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EL PODER DE LOS HUMILDES
La muerte del soldado Carrasco como ejemplo de drama y control social en Zapala

Tesis de licenciatura en Antropología de Rolando J. Silla

Dirigida por (M.A.) Rosana Guber

1996


INDICE GENERAL

Introducción

I_Las marchas son peligrosas

II_El poder del soldado Carrasco

III_Ahora todo va a cambiar

Conclusiones

Bibliografía


Quisiera expresar mi agradecimiento a Rosana Guber, por sus lecturas del manuscrito, críticas, asesoramiento bibliográfico y dirección en general; a los Licenciados Sergio Visakovski y Sofía Tiscornia por facilitarme la bibliografía necesaria; a Juan P. Pizzi por sus comentarios y revisión en el estilo; a los miembros del FOSMO en Buenos Aires; a oficiales y suboficiales del RIM10 de Covunco; al BAL, Municipalidad, Iglesia Evangélica Bautista, seccional ATE, museo Prof. Dr. Juan Augusto Oslacher, a mis familiares y demás pobladores de la ciudad de Zapala.

INTRODUCCION: EL CRIMEN DEL SOLDADO.

"Algunas veces, si ambas personas están dispuestas
a escuchar atentamente, es posible hacer algo mas
que intercambiar saludos y deseos. Y hasta hacen
mas que intercambiar información. Esas dos personas
pueden descubrir algo que ninguna de ellas conocía
antes."(Gregory Bateson,1951).


I

El 6 de abril de 1994, en dependencias del Grupo de Artillería 161 de Zapala (en adelante GA161), provincia de Neuquén, fue hallado sin vida y fuertemente golpeado el cuerpo del soldado Omar Octavio Carrasco. Hacía ya un mes de la desaparición del conscripto, y en la guarnición lo declaraban desertor. Pero su cuerpo se hallaba oculto en el cuartel. Hasta que alguien, por alguna razón desconocida, decidió ubicarlo de manera tal que pudiera descubrirse fácilmente.

Hijo de una familia de obreros de Cutral-Co, ciudad situada a 110km. al oeste de la ciudad de Neuquén y a 80km. al este de Zapala, la noticia de su muerte inundó repentinamente los periódicos, la televisión y las radios, cobrando en poco tiempo, interés nacional.

Por aquellos días yo me hallaba en un cuartel de la ciudad de San Nicolás, provincia de Buenos Aires, haciendo lo imposible por "zafar" del servicio militar. No quería incorporarme. Tenía 25 años de edad, hacia ocho que pedía a las FFAA la prórroga que otorgaba a aquellos ciudadanos que se encontraran estudiando, y no soportaba que me dijeran como doblar mi ropa antes de acostarme, o pedirle a un "superior" permiso para ir al baño. Gracias a mi "problema de salud" salí de baja y una semana más tarde fui nuevamente un "civil".

En ese momento la muerte de Carrasco era noticia en todos los medios. Días antes, en el cuartel, un par de veces nos habían dicho que si no obedecíamos sus órdenes nos iba a pasar lo mismo que "al chico de Zapala", y como es normal allí, uno nunca esta seguro si solo es parte del entrenamiento o se trata de una amenaza que va en serio. Paradójicamente me encontraba perfectamente sano y quedé librado de la colimba1, mientras Carrasco, que no debía ser incorporado, ya que no cumplía con el índice de Pignet (la relación entre peso, estatura y perímetro torácico) (Berri-Marin,1995:14) entró al servicio. A los tres días fue asesinado.

Además de recordarme a la escuela secundaria,"que es lo mismo, pero mas duro", según nos decía un sargento, mi corta vida de soldado me obligó a tomar contacto con un mundo que yo desconocía totalmente. Con mi carrera de antropología a cuestas, dentro del cuartel, me pregunté más de una vez si yo no tenía mas cosas en común con un nativo de las Islas Trobriand que con un militar de mi propio país.

Esto me motivó a investigar sobre el Servicio Militar Obligatorio (en adelante SMO) en la Argentina. La obligación que el Estado imponía a la juventud masculina de prestar servicio en las FFAA era una costumbre de larga data y había sido un nexo entre civiles y militares. Carrasco era un buen punto de partida. Su muerte estaba causando gran alboroto en el Ejército, el Gobierno y la opinión pública, y un aluvión de denuncias sobre muertes, malos tratos y torturas a los conscriptos llegó a los medios de comunicación y a los organismos de Derechos Humanos: Alberto H. Recondo, bailado2 y golpeado en 1992, en el mismo cuartel que Carrasco fue asesinado; Marcos A. Lucero, que cumplía con el SMO en la Fábrica de Armas Domingo Matheu, en la ciudad de Rosario, golpeado y bailado por un cabo, perdió el conocimiento y tuvo que ser hospitalizado; Julio Kowalczuk, a quien en 1992 en el Grupo de Artillería de Córdoba, quince minutos antes de darle la baja, un teniente le disparó al estómago; éstos fueron solo algunos de los casos que los medios sacaron a la luz durante esos días.

Por otro lado, el Frente Opositor al Servicio Militar Obligatorio (en adelante FOSMO), un organismo que luchaba para que se exceptuara del SMO a los objetores de conciencia (aquellos que tuvieran alguna incompatibilidad ética o religiosa con la guerra y uso de armas) había por ese entonces registrado cerca de 87 "muertes dudosas" dentro de los cuarteles durante los últimos 15 años. En los informes forenses realizados por médicos del Ejército, en general estas bajas aparecían como "suicidios" o "accidentes".

Estas muertes dudosas también se pueden registrar a lo largo de este siglo. En 1902, a sólo un año de sancionada la llamada "Ley Ricchieri", o Ley de Servicio Militar 4031, el diputado nacional José Robert denunciaba en el Congreso los malos tratos aplicados a los conscriptos del Batallón 12 de Infantería donde en pocos meses habían muerto 26 soldados de una dotación de 300 (Rodríguez Molas,1983:18). Aunque falte una revisión mas sistemática sobre este tipo de muertes, se podría pensar que "morir cumpliendo el SMO", sin la correlativa investigación sobre lo sucedido, fue un hecho bastante habitual en la Argentina.

El SMO fue resistido desde el mismo instante de su aparición. Durante el debate parlamentario en que se sancionó esta ley, en 1901, voces como la del General retirado del Ejército y entonces diputado Alberto Capdevila se proclamaron en contra de su aprobación y proponían el reclutamiento voluntario para la defensa de las fronteras nacionales y la formación de guardias civiles para el resto de la población, siguiendo un modelo similar al de países como Suiza (Rodríguez Molas,1983:43). Por la misma época, tanto el Partido Socialista como el movimiento Anarquista se proclamaban en contra de la militarización de la población. Pese a las protestas, las modificaciones a esta ley, que con el tiempo logró naturalizarse en la sociedad argentina a lo largo de mas de 90 años de cumplimiento, fueron mínimas.

Recién a partir del conflicto armado entre la Argentina y Gran Bretaña por la soberanía de las Islas Malvinas en 1982, y el regreso a la democracia en 1983, comenzó a discutirse la validez del SMO. En el debate intervinieron tanto los organismos de Derechos Humanos, como las FFAA. En cuanto a los primeros, cabría referirse al "Grupo Libertad de Conciencia", que en 1983 se transformó en "Movimiento de la Familia por la Abolición del Servicio Militar Obligatorio", y terminó por fusionarse en el FOSMO (Pimentel/Puigjane/Obieta,1983). Las FFAA también se preocuparon por el tema, pero fundamentalmente en términos de estrategia militar. En un artículo el Coronel Luis A. Leoni Houssay(1982:23) consideraba que el conscripto de 18 años era inconveniente para el combate, pues la edad que une el adecuado desarrollo físico, la seguridad mental y cierta experiencia de combate se ubica alrededor de los 24 años, promedio de edad de los soldados británicos que combatieron en el Atlántico Sur. Sin embargo, Houssay incurría en una contradicción, pues no recomendaba una tropa paga u obligatoria de 24 años, sino la prestación por parte de todo ciudadano de un año de servicio en elementos militares de las FFAA u hospitales, escuelas, etc, agregando al servicio militar un servicio civil. El problema de la mejor aptitud física y mental del combatiente quedaba sin resolver.

