enfrentaron los pobladores de Carhué y Guaminí. Si el manejo de cuenca era muy importante para los intereses de los municipios afectados o de los sectores económicos involucrados, para los habitantes de las localidades mencionadas vital En el caso de Carhué y Guaminí los niveles del agua que los afectaba resultaban abiertamente contradictorio.

La apertura de las compuertas que hacen disminuir el nivel de la laguna del Venado que desembocan en la Laguna de Epecuén lo que hace aumentar el nivel de la misma amenazando así a Carhué.

En situaciones críticas como la acaecída en el año 1992, el manejo de agua que realizó la Dirección Provincial de Hidráulica de la compuerta de Rolito (Que vincula las lagunas del Venado Y Epecuén) fue resultado de las enormes presiones que ejercieron las distintas localidades. A tal punto llegó la tensión que durante mucho tiempo las instalaciones de comando y las compuertas de l terraplén de Rolito debieron ser custodiadas por personal de la policía provincial.

Ante la inminente inundación de Guaminí el gobernador Duhalde anunció la apertura de las compuertas para trasvasar 50 hectómetros cúbicos al lago Epecuén. Ante las quejas de los vecinos de Carhué Duhalde expresó que "Carhué no corre riesgo como los pobladores temen". "Guaminí es quien corre mas riesgo de inundarse, porque el agua esta a tres centímetros de su nivel máximo de tolerancia.

Consciente de la gravedad del enfrentamiento de las localidades señaló: "Lo fundamental en estos momentos es evitar la guerra entre las poblaciones" Duhalde Clarín 5-9-92.

Los intendentes de las dos localidades iniciaron una "guerra de declaraciones" en la prensa procurando justificar sus reclamos obviamente centrados en las necesidades y conveniencia de los municipios que representaban.

El intendente de Guaminí Miguel García Mérida afirmó que la apertura de la compuerta de Rolíto "...de ningún modo encierra la intención de comprometer la situación de Carhué traspasando en exceso un nivel de agua que ponga en peligro a esa ciudad. Rolito se abrio cuando la laguna del Venado llegó al máximo de su capacidad. De no haber tomado esa medida, Guaminí corría serios riesgos de inundación".(Página 12, 9-9-92).

Por su parte el intendente de Carhué manifestó su disconformidad ante esta medida por las consecuencias que pueda traer par la ciudad señalando que "... al abrirse esta compuerta comenzó a entrar agua a laguna Epecuén que termina a solo diez cuadras de la plaza céntrica de Carhué". (Página 12, 9-9-92).

El gobernador Duhalde, preocupado por el nivel de enfrentamiento y consciente de la ausencia de un plan integral para la cuenca del Salado expresó sus preocupaciones a la prensa ante la posibilidad que el mismo fuera una resultante de las distintas presiones y medidas de acción directa de las distintas localidades afectadas que en definitiva cuestionasen su propio rol.

"Usted tendría que ver la discusión entre los intendentes. Se empiezan a echar la culpa entre ellos cuando en realidad no son ellos los responsables. Debemos evitar que se produzcan enfrentamientos entre las poblaciones en conflicto. No podemos permitir que el manejo del agua se haga por el estado de ánimo de la gente o por puebladas" (Página 12, 5-9-92).

3.4. FINANCIACION Y DESFINANACIACION EN CATASTROFE.

Los municipios afectados requirieron de mayores partidas presupuestarias que les permitiesen afrontar mínimos planes asistenciales, el mantenimiento (más costoso) de la infraestructura, obras de defensa ante el avance de las aguas (alteos), el costo del alquiler de bombas de desagüe, viáticos del personal de otras instituciones que participan en las tares relacionadas con la contingencia, pago de horas extras al personal propio, etc. .

Por otra parte al finalizar la inundación debió encararse la reconstrucción de las obras deterioradas (caminos, desagües, etc.) así como también reponer la maquinaria averiada o destruida.