Pese a todo, el SMO no observó ningún cambio significativo desde 1982 hasta 1994, salvo en la cantidad de incorporados que fue disminuyendo anualmente debido a razones presupuestarias. Por ello fue un hecho altamente significativo que la clase '76, la inmediata posterior a la del soldado asesinado, no fuera incorporada. Carrasco había sido un punto de inflexión.

En los meses de abril y mayo de 1994 las ciudades de Zapala, Cutral-Co y Plaza Huincul vivieron una gran turbulencia. Los principales medios periodísticos del país enviaban a sus corresponsales para cubrir hasta los mas ínfimos sucesos respecto a esta muerte. Las tres ciudades se planeaba organizar marchas del silencio (una práctica que nació tras el asesinato de la joven María Soledad Morales, en la provincia de Catamarca en 1991). Esta turbulencia generó cierto malestar en el gobierno nacional pues el crimen volvió a susitar el debate sobre la conveniencia de mantener el SMO.

El 15 de abril, la tapa del diario Clarín mostraba una foto del féretro de Omar Carrasco con un cartel que decía "Está muerto", y anunciaba que el Presidente deseaba que el SMO fuera optativo. En la misma edición el diario informó que el Gobernador del Neuquén pidió al presidente una licencia provisoria para los soldados compañeros de Omar. Su muerte había oscurecido las repercusiones de los comicios de constituyentes realizados el domingo anterior. En esta provincia el Frente Grande, una alianza de centro-izquierda, llevaba como primer figura a Monseñor Jaime de Nevares, quien venció en las elecciones al tradicional Movimiento Popular Neuquino (en adelante MPN), partido provincial que desde que tomó el control de la provincia, en 1961, debió abandonarlo sólo por intervenciones de facto. Finalmente, el 29 de abril se anunció que 52 soldados pertenecientes al GA161 habían presentado ante el juez un recurso de amparo y no volverían al cuartel.

El 11 de julio del mismo año, el Presidente anunció el fin del SMO. Sin embargo le Ley 4031 no se modificaba. El artículo primero de esta Ley establece que "todo argentino debe el servicio militar personal". Pero el término "todo" en el lenguaje jurídico significa garantía de igualdad, lo que no implica que, efectivamente, todos los jóvenes argentinos de 18 años de edad deban realizarlo; significa que no existen privilegios en la selección de la tropa. Además, la ley no especifica cuantos soldados se deben incorporar anualmente. Entonces las FFAA podrían decidir no incorporar a ninguno, si se tiene en cuenta que la Ley de Personal Militar 19.101 prevé la utilización de voluntarios, como de hecho venía haciendo la Armada desde 1990, en rigor de verdad, la decisión del presidente no entrañaba la abolición de la ley 4031 (Clarín,11/6/94).

En cuanto al proceso judicial referente al crimen de Carrasco, los acusados pertenecían al GA161, pero a través de los medios periodísticos se daba la sensación de que el caso no tendría resolución. Su desarrollo evidenciaba una gran cadena de encubrimientos por parte de las jerarquías militares que el juez a cargo no parecía dispuesto a dilucidar. Aun así, hasta febrero de 1995 habían pasado a disponibilidad cinco oficiales y tres suboficiales (Berri-Marín,1995:407). Esto significaba que los militares afectados no tenían, por el momento, un destino asignado.

En total se desarrollaron tres procesos judiciales. Primero se llevó a cabo el proceso militar ante el Consejo de Guerra Permanente, por abuso de autoridad. Se resolvió en pocos meses, pero fue anulado por la Cámara de Casación de Buenos Aires debido a errores formales. Por otro lado, se inició el juicio criminal ante el Juez Federal de Zapala, y en febrero de 1996 la justicia civil condenó por homicidio simple a un subteniente, dos exconscriptos, y a un sargento por encubrimiento. La condena por homicidio se dio casi dos años después de ocurrido el crimen. Por último, y en tercer lugar, se abrió un proceso por encubrimiento que comenzó en Junio de 1996, y que al momento de escribir estas líneas todavía no ha finalizado.

II

Además de innumerables artículos periodísticos, dos libros se publicaron sobre este caso: El Ultimo Colimba , de los periodistas Jorge U. Berri (diario La Nación de Buenos Aires), y Dante Marín (La Mañana del Sur de Neuquén); y Caso Carrasco: Un Pacto de Silencio, de Mirta Mántaras, abogada especialista en justicia militar y periodista.

El primer volumen se pregunta quien mató a Carrasco y cómo se efectuó el encubrimiento de su asesinato. Para ello, los autores residieron tres meses en Zapala escribiendo notas para sus respectivos periódicos y recopilando información para el libro. Las entrevistas se habrían realizado con fuentes "de primer nivel", buscando la veracidad jurídica y criminalística del dato. La tesis central, que también es la versión oficial del Ejército, es que la justicia civil no actuó debidamente en un momento que los autores consideran único en la historia argentina, ya que por primera vez la institución armada abrió las puertas de una unidad militar a la Justicia para investigar un crimen cometido en su interior. El Ultimo Colimba pasa revista a los sucesos acaecidos día a día desde la incorporacion de Omar Carrasco hasta las primeras investigaciones judiciales, criminalísticas y forenses. Los autores concluyen que el juez a cargo no actuó debidamente, más por inoperancia propia que por presiones.

En cambio Caso Carrasco es un texto de corte jurídico-pedagógico que editó la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos de Neuquén. La autora acusa a las FFAA por ser las responsables de la vida del recluta, y al Estado por ser el garante de la seguridad de Carrasco como ciudadano. Ambas instituciones son acusadas de convalidar un pacto de silencio para defenderse de la sociedad civil. La autora se pregunta por qué la justicia no actuó con mayor dureza y desentrañó la cadena de encubrimientos. Según Mántaras, las FFAA, la Justicia y el Gobierno Nacional, construyen un poder monolítico. Para la autora la muerte de Carrasco no es un hecho aislado, sino un resabio de la "guerra sucia" (1976-1978) cuando las FFAA secuestraron, torturaron y mataron a individuos de la población civil fuera del marco de la legalidad constitucional. En su conclusión considera que:

"Aunque se sostenga que todo ha cambiado, en el caso Carrasco se dice lo mismo: los uniformados no han cometido delito, hay una conspiración del periodismo y de los organismos de derechos humanos" (Mántaras, 1995:139).

III

Mi investigación debía encontrar un lugar en esta ya nutrida colección de escritos y análisis jurídicos y periodísticos. En efecto, presenta algunas diferencias con estos trabajos. Aunque el tema es también la justicia, se trata de una justicia diferente. Como antropólogo intenté analizar cómo significaron el crimen del soldado los diferentes sectores sociales y políticos de la ciudad de Zapala, y que relación tienen estas explicaciones nativas con el contexto político, económico y cultural en el cual se inserta la ciudad y la región.

Para ello era necesario viajar hasta Zapala, donde permanecí entre febrero y marzo de 1994. Intenté relacionarme con lo que consideré los principales actores sociales locales cercanos a la actividad militar, y descubrí interpretaciones respecto a Carrasco que no fueron consideradas por los trabajos anteriores. Las entrevistas no fueron grabadas pues supuse que hubiera impedido un intercambio distendido con mis informantes. Aun así, regresé a Buenos Aires con la convicción de que sus impresiones mas íntimas sobre lo ocurrido jamás me fueron confesadas. Estas conversaciones y prácticas efectuadas por los zapalinos durante mi permanencia en el campo fueron analizadas comparativamente con material periodístico local, provincial, y de Buenos Aires, para realizar esta monografía. El trabajo de campo fue realizado a un año de ocurrida la muerte del soldado, cuando solo había culminado el Consejo de Guerra por malos tratos a los conscriptos. Por ello la perspectiva de los pobladores está tomada durante el arduo proceso judicial, cuando parecía que este crimen, como otros, también quedaría sin condena. O por lo menos así lo creían muchos en Zapala durante mi estadía.

Tal vez una de las significaciones nativas mas interesantes sobre la muerte del soldado, sea la perplejidad sobre la resonancia de este crimen a nivel nacional. Una zapalina se preguntaba por qué el caso de este joven proveniente de una humilde familia de trabajadores de una olvidada ciudad del interior, había alcanzado tanta trascendencia mientras las muertes de "muchachos más importantes" de la ciudad de Buenos Aires apenas habían aparecido en los diarios. Las teorías nativas que esta pregunta fundamenta e intenta responder son el objetivo de esta monografía. En ella convergen tres sentidos: que es en la Argentina ser joven, ser provinciano y ser humilde.

La forma de trabajo, tanto en el campo como en la redacción de esta tesis siguió las pautas del "método etnográfico": descripciones, tanto de notas de campo como de material periodístico, seleccionadas e interpretadas de acuerdo a mis intereses teóricos. Esta descripción expresa la construcción lograda entre las categorías abstractas, o teóricas propias del investigador, y las categorías nativas de la realidad local. Este proceso se realizó mediante la contextualización y especificación de las descripciones (Rockwell,1987:43). Por lo tanto mis descripciones son intencionadas y no una recolección desnuda de los hechos; mi objetivo no es describir todas las situaciones sociales que se dieron en Zapala mientras permanecí allí, sino mostrar la relación entre las teorías nativas en torno a Carrasco con otros aspectos de la cultura y la historia de los pobladores de la región. Mi descripción y ordenamiento de estas situaciones están relacionados con las explicaciones de los zapalinos, y por ello la explicación se encuentra incorporada a la relación descriptiva, y no independiente de ella. El método etnográfico me permitió vincular la observación empírica con los modelos teóricos, pues la descripción de una realidad social concreta nos obliga a reelaborar y ajustar las relaciones entre los conceptos generales y los fenómenos observados.

Siguiendo a Alfred Schutz (1974:41) defino a la cultura como el mundo de la vida cotidiana, un universo de significación, una textura de sentido que debemos interpretar para orientarnos y conducirnos en él. Por lo tanto, la cultura proporciona al sujeto el marco por medio del cual éste realiza determinada interpretación de los acontecimientos. Entendida en estos términos, la cultura es un proceso en continua formación que nosotros instauramos en la medida que comprendemos y participamos en el mundo social. Schutz, además, sostiene que toda cosa percibida es un objeto de pensamiento, y que nuestro conocimiento del mundo, tanto de sentido común como de tipo científico, supone construcciones: conjuntos de abstracciones, generalizaciones, formalizaciones e idealizaciones propias del nivel respectivo de organización del pensamiento. Esto implica que los hechos puros y simples no existen, sino que todo hecho está extraído de un contexto universal por la actividad de nuestra mente. Por lo tanto se trata siempre de hechos interpretados.

En este caso, el sentido de este trabajo es descubrir cómo diferentes grupos sociales construyeron y significaron la muerte del soldado Carrasco; y cómo desde esta textura de sentidos que es la cultura, el grupo social construye su realidad, tanto en el acontecer local como en el global. Que la muerte del soldado Carrasco haya cobrado carácter nacional a partir de los medios masivos de comunicación y fuera, como dije anteriormente, un punto de inflexión en torno a la Ley de SMO, me obligó a prestar atención sobre cómo se articulan los fenómenos globales con el sistema local. Es entonces que intento demostrar cómo lo global es interpretado por los pobladores dentro del marco de la cultura local. Esta es la razón por la que descarto otros enfoques que visualizan los procesos regionales como cerrados en sí mismos o, por el contrario, como totalmente permeados por los medios masivos de comunicación, el Estado o el mercado.

El libro de Mántaras es un ejemplo sobre cómo habitualmente se analizan los procesos políticos argentinos: desde una lucha entre facciones monolíticas y totalmente opuestas. En este caso, la sociedad civil es siempre democrática, y el Estado se analiza como aliado a una clase; su subsidiario, el Ejército, queda reflejado como una institución homogéneamente autoritaria. Por el contrario, el método etnográfico me permitió reflejar con mayor riqueza la diferencia entre los sectores y sus luchas. Intento entonces analizar cómo estos sectores, representados por actores sociales, configuran el marco significativo de sus prácticas, evitando caer en posturas sociocéntricas (Guber,1991:67).

Para ello doy por supuesto que los actores sociales, en su vida cotidiana, pocas veces actúan de acuerdo a la acción racional. Para que esto ocurra el actor debería tener un conocimiento claro y nítido de los elementos de cada uno de los cursos de acción proyectados que éste pueda elegir, pues no existe un fin aislado. Los fines se hallan relacionados en un orden jerárquico, y el logro de ellos puede tener repercusiones sobre los otros. Entonces los actores sociales deberían conocer la relación del fin que se quiere lograr con otros fines, como así también tener la posibilidad de contar con los medios necesarios para alcanzar los fines establecidos (Schutz,1974:57). Estas situaciones pocas veces ocurren en la vida cotidiana.

Abandonando esta concepción ideal de la acción racional, podemos investigar las propiedades del conocimiento que el actor social aplica al efectuar elecciones razonables (indexalmente coherentes) entre alternativas de acción, como son las operaciones de juzgar, elegir o valorar resultados (Heritage,1995:298).

IV

Max Gluckman (1987) al describir el escenario de la inauguración de un nuevo puente en Zululandia (Sudáfrica), y centrando su atención en las fidelidades sociales de los actores, desde el magistrado blanco y su séquito, el Jefe y sus seguidores, hasta el propio antropólogo, mostró como aunque los grupos de distinto color estaban verdaderamente divididos y opuestos en todos los aspectos, igualmente se veían forzados a interactuar en esferas de interés común. Esto no significaba que la situación fuera estable sino que, a pesar de los lazos cruzados que existían, Zululandia representaba un tipo de sistema social en que los conflictos no podían ser resueltos de forma adecuada sin cambios radicales en la estructura social.

Es verdad que no podemos equiparar la escisión de blancos y negros en Zululandia con la escisión entre civiles y militares en Zapala. En el primer caso la sociedad no es homogénea, pues cuando escribía Gluckman el Estado se regía por una división legal de grupos étnicos y raciales de diferente status. En cambio en el Estado argentino todos los nacidos bajo su territorio poseen, desde el punto de vista jurídico, los mismos derechos y deberes. Sin embargo, es evidente que en ambos casos existe una interdependencia entre los dos grupos, negros y blancos en Zululandia, civiles y militares en Zapala; los sectores en conflicto necesitan cooperar pese a las contradicciones de la estructura social. Por esto consideraré, al igual que Gluckman, al conflicto y su superación, como dos aspectos del mismo proceso social.

Al analizar los acontecimientos ocurridos en Zapala y en toda la provincia de Neuquén durante los primeros meses de 1994 en relación a la muerte de Carrasco y el posterior pedido de justicia por parte de la población civil, encontré que estos sucesos reproducían algunos aspectos contenidos en el concepto de "drama social" acuñado por Victor Turner (1974:33) para ciertos conflictos de la sociedad Ndembu del Africa, o las guerras por la independencia mexicana (1810-1825). Turner denomina "drama social" a cierta forma que la gente posee de vivenciar las fases inarmónicas del proceso social cuando los intereses y actitudes de diferentes grupos se encuentran en una clara oposición. Los dramas sociales se manifiestan como episodios públicos de irrupción de un conflicto que se presentan y son vivenciados como dramáticos. Para elaborar la estructura del drama social Turner retoma la periodización que propone Arnold Van Gennep para los ritos de paso. Un drama social transcurre en cuatro fases relativas, de duración ambigua y a veces yuxtapuestas:

A)La "ruptura" de la regularidad, cuando se rompen las normas sociales que reglamentan la convivencia de los sectores en conflicto.

B)La "crisis", durante la cual hay una tendencia a que la ruptura se amplíe y delimite los dos grupos en conflicto.

C)Las "acciones compensatorias", que intentan limitar la extensión de la crisis, incorporando mecanismos reparadores de diferentes tipos y complejidad.

D)La "reintegración" de los grupos sociales en disturbio y la legitimización de la existencia de un cisma irreparable entre las partes en conflicto.

Durante algunas de estas fases, en donde la sociedad se dicotomiza haciendo evidente un conflicto estructural, puede que uno de los sectores formen un commúnitas (Turner,1974:46), un momento anti-estructural en donde las diferencias sociales de los sectores en conflicto pierden peso en relación a una causa que se considera de orden superior. Pero esto no puede durar mucho tiempo, y la situación de commúnitas debe dar paso a una reestructuración del orden social.