Como contrapartida, la inundación puso en crisis la capacidad de financiamiento de las municipalidades afectadas La disminución de la actividad productiva ocasionó una merma del consumo y de la capacidad tributaria de la población.

En la emergencia, las municipalidades afectadas

1.- Cobraron menos impuestos por las excensiones impositivas dada la situación de emergencia.

2.- Disminuyeron la recaudación en la medida en que el volumen de la actividad económica se redujo notablemente.

Dado que los municipios afectados son localidades básicamente agrícolas resultó muy importante la disminución del cobro de "guías" por el traslado de animales, que a causa de la inundación fueron desplazados a zonas lejanas al partido impidiendo a las administraciones locales contar con estos recursos.

La crisis de financiamiento hizo que distintos intendentes, no solo los afectados por el desborde de las lagunas Encadenadas, sino todos los de la cuenca de río Salado, solicitaran al gobernador Duhalde:

1.- Apoyo financiero para los productores afectados.

2.- Mayores recursos para los municipios afectados.

3.- La realización de obras de infraestructura.

4.- Ayuda social para la población afectada.

5.- La realización de estudios que permitiesen la sanción de un código de manejo de agua (Ley de Aguas).

Ante el desfinaciamiento de los municipios, el gobierno provincial entregó aportes no reintegrables de 100.000 U$S a varias comunas. También giró fondos al municipio de Guaminí para realizar desagües pluviales y alteos en los caminos entre La Nevada y Huanguelén (Clarín, 30-6-93).

Del presupuesto anual, 43 millones fueron destinados a la región, aunque la mayor parte de esta partida fuera asignada a la Dirección Provincial de Hidráulica.

Si la financiación de la emergencia corrió por cuenta del estado provincial (asistencialismo, obras inmediatas, etc.) "la solución definitiva" (esto es la realización de grandes obras de infraestructura), siguiendo las pautas del modelo económico, quedó a cargo de empresas privadas.

"La solución definitiva de la cuenca quedará a cargo de empresas privadas, a través de adjudicación directa o licitación (depende de la urgencia dijo) e implicará para la provincia un gasto de 300 millones. Esta cifra ya se pidió al Banco Mundial" (Gobernador Duhalde. Clarín, 12-09-92).

Así, el desfinanciamiento de las municipalidades arrastró a la economía provincial, que recurrió a la financiación internacional con el objetivo de encarar las "obras definitivas".

Si la emergencia de la inundación es resuelta por el estado y la financiación pública (municipal, provincial y nacional), la "obra dura", que ocasiona una fuerte inversión de capital, es encarada por empresas privadas, que acceden merced a garantías brindadas por el estado, a la financiación de organismos internacionales.

Las necesidades de financiación inmediata y las características de la misma (en cascada, Natenson 1992) no pueden desvincularse del proceso de desinversión (pública y privada) que acaeció en el área de influencia de la cuenca del Salado.

En la provincia de Buenos Aires no se había encarado un manejo racional de todas y cada una de las cuencas, concertando las necesidades de las áreas desde el nivel de las autoridades provinciales. Tampoco se habían ejecutado obras hidráulicas importantes, prometidas y esperadas durante largo tiempo por la población, ni se habían realizados los estudios técnicos y sociales que permitiesen diseñar planes alternativos.

La ausencia de una política activa por parte de la gobernación fue aceptada por el mismo Ministro de Obras Públicas de la provincia de Buenos Aires, quien reconoció "...que en los últimos años no se hicieron obras, no se levantaron los puentes del canal aliviador y los productores se vieron obligados a construir puentes precarios, lo que desactivó el funcionamiento del canal aliviador" (Página 12, 9-9-92).

También admitió explícitamente "...que la canalización del arroyo Huascar y el ancheo del canal aliviador no se han hecho por falta de partida" (Ministro de obras públicas de la administración Duhalde. Clarín, 5-9-92).