En el caso de la muerte de Carrasco, el drama social no solo hizo evidente un conflicto estructural entre civiles y militares, sino que también mostró cómo el drama social se generó debido a un tipo de control social que imperaba en la ciudad, y cómo la culminación del drama estuvo en relación a la transformación, si quiera parcial, de esta forma de control social. Parte de este cambio se manifestó con la implementación a nivel nacional, del Servicio Militar Voluntario (en adelante SMV). Este es parte de una nueva forma de implementar el control social de la población por parte del Estado argentino. Pero los cambios generados en la forma de control social no podían ser evaluados al momento de mi estadía, pues su implementación era muy reciente y la causa judicial por la muerte del soldado todavía estaba abierta.

La definición de control social que aquí utilizo corresponde a las dos versiones que plantea Darío Melossi (1992). Este compara los conceptos de Estado y control social. Ambos intentan explicar el orden social; entendidos como la cohesión ética y la organización social, permiten lograr un orden que no se base en la coerción directa. Sin embargo, Estado y control social no son conceptos intercambiables ni se hallan relacionados de manera instrumental, ya que pertenecen a tradiciones intelectuales distintas: el primero es un concepto filosófico europeo, el otro una noción sociológica estadounidense. Aun así, ambos son utilizados con el propósito de mantener el orden político y social, y no sólo describirlo.

La idea de Estado aparece como un mecanismo de unidad en una sociedad civil dividida y desigual, y durante muchos siglos en Europa se consideró que sólo ciertos estratos sociales eran capaces de poseer el nivel de racionalidad que se requiere para llevar a cabo los asuntos del Estado. Por ello la aparición de una gran cantidad de instituciones "panópticas" con la finalidad de disciplinar a los excluídos e integrarlos al orden que el Estado requería (Foucault,1989).

En cambio, en los EEUU de principios de este siglo cierta sociología vinculó la comunicación con la democracia. Esta sustituyó el concepto de Estado por el de control social, e hizo hincapié en la producción de un orden social múltiple y difuso. La forma en que se concebía al orden dio origen a un punto de vista pluralista y procesual de la sociedad, en donde la comunicación era un tipo de actividad enraizada en la organización social. Ejemplo de esto fueron los trabajos de la escuela sociológica de Chicago, que elaboró un concepto de orden social basado en la interacción, y un tipo de sociología que vinculó la comunicación con la democracia. Sin embargo, y aunque este nuevo tipo de control sería menos opresivo, puede ocurrir que el público llegue a verse sustituído por un control subrepticio pero fuertemente centralizado, a partir de los medios masivos de comunicación.

Melossi (1992:17) sustituye el concepto de Estado por el de "control social reactivo". Este se refiere a formas centralizadas de poder donde el orden se basa en la prohibición de los comportamientos a partir de la censura. En cambio el "control social activo", al que alude la sociología norteamericana, produce un comportamiento en vez de prohibirlo. Aquí se daría el mayor grado de comunicación y sería, según Melossi, el orden característico de las sociedades democráticas. Implicaría, en su máxima expresión, un orden social múltiple, difuso, y la ausencia de un control centralizado.

Considero que en la Argentina de este último siglo primó la implementación europea de Estado (control social reactivo), pero a partir del último reinicio del sistema democrático, en 1983, comienza paulatinamente a instrumentarse un tipo de orden más relacionado con el control social activo. Aunque no intento que mi trabajo presente una adecuación total de estos conceptos a la realidad local analizada, sino que incluso modificaré y ampliaré algunos de estos conceptos en la medida que el caso lo requiera, intentaré mostrar la relación entre la explosión del drama social y el tipo de control social que en Zapala imperaba.

De esta forma, en el primer capítulo mostraré cómo esta transformación se está realizando en Zapala, y cómo el crimen de Carrasco incidió en este proceso. Si bien opera aquí un tipo de control social que hace hincapié en la prohibición de las acciones, en las primeras etapas del drama social de Carrasco, la población local pareció romper en parte este mecanismo, dando lugar a la realización de demostraciones públicas. Tales son las marchas del silencio, la negación de los conscriptos a cumplir con el SMO y las denuncias de malos tratos. Pero la dilatación del proceso judicial creó la sensación en la población de que el crimen no tendría una resolución satisfactoria y que por lo tanto se vivía una situación de injusticia y de avasallamiento por parte de las instituciones de orden nacional.

En el segundo capítulo muestro cómo la implementación del control social reactivo hace que los zapalinos tengan que buscar la justicia en el plano de lo sagrado, la esfera de lo mental en donde lo extraordinario se opone a lo ordinario, y donde la lógica de la realidad cotidiana queda subsumida por los acontecimientos extraordinarios, caracterizados por desatender las leyes del accionar de los hombres en su cotidianeidad (Peristiany/Pitt-Rivers,1993:17).

Por último, analizo cómo desde el Estado se intentó dar una respuesta a esta situación de injusticia comenzando a modificar el tipo de control social a partir de mecanismos que intenten producir una acción en vez de reprimirla. La respuesta de la población local a este nuevo proceso deberá ser motivo de otro trabajo.


CAPITULO 1: LAS MARCHAS SON PELIGROSAS.

"Un hombre de 64 años, nacido en Zapala,
interpretó que "ellos (los militares) son
distintos a nosotros. Nos miran por arriba
del hombro, no pasan bola y además, con el
uniforme, el pelo corto, sus costumbres,
son distintos, qué se yo."(Página12,16/4/94)

I

Cutral-Co, la ciudad en donde Omar Carrasco vivía, es la segunda de la Provincia en cuanto a cantidad de habitantes (31.000). Su fundación data de 1933 y se encuentra en estrecha relación a la producción petrolera. Cruzando una calle, está Plaza Huincul. En su origen, ambas ciudades se encontraban a un par de kilómetros, pero el crecimiento urbano las unió.

En ambas ciudades el índice de desocupación aumentó a partir de 1991, con la privatización de YPF. También ocupaban gran cantidad de empleados a través de la realización de obras públicas, especialmente hidroeléctricas, pero estas se encuentran paralizadas desde hace varios años. La situación explotó en junio de 1996, cuando una importante proporción de los habitantes de Plaza Huincul y Cutral-Co realizaron una "pueblada" demandando soluciones al problema de la desocupación. La ruta nacional 22 las atraviesa y es la única vía de comunicación entre la ciudad de Neuquen y las poblaciones del norte de la provincia. Los pobladores bloquearon la ruta generando el desabastecimiento en varios puntos de la provincia.3

Zapala está ubicada a 80 km al Este de estas dos ciudades. Oficialmente su fundación data de 1913, cuando se transformó en terminal de las vías del ferrocarril, clausurado en la actualidad. Sin embargo los conquistadores españoles describieron la zona por primera vez en 1788, cuando la expedición de Aldao buscaba al cacique Llanquitur, que junto a otros grupos asolaba estancias y ciudades del sur del virreynato. Los primeros pobladores argentinos se instalaron a partir de 1881, luego de que el Ejército ocupara la región (Alvarez,1969:235). Durante este siglo Zapala fue un centro estratégico de desarrollo comercial. Por estar ubicada en el centro de la provincia fue, en palabras de su intendente, "un puerto en medio del desierto" por medio del cual se tenía comunicación con toda la provincia. Actualmente conserva un aparato comercial muy poderoso, que debe buena parte de su expansión al abastecimiento de las guarniciones militares.

A diferencia de Plaza Huincul y Cutral-Co, que carecen de cuarteles, en los márgenes del casco urbano de Zapala se encuentra la Guarnición Ejército Zapala, 750 hectáreas que alojan al GA161 y el Batallón de Logística Neuquén (en adelante BAL). Por ser una región fronteriza con la República de Chile, un país con el cual a lo largo del siglo XX existieron varios problemas limítrofes con posibilidades de conflictos armados, Zapala y la provincia del Neuquén, formaron una región estratégico militar. Por ello en 1935, bajo la presidencia del General Agustín Justo se instaló en Zapala la primer guarnición de manera provisoria hasta terminar de construir unidades mas alejadas, como el Regimiento de Infantería de Montaña 21 de Las Lajas; el Regimiento de Infantería de Montaña 10 de Covunco (en adelante RIM10); el Regimiento de Caballería de Montaña 4 de San Martín de los Andes; el Regimiento de Infantería de Montaña 26, y el Grupo de Artillería de Montaña 6 de Junin de los Andes.