El anterior gobernador, Armendariz (1983-1987) también justificó la falta de soluciones durante su gestión en la merma de la capacidad financiación "...en julio de 1984 el Ministerio de Economía decidió usar a la provincia de Buenos Aires como variable de ajuste del plan general y (recortó) la participación federal, con lo que nos obligó a paralizar estudios y a no poner en marcha distintas obras" (Página 12, 9-9-92).

La discontinuidad en planes y proyectos enunciados por los sucesivos gobiernos pero nunca realizados con la necesaria coherencia y la persistencia exigible, además de prolongados períodos de falta de recursos disponibles para las obras públicas y de parálisis de inversión privada, mantuvieron en un estado de estancamiento casi total la infraestructura de grandes trabajos hidráulicos, que resultaban vitales para el normal desarrollo de las actividades agropecuarias y el crecimiento de los centros urbanos de la región.

Al momento de la crecida, el intendente de Caruhé planteó que las distintas administraciones provinciales no habían realizado las obras necesarias para evitar las inundaciones: "Cafiero no terminó de ensanchar el canal Ameghino para que se escurra el agua. No hizo nada. Duhalde prometio optimizar el pase del agua al río Salado pero todo quedó en promesas. Hace seis meses gestionamos una contratación directa para realizar obras, pero todavía los pliegos no tiene firma. La cosa no da para mas". Intendente de Carhué (Página 12, 3-9-92).

4. CONSIDERACIONES FINALES.

La crítica situación vivida por los pobladores de la cuenca del río Salado en general y los próximos a las lagunas Encadenadas en particular, se vincula sin duda a violentos procesos de desinversión (e inversión) de capital. El desastroso manejo de cuenca y la alternancia de ciclos húmedos y secos 3 no son más que un dato a partir del cual se pueden encuadrar las acciones de los organismos e instituciones competentes pero que en modo alguno exime de responsabilidad a los mismos. La falta de mantenimiento de las obras existentes y la demora para encarar otras nos habla de las estrecheces de los presupuestos provinciales y municipales pero también de la voluntad política de dichas instituciones y de sus criterios para encarar la inversión pública.

Por otra parte el fracaso de implementar nuevas técnicas agronómicas que propiciaban la retención de las precipitaciones impidiendo la acumulación de las mismas 4 por falta de financiación privada y del apoyo crediticio estatal a los productores no hace mas que confirmar lo apuntado en el párrafo precedente.

Si la desinversión de capital parece explicar, al menos en parte, los dramáticos acontecimientos de la cuenca del Salado y de las Encadenadas, la violenta inversión de capital que le siguió con la implementación del Plan Maestro 5 y otras obras complementarias, no hizo mas que confirmar la seducción que ejercía la "obra dura" en la administración provincial.

El ejecutivo provincial osciló entre la negación del problema, la planificación de megaproyectos que evidenciaron el privilegio por la "obra dura" y la aplicación de medidas transitorias y precarias, tales como elevar y consolidar los alteos e implementar un costoso sistema de bombeo.

La gobernación privilegió claramente los cascos urbanos por sobre los ámbitos y productores rurales. El Gobernador Duhalde luego de reconocer la dimensión de la inundación (que en un primer momento había negado) declaraba "Se que la situación es angustiante para los habitantes del campo y de las colonias pero lo primero que tenemos que defender es el lugar donde la gente esta asentada y arraigada" (Página 12, 12-09-92) en referencia explícita a los cascos urbanos afectados.

Las demandas sectoriales y municipales pusieron en evidencia la falta de una visión global de la cuenca por parte de la administración provincial y el sesgo corporativo y local de cada uno de las sectores afectados. Los mismos, si en algo coincidían, era en demandar urgentes soluciones a la administración del gobernador Duhalde, al mismo tiempo que pujaban abiertamente por la distribución de recursos que permitiesen aliviar la tensión social provocada por la inundación. Las mayores tensiones obedecían a lograr un manejo de aguas que permitiese el desvío o el rápido curso de las localidades afectadas, aún a costa del perjuicio de otras localidades receptoras. En tal sentido resulta claro el sentido de la frase de un funcionario de Hidráulica "todos dicen: que el agua se la beban ellos".

5. BIBLIOGRAFIA.

BECK, U.

1993. De la sociedad industrial a la sociedad de riesgo. En: Revista de Occidente N. 151.

FUNTOWICZ, S.

1994. Epistemología política. Ciencia con la gente. FLACSO. Serie documentos e informes de investigación N. 178. Bs. As.

GIDDENS, A.

1993. La vida en una sociedad post-tradicional. En: Revista de Occidente N. 151.

HERZER, H.

1993. Catastrofes. En: Semionario Taller sobre la UBA y el Medio Ambiente. Documento de base. FFyL. 26 al 28 de mayo. Buenos Aires.

NATENZON, C.

1993. Processos catastróficos no nordeste argentino. Mudancas produzidas na última década. En: Natureza e sociedade de hoje: una leitura geográfica. HUCITEC-ANPUR. Sao Paulo.

1994. Desastres naturales, riesgos e incertidumbre: apuntes para una investigación sobre el tema. En: Encuentro Internacional Lugar, formación socio espacial, mundo. Ponencia presentada en la Mesa Redonda sobre "Globalización y geografía latinoamericana: los temas". ANPEGE-Universidad de San Pablo. San Pablo.

RADOVICH, J.C.

1995. Las inundaciones en la memoria olavarriense. Proyecto de investigación. NURES. Fac. Cs. Sociales. UNCPBA. M/C.

NOTAS

1 .- Aquí se hace referencia al diferendo limítrofe que mantienen los paises de Chile y Argentina por la posesión de los hielos continentales ubicados en la región austral de la Cordillera de los Andes. En tal sentido el gobernador, en coincidencia con la posición oficial, minimiza la importancia de tal punto de conflicto.

2 .- En septiembre de 1994 productores de los partidos de General Belgrano, Las Flores, Chascomús, Pila, Saladillo, General Alvear, Tapalqué, Monte, General Paz, Y Roque Pérez se movilizaron hacia la ciudad de La Plata para reclamar soluciones a los continuos anegamientos que sufren esas localidades y que impiden el desarrollo normal de las prácticas productivas. Solicitaron la realización de obras tales como el ensanchamiento del cauce del río Salado desde la laguna de Las Flores hasta la Bahía de Samborombón, e igual tarea en el tramo comprendido entre Saladillo y la mencionada bahía. También demandaron la reconstrucción de obras de arte, puentes y pequeños canales que tienen obstrucciones que impiden el normal flujo hídrico (La Nación, 7-9-94).

3 .- En la década del setenta se pasó de promedios anuales que rondaban los 750 mm a 1.000 mm con picos de 1.300 mm.

4 .- Durante la gestión del gobernador Armendariz fue promulgada la Ley 10.170/84, que promovía la formación de consorcios de productores con el objetivo de sistematizar sus respectivas microcuencas y a partir de esa organización incorporar tecnología y nuevos criterios de manejo de suelo. Se consideraba que la permeabilidad de los suelos resultaban los mejores diques naturales para solucionar el problema de las inundaciones. En la citada ley se establecía que los consorciados podrían destinar a "mejoras de suelo" y obras de sistematización el importe del impuesto inmobiliario.

La reducción impositiva estimulaba la inversión de los productores y contrasta como propuesta con las megainversiones planteadas por la administración Duhalde.

5 .- Este plan surgió en el año 1994 a partir de estudios realizados por IATASA (Plan director para la cuenca de las lagunas Encadenadas del oeste y cuenca superior del arroyo Vallimanca). Proponía esquemas de sistematización hídrica y obras que requerían de fuertes inversiones.

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