En Zapala convergen grupos sociales diferenciados. Por un lado, el emplazamiento de las guarniciones generó la distinción entre civiles y militares. Los habitantes consideran "militares" a suboficiales, oficiales y altos mandos de las FFAA. Por el contrario pertenecen a los "civiles" el resto de la población, incluyendo a funcionarios del Estado nacional, provincial y municipal. Así, y aunque los miembros del Ejército pertenezcan al Estado Argentino, al interior de este se produce, por lo menos en Zapala, una distinción entre los militares y los políticos y demás funcionarios públicos.

Los "civiles" presentan un amplio espectro de opiniones en cuanto a los "militares". Algunos dicen tener un desprecio total por ellos. Tal es el caso de un informante que me decía que aunque los militares en la ciudad se vistan "de civil", o sea sin uniforme, igual "se los puede reconocer por el olor". La otra punta del abanico son aquellos que sienten un "gran respeto" por el militar, como el caso de un empleado bancario que me contaba orgulloso que había sido el único invitado civil de varias fiestas realizadas en el RIM10, ya que conocía a todos los altos oficiales de esa guarnición.

Al pertenecer a la región Patagónica, Zapala contó con ciertos beneficios fiscales para fomentar la inmigración, y a partir de la década del '60 arribó a la ciudad, y en realidad a toda la provincia, grandes cantidades de migrantes. Un sector importante fueron profesionales provenientes de la Capital Federal, que lograron un rápido ascenso socioeconómico. Esto se debió a que en esta provincia la política llevada a cabo por el MPN fomentó las tres áreas que se consideran fundamentales para implementar un Estado de Bienestar, y que necesitan de un sector que posea un alto nivel de instrucción formal para implementar planes de la salud, educación y vivienda.

Este fomento a la inmigración también produjo el arribo de mano de obra del norte argentino y de Chile. Por otro lado, habitan en Zapala adscriptos al grupo étnico Mapuche, provenientes de las regiones rurales de la provincia. En general, estos tres sectores se ocupan como mano de obra no calificada, y muchos de ellos migran en las estaciones de recolección al Alto Valle de Río Negro, aunque esta actividad también ha mermado debido a la caída de los precios internacionales de la fruta.

II

De todas estas diferencias sociales (étnicas, regionales, nacionales y de clase social) una comenzó a dominar en Zapala hacia marzo de 1994: la dicotomía civil-militar. La forma en que esta dicotomía se manifestó signó las dos primeras fases del "drama social" turneriano del llamado por el periodismo "Caso Carrasco".

La primera fase o "ruptura" ocurrió el miércoles 6 de marzo, cuando poco después del mediodía se hizo público el hallazgo del cadáver en el GA161. Los padres del soldado lo estaban buscando hacía más de un mes, y los medios periodísticos provinciales días antes habían dado la noticia de su desaparición. En el cuartel lo habían dado por desertor. Ese mismo día un corresponsal del diario Río Negro en Zapala recibió un llamado anónimo diciéndole que el cadáver había aparecido dentro del cuartel. Esta persona terminó el mensaje con la frase "yo también soy padre". El crimen dejaba de ser un hecho individual, que sólo concernía a la Justicia y a los directamente implicados. El propio Teniente Coronel a cargo del GA161 declaró que seis días antes había sobrevolado la zona y el cuerpo no estaba allí; había sido colocado recientemente. Horas más tarde la autopsia confirmó que Carrasco fue asesinado (Berri-Marín,1995:405).

El conscripto era un joven que, por tener 18 años, la ley vigente considera menor de edad. Pero también la ley lo obligaba a salir del seno familiar, la institución civil por antonomasia, para cumplir con un servicio impuesto por el Estado: el SMO. La responsabilidad que tienen las FFAA, como parte del Estado, de velar por la seguridad del soldado en el caso de Carrasco no se había cumplido, ya que cada vez se hacía más evidente en las investigaciones que no había desertado, que había muerto dentro del cuartel, y que esta situación había sido ocultada.

En los días posteriores se tornó más evidente cómo la estructura social de Zapala, conformada por las relaciones existentes entre civiles y militares, se habían roto. Esto ocurría principalmente en tres aspectos: el político, en cuanto a las disputas y escisión entre las jerarquías militares, las autoridades municipales y los miembros del Poder Judicial; el económico, cuando la Cámara de Comercio de Zapala anunció que si la guarnición se trasladaba a otra provincia, como en determinado momento los militares le propusieron al intendente, sería la ruina de la ciudad; y a un nivel más cotidiano, en las alianzas de parentesco, en cuanto a los casamientos que se acostumbraban a realizar entre oficiales y mujeres civiles nativas de la ciudad, y que, según los pobladores, ya no eran tan frecuentes.

Esto fue más evidente en los días posteriores, cuando se inició la "crisis". Esta es una fase en la cual se percibe una situación de peligro, pues al sector que se ataca detenta un poder históricamente demostrado en la Argentina, y de suspenso, pues nadie sabe con claridad cual será el desenlace de los hechos. Comenzó en el momento en que se confirmó que el soldado fue asesinado dentro del cuartel y que estuvo oculto durante un mes dentro de la guarnición. La vida cerrada y la conducción vertical de una unidad militar hacía imposible que un cadáver permaneciera en su interior durante este tiempo sin contar con la cooperación de un grupo importante de personas. Por lo tanto el crimen había sido encubierto por cierto sector del cuerpo de oficiales de esa guarnición.

En este período algunos civiles denunciaron que eran amenazados. Tal es el caso del intendente de Cutral-Co, a quien el periodismo señala como "a la cabeza de los reclamos por el esclarecimiento del crimen...y por la baja de los chicos incorporados al GA161"; por teléfono

"una voz masculina, firme, me dijo: dejate de joder con el tema. Ocupate de tu función específica. Te vamos a hacer cagar"(Clarín, 15/4/94).

Un conscripto de la misma ciudad, "cuyo nombre se mantuvo en reserva", también recibió una amenaza:

"El chico pidió permiso para ir al baño (indicó el intendente). Cuando pasaba, un militar cuyo rango no le voy a decir, le soltó: déjense de joder, porque los vamos a hacer cagar"(Clarín,15/4/96).

En esta fase surgieron las llamadas "Marchas del Silencio por la Vida". Las marchas en la Argentina tienen por finalidad demostrar el descontento sobre una situación que los manifestantes consideran injusta; sueldos insuficientes, cierre de fuentes de trabajo, desocupación, abusos policiales, inseguridad, etc. Frente a ella, tanto los medios periodísticos como los políticos consideran que la preocupación de la sociedad por un determinado problema o acontecimiento está en directa relación a la cantidad de personas reunidas en espacios públicos para demandar por el. Aunque quizás esta forma de protesta esté perdiendo fuerza a fines de siglo, la práctica de convocar a la población a una marcha y el intento de obtener la adhesión de partidos políticos, sindicatos y organizaciones intermedias, además de la mayor cantidad posible de "personas independientes", sin militancia en las agrupaciones mencionadas, continua siendo habitual para expresar el descontento.

Las marchas fueron un tema central de la protesta y pedido de justicia por la muerte de Carrasco. Pero a diferencia de las marchas de origen gremial que suelen ser planificadas con algunas semanas de anticipación, las concernientes al repudio del asesinato del soldado fueron consideradas por el periodismo como espontáneas. Los pobladores civiles de las tres ciudades afectadas, al percibir una situación injusta y sin una adecuada respuesta de las instituciones del Estado, se unían para protestar públicamente, pues consideraban implícitamente que carecían de un medio más eficaz.

Reflejando esta situación, los artículos periodísticos de la época se refieren a los principales sujetos de las marchas como "la gente", "la comunidad" o "el pueblo", términos colectivos que aluden a los manifestantes como un grupo homogéneo sin otro interés que el de hacer justicia:

"la comunidad de Cutral-Co salió ayer a la calle a hacer firmar un petitorio por la derogación de la ley del SMO. El mismo intendente se comprometió a entregarlo al Congreso Nacional. En solo tres horas se juntaron mas de 3.500 firmas, en una ciudad de 3.4000 habitantes" (Clarín,15/4/94).

Los meses siguientes al 6 de marzo fueron, para los "civiles" de Zapala, Plaza Huincul y Cutral-Co, un período de "commúnitas". Un momento de los dramas sociales en donde podemos observar que sectores que antes se encontraban diferenciados se unificaban debido a motivos considerados de un orden moral superior. Este período atraviesa las tres primeras fases de este drama social, y se caracteriza por ser un momento antiestructural, lo cual quedaba ratificado por el hecho de que el grupo estructural y jerárquico por excelencia en Zapala, los militares, quedaban excluidos, opuestos y desarticulados ante el commúnitas que formaron los civiles integrantes de la sociedad y el Estado. El crimen del soldado hizo manifiesto problemas estructurales entre estos dos sectores; que se hallaban anclados en una historia de abuso de poder por parte de los militares frente a los civiles, pero también con la dependencia económica respecto a ellos.

Durante mi estadía, los civiles me señalaron varios conflictos con los militares, anteriores a Carrasco, que ejemplifican el abuso de poder. Estos incluso se remontaban a la época en que las guarniciones se instalaron en la zona, como las usurpaciones de tierras de civiles para instalar la guarnición; o cuando la ciudad solo contaba con 1.000 habitantes, la mayoría hombres, y los militares intentaban vincularse con las mujeres sin respetar las normas matrimoniales. Entre los acontecimientos mas recientes, en 1978, al borde del conflicto armado con Chile, los militares incautaban autos y camiones que luego devolvían en pésimas condiciones, sin que sus dueños tuvieran una indemnización.

En la crisis y manifestación del commúnitas encontramos, como señalador de este momento antiestructural una alteración de los valores que rigen la cotidianeidad de esta ciudad. Por un lado, los militares que, encerrados en la guarnición, "ni aparecían por la ciudad", o lo hacían "vestidos de civil" y no de fajina, según expresión de algunos pobladores. Por el otro a "los civiles", que estimaron necesario luchar por el cumplimiento de un derecho considerado supremo: el derecho a la "Justicia y a la Vida", tal como aparecían en muchas de las pancartas de estas marchas. Por ello las demostraciones que se realizaron en Neuquén fueron denominadas "marchas del silencio", tomando esta denominación de eventos similares ocurridos en la ciudad de Catamarca para pedir por el esclarecimiento del crimen de María Soledad4. A partir del asesinato de esta adolescente las marchas del silencio, en general se efectúan cuando la víctima es considerada joven e inocente. En estas marchas los manifestantes se concentran y circulan por lugares estratégicos de la ciudad (como la municipalidad y la guarnición en el caso de Zapala). Pero, y a diferencia de las marchas organizadas por los sindicatos, o los partidos políticos, se transita por las calles en silencio, pues para los actores que participan de estas marchas el agredido ha sido una víctima inocente. Se da a entender que no hay palabras para calificar semejante atrocidad.

La relación existente entre el silencio y la inocencia tal vez se deba a que su mentora fue una monja Católica. Estaría aquí la imagen de Cristo, que en silencio carga con su propia cruz, en la cual morirá, y tolera todos los castigos, aun siendo inocente. Esta construcción se repite en la historia de la religión Católica con los mártires de la iglesia, y en Zapala con algunos santos promeseros e incluso con el propio Carrasco, como veremos en el próximo capítulo. Pero tal vez lo más interesante de las marchas del silencio sean su fase contradictoria. Prohibe una acción, ya que en estas marchas no se pueden emitir sonidos de ningún tipo, pero al mismo tiempo es un acto de rebeldía, ya que toda manifestación pública rompe con el orden habitual de la vida social. Esta aparente contradicción que se produce cuando una prohibición implica o genera una acción será desarrollada mas adelante cuando me refiera a las facultades del control social reactivo.

Por el momento intentemos vislumbrar mejor este momento de commúnitas en la diferencia que hubo entre las marchas realizadas en la ciudad de Neuquén, distante a 100 km. del epicentro de los acontecimientos y que cuenta con 216.000 habitantes, y las producidas en Plaza Huincul, Cutral-Co y Zapala.

La marcha del 23 de abril de 1994 en la capital provincial tuvo un carácter político partidario, pues la organizaron los partidos de la oposición. Ese día 10.000 personas recorrieron el centro de esa ciudad reclamando "castigo a los culpables" del asesinato. Allí hicieron presencia figuras conocidas de nivel nacional como el diputado por el Frente Grande Carlos "Chacho" Alvarez, una comitiva de diputados nacionales de la Unión Cívica Radical, y la presidenta de un sector de las Madres de Plaza de Mayo, Hebe de Bonafini. A nivel político provincial, la oposición al gobierno se hizo notar cuando Jorge Sobisch, el entonces gobernador perteneciente a el MPN, se negó a participar, mientras que el ex-gobernador Felipe Sapag, fundador del partido pero encuadrado en una línea interna opositora al gobernador, decidió asistir. También lo hizo Monseñor Jaime de Nevares, el obispo de la diósesis de Neuquén, conocido nacional e internacionalmente, por su defensa de los derechos humanos bajo el Proceso de Reorganización Nacional (1976-1983) (Berri-Marín,1995:301/Clarín, 23/4/94).

En cambio, en la marcha del silencio realizada el 16 de abril en Plaza Huincul, diez días después de la aparición del cadáver, no hubo pancartas que denotaran la pertenecía partidaria de los asistentes, ni sus preferencias políticas. Las consignas solo demandaban que se hiciera justicia y que se respetara el derecho a la vida de todos los ciudadanos argentinos. La movilización contó con el apoyo del párroco de la ciudad y de su intendente. Pero según una fuente periodística, la participación de ambos fue "como la de uno más" (Berri-Marín,1995:274), mostrando así que esta protesta pública no tenía carácter político-partidario ni pretendía criticar al Gobierno o a las FFAA. Su objetivo era humanitario: el crimen debía ser esclarecido y condenado mas allá de qué o quién hubiera sido el soldado.

Algo similar ocurrió con la primer "marcha del silencio por la vida" realizada en Zapala el 19 de abril. Una de las versiones periodísticas señaló que debido a "la gran simbiosis que existe entre esta ciudad y su guarnición" la marcha fracasaría. Pero la simbiosis se había roto. Los organizadores fueron miembros de la seccional de la Asociación de Trabajadores del Estado (ATE) en Zapala. La fuente periodística señalaba que cuando la marcha comenzó no había más de cien personas. Al pasar frente a la municipalidad el intendente, miembro del MPN, habría dado la orden a los funcionarios y empleados de sumarse a los manifestantes. Como resultado, tres mil quinientas personas (más del diez por ciento de la población de la ciudad) se encolumnaron para marchar silenciosamente frente a la guarnición (Berri-Marín,1995:284).

Entre tanto, el gobierno nacional intentaba acotar el conflicto mediante una serie de "acciones compensatorias". El 12 de abril el Jefe del Estado Mayor General del Ejército, General Martín A. Balza arribó a Zapala. Egresado del Colegio Militar en 1955 como subteniente en Artillería, Balza pertenecía a la misma arma que los integrantes del GA161. Además había comandado la Sexta Brigada de Neuquén. Durante su estadía se reunió con los padres de los conscriptos compañeros de Carrasco, quienes denunciaron varios casos de abuso y maltratos. El comandante prolongó la licencia de los conscriptos y prometió investigar las denuncias (Berri-Marín,1995:409).

Otras acciones compensatorias fueron los pases a disponibilidad de militares implicados que pertenecían a la guarnición Zapala, la detención de tres militares acusados por el asesinato, el Consejo de Guerra celebrado en Covunco por malos tratos a los conscriptos, y la implementación del SMV. Los primeros puntos fueron desarrollados en la introducción. Sobre la transición del SMO al SMV me referiré en el capítulo 3.

Los juicios y el cambio en la forma de reclutar a la tropa permitieron que paulatinamente el commúnitas desapareciera, comenzando una etapa de "reintegración", donde fue posible un nuevo tipo de relación entre civiles y militares, y por lo tanto un reacomodamiento en la estructura social. Sin embargo, y como lo expresa Turner, esto no significa que la estructura social haya cambiado, ni que el conflicto entre estos dos sectores desaparezca.

III

El 6 de marzo de 1995 se cumplía un año del asesinato de Carrasco. En Zapala llovía y hacía bastante frío. A las 18hs. ATE convocó a una marcha para recordar el aniversario en la plaza céntrica, frente a la Intendencia. No concurrieron más de 15 personas. Entre dos árboles los organizadores tendieron una bandera argentina, cantaron el Himno Nacional y en una hora todo terminó. La situación en nada recordaba a las multitudinarias marchas realizadas un año atrás.

Esta escasa convocatoria, que entendemos como una señal de la reestructuración social, fue interpretada por parte del periodismo y por militares de la unidad local, como si el crimen hubiera carecido de importancia para los pobladores de Zapala. Por eso un suboficial retirado consideró a las multitudinarias marchas del silencio del año anterior como un ejemplo más de la "impulsividad del argentino", referencia local al anterior período de commúnitas formado por los civiles.

Durante mi trabajo de campo, me hospedé en la casa de Vilma y sus tres hijos, Germán, Victoria y Pablo. Vilma es locutora de radio. En abril de 1994 conducía un programa en Radio Nacional. Se enorgullecía de mantener muy buenas relaciones con los militares, y me recalcaba que si bien las primeras marchas habían logrado convocar a mucha gente, paulatinamente este nivel de adhesión se fue perdiendo. Hasta un dirigente local de ATE que cumplió un papel preponderante en la organización de la marchas reconoció esto.

Fuentes periodísticas también señalaron que pasados unos meses el crimen ya no le importaba a la gente de la región. Un artículo publicado por Clarín(13/11/94) parecía confirmar esta idea, ya que se refería a un primo de Carrasco que se inscribió en Cutral-Co como voluntario en el Ejército, cuando el caso aún no estaba aclarado por la Justicia. Para la fuente, "en Zapala la muerte de Carrasco fue apenas un hecho que modificó la siesta". Se intentaba demostrar de paso que el periodismo fue el único sujeto movilizador de los acontecimientos que se realizaron en Zapala, Cutral-Co y Plaza Huincul. Según esta concepción, los pobladores habrían actuado impulsados exclusivamente por los medios masivos, y una vez que se retiraron de la zona, y del tema, el "gran respeto" al militar y la "tranquilidad de la ciudad, similar a una siesta" volvió a primar en la población.

Este análisis omite las razones que tienen los propios pobladores de la localidad para actuar como lo hacen. Trata a los zapalinos como si se conformaran a las normas sociales ("el respeto" al militar, la desmovilización) irreflexiva y acríticamente. No los considera como actores sociales que usan sus propios recursos interpretativos para entender el carácter de las circunstancias en las que se encuentran y que, como parte de este proceso, determinan qué posibles alternativas evaluar en relación al orden normativo de los acontecimientos en los que se hallan envueltos (Heritage,1995:310). Que los pobladores no hagan públicas sus ideas y sentimientos, o no realicen una acción comunitaria, no implica necesariamente que le hayan restado importancia o que no consideren el hecho una situación injusta. Quizás la respuesta a la perplejidad periodística debamos buscarla en otras causas y otras manifestaciones, tema que nos ocupará en estas secciones y en el próximo capítulo.

Las marchas del silencio y el commúnitas fueron una rebeldía al orden instaurado. Este orden social correspondía a la cohesión que instauran los mecanismos que utiliza el control social reactivo, pues al prohibir acciones, este mecanismo genera presiones en el tejido social que culminan produciendo aquello que en realidad se quería evitar: la manifestación del conflicto. Este tipo de control social se encontraba presente en la ciudad antes de que el drama social producido por la muerte de Carrasco se manifestara, y continuó una vez que el commúnitas terminó. Sin embargo, en la fase de "reintegración" se podía visualizar la emergencia de un nuevo tipo de control social, el control activo, tema que ocupará el capitulo 3. Veamos ahora como aun en el momento de mi estadía en Zapala el control social reactivo era el dominante. Mostraré como ese control se manifiesta a través de los conceptos nativos de "miedo" y "espía".

Durante mi trabajo de campo era común que la gente con la que hablaba manifestara, y no siempre verbalmente, tener miedo. Norbert Lechner(1988:87) señala que los regímenes autoritarios que se sucedieron en el Cono Sur durante la década de los '70 generaron una cultura del miedo en donde las violaciones a los derechos humanos fueron una experiencia masiva y diaria. El miedo es la percepción de una amenaza. Puede expresarse públicamente, pero no solo a través de palabras; también por medio del silencio; no sólo a partir del acto; también por medio de la inactividad. El miedo corroe todo: desmorona las esperanzas y puede generar una parálisis en la población. Sus efectos continúan aún cuando haya desaparecido el régimen autoritario que lo originó.

Zapala no estuvo ajena al miedo afianzado en el recuerdo de la represión ilegal durante el Proceso de Reorganización Nacional. Es así que el Presidente del Consejo Deliberante de Zapala, un suboficial retirado, asociaba el crimen de Carrasco a aquel período al decirme que "cuando a un sargento le permiten matar a un civil no para más".

Las amenazas a los civiles que señalé al principio del capítulo y que se relacionaban con una prohibición, que los civiles no se inmiscuyan en un "problema militar", produjeron miedo, como en el caso de los conscriptos compañeros de Carrasco:

"Sentimos miedo, no a ellos (los militares) sino por dentro. No acusamos que haya un psicópata adentro, pero si esto no sale a la luz sí lo va a haber. No tenemos el dinero para volver (a nuestros hogares), y ese es el temor que tenemos: quedarnos adentro ahora. Si esto no se arregla ya, va a volver a suceder(Clarín,14/4/94).(El paréntesis es mío)

Pero pese a lo que señala Lechner, durante el commúnitas el miedo fue superado, y la fractura del control social reactivo, que derivó en un drama social, generó marchas, petitorios y declaraciones públicas. Sin embargo, y después de un tiempo, el miedo volvió a paralizar a los pobladores, que optaron por ser mas precavidos. Entonces las manifestaciones públicas dejaron de ser multitudinarias.

Una mujer de aproximadamente 50 años me dio dos razones por las cuales bajó las convocatorias de las marchas: una era la cuestión climática, pues en otoño comienzan los fuertes vientos y la nieve, lo cual torna difícil la realización de reuniones en espacios abiertos. La segunda razón fueron las amenazas a los manifestantes. En el caso de esta señora le aclararon que si continuaba asistiendo iba a perder su trabajo. Ella no dejo de participar, pero "iba mas atrás", en un sitio menos visible.

Las otras dos formas en que el zapalino percibe este tipo de control social es a partir del espía y la vigilancia que se ejerce por parte de cada uno y hacia todos los individuos de la población. La vigilancia responde a dos mecanismos que en principio son independientes entre sí, pero que se articulan para los habitantes de Zapala. Uno tiene que ver con el control social típico de una pequeña ciudad, y funciona por medio del rumor y el chisme que se transmiten entre sus habitantes acerca de los asuntos locales (Hermitte,1970). Es un control social de tipo horizontal ya que se ejerce "entre pares". En una ciudad de escasa población que, como decía una mujer, "todavía mantiene la mentalidad de pueblo", cada individuo puede ser el vigilante de su vecino, y juzgarlo moralmente a partir del rumor y el comentario. En las pequeñas ciudades, el control que cada vecino ejerce sobre su par es mayor, pues toda actividad que un individuo realice durante el día será conocida y juzgada por sus vecinos, ya que las realizará dentro de un espacio limitado por el tamaño del pueblo. Allí todo se sabe. Otra mujer me contaba que un amigo suyo de Buenos Aires se divorció cuando se mudó a Zapala. Este hombre alegaba que en Buenos Aires nadie descubría sus infidelidades, lo que no demoró en suceder en Zapala.

El otro mecanismo responde a una política de Estado, y se remonta aproximadamente a 1880. Hacia esta época ocurre una centralización del Estado argentino en el aparato de defensa, con la disolución de las milicias provinciales para estructurar una institución armada única a escala nacional; el sistema educativo, con la escuela pública gratuita y laica; y el sistema legislativo.

A los dos dispositivos los denomino control social reactivo, pues ambos crean cohesión social a partir de la prohibición de las acciones. Si bien es verdad que el control social por el chisme, realizado entre iguales no es producto del Estado potencia los efectos de este último. Además, este tipo de control se refuerza en la medida en que el Estado municipal, provincial y nacional (incluidas las FFAA), son en Zapala el principal empleador; producto del cierre de las barracas laneras, la desaparición del Ferrocarril Roca y la construcción de la ruta 237 que eliminó a Zapala como escala turística a la ciudad de San Carlos de Bariloche.

­ También el control social reactivo que funciona en Zapala puede equipararse al modelo del panóptico que desarrolla Michel Foucault (1989). El panóptico, un edificio circular construido de modo que todo su interior pueda verse desde un solo punto, aparece en la arquitectura europea a principios del siglo XIX, principalmente para utilizarse como cárcel. Foucault usa esta metáfora arquitectónica como un modelo que paulatinamente se extiende hacia otras esferas de la sociedad. Se trata de un mecanismo típico de las sociedades disciplinarias que se desarrollaron en Europa durante el siglo pasado, y en la Argentina a partir de 1880. Por su intermedio se ejerce un poder invisible e inverificable. Se sabe que en algún momento alguien vigila, pero nadie puede decir exactamente cuándo ni donde, lo cual genera una disciplina constante en el autocontrol.

Al descubrir que el ejercicio de la disciplina supone un dispositivo que coacciona por el juego de la mirada, Foucault encuentra que estos dispositivos de disciplinamiento tienen un modelo casi ideal en los campamentos militares. Allí todo el poder se ejerce por el único juego de una vigilancia exacta, y cada mirada es una pieza en el fundamento global del poder. Esta situación se verifica en Zapala, cercada por la guarnición militar: geográficamente pues la rodea en gran parte; económicamente ya que el desarrollo de la población civil depende de la capacidad de abastecer productos y servicios al cuartel; y políticamente, ya que fue condición de los gobiernos militares que se sucedieron en la Argentina durante la mayor parte del siglo XX extender la disciplina militar al resto de la sociedad. Esta condición de Zapala pudo potenciar el funcionamiento del control social reactivo, un mecanismo característico de la maquinaria militar.

En Zapala todos se vigilan. Pero la vigilancia no solo se realiza entre civiles y militares locales. El espía también puede ser un agente del Estado nacional o un infiltrado político de una nación extranjera. Durante los primeros meses de 1994 la vigilancia parecía haberse acentuado. Tanto Cutral-Co como Zapala sufrieron "una verdadera invasión de gente vinculada con distintos tipos de servicios de inteligencia, desde policiales hasta militares". En esta época al menos cuatro agentes del Servicio de Inteligencia del Ejército se encontraban en Zapala (La Nación,9/5/94).

Un pastor evangélico decía que durante la efervescencia del caso Carrasco fueron a verlo de la coalición partidaria "Frente Grande" para que diera una misa en la plaza, pero se negó:

"para las marchas, en un principio se juntaron muchas personas; pero después se empezó a ver que venían gente de otros lados, que no tenían nada que ver con la gente de acá, y la gente no quiere ser usada, y menos por gente que no es de acá."

También un suboficial retirado me explicaba que las marchas:

"son peligrosas. En las marchas se veía gente que no es de acá. Había infiltrados. ¿Y si alguno de ellos tira una piedra a los guardias y estos disparan? Se hace una masacre increíble. Por eso que a las marchas las hagan en la plaza, o en el Palacio de Justicia, si es a ellos que le tienen que reprochar. Pero en frente del cuartel es peligroso."

En ATE mantenían esta idea de los espías, pero en sentido inverso. Un dirigente gremial se quejaba de los infiltrados que había en las marchas. Se trataba de militares que, camuflados por una vestimenta civil, se mezclaban entre los manifestantes sin que se los pudiera reconocer. Por eso Clara, una de mis parientes que vive en Zapala, me aconsejaba que tuviera cuidado con las preguntas que les formulaba a los pobladores respecto de los militares ya que estos tenían espías en el pueblo.

La figura del espía (y la vigilancia) esta presente en varios aspectos de la vida de la ciudad, y es reflejado también con sentido positivo. Zapala es una ciudad "muy segura ya que acá la policía siempre anda dando vueltas por la calle", me decía una mujer de unos 50 años. Si uno recorre la ciudad a cualquier hora del día, casi seguro se cruzará con un policía de a pie o en automóviles patrulleros:

"Zapala debe ser la ciudad más custodiada de Neuquén. Cada siete minutos, por la esquina de la avenida San Martín y Etcheluz, pasa una camioneta de la policía provincial. Y cada seis horas relevan a los veinte policías que controlan el boulevard hasta el cruce con las vías muertas del tren" (Clarín,8/5/94).

La policía es la única forma de coerción vista como positiva por las personas con las que hablé. El alto número de policías, también empleados públicos provinciales, compite, en algunas ocaciones, con el Ejército, que responde a la nación. La tensión entre las dos fuerzas se reflejó cuando Carrasco, luego de ser considerado desertor, no aparecía. Fue la policía la que comenzó a sospechar que el cuerpo se encontraba dentro de la guarnición. Un comisario jefe ordenó un operativo de control de vehículos en la ruta 40, a metros de la única entrada de la unidad militar. Pese a que parezca una interpretación ingenua, ya que un vehículo militar, "unimov", puede atravesar el campo y salir de la ciudad, o un helicóptero arribar a la guarnición independientemente de cualquier vigilancia policial, algunos periodistas opinan que aquel control impidió que el cuerpo salga del cuartel (Berri-Marín,1995:106).

En realidad, la razón por la cual los autores del crimen mantuvieron el cadáver dentro de la guarnición durante un mes sigue siendo un misterio. Un ex-militar afirmó que este procedimiento confirmaba "la inexperiencia de los oficiales que habían intervenido". Berri y Marín suponen que la preservación de Carrasco en la unidad se debió a las rivalidades entre el GA161 y el BAL, el cual se habría negado a prestarles ayuda, aunque juramentaron silencio. Mántaras por su parte opina que los autores del crimen simplemente se confiaron en la impunidad militar. Pero lo realmente interesante es que en este caso los mecanismos de vigilancia también fueron utilizados para "vigilar" a las FFAA.

La vigilancia, el espía, y el miedo se conjugan y potencian el uno con el otro. ­­Muchos pobladores tienen miedo de los militares. El cuartel y su barrio ocupan el lugar de lo desconocido. Es común que los civiles se refieran a la guarnición diciendo "no sabemos que es lo que pasa allá adentro". Frecuentemente me recomendaban "tener cuidado" cuando entrara al cuartel. "Nadie quiere ir al cuartel a que lo maten", me dijo la secretaria del intendente cuando le conté el motivo de mi estadía; y una mujer me recomendó que cuando hable con los militares no les dijera donde ni con qué familia residía. Estas fueron precisamente las primeras preguntas que me formuló el Mayor a quien intenté entrevistar en el GA161.

Sin embargo, en Zapala el miedo era recíproco; y esto sí marca un antes y un después de la muerte de Carrasco. Los civiles decían que a partir de Carrasco los militares temían a sus superiores, a los civiles y al periodismo. Además, en el barrio militar los lazos sociales se habían roto y "ya no se hablan" entre las diferentes familias. Las causas habrían sido dos: durante "la efervescencia del caso" (nuestros períodos de "ruptura" y "crisis") barras de civiles pasaban delante del barrio militar por las noches vociferando amenazas. Se decía también que los militares estaban "asustados" por el relevo de oficiales y suboficiales tras la aparición del cadáver.

Tanto el presidente del Concejo Deliberante como Vilma me contaron que en la casa de un Mayor en el barrio militar, un grupo entró en su ausencia, amenazó a su esposa e hijos y robó su arma reglamentaria, acontecimiento trágico para un militar por que lo responsabiliza ante cualquier uso ilegal que se haga de ella. A este oficial se le dio el pase a disponibilidad. Luego el pase se levantó y se le asignó una segunda jefatura en la unidad correntina de Curuzú Cuatiá. Pero el 3 de diciembre, mientras otro Mayor le organizaba una despedida, ocurrió la amenaza y el robo. El 31 de diciembre se anuló su pase a Corrientes y volvió a disponibilidad (Berri-Marin;1995:376).

Por eso el Concejal consideró que era difícil que algún militar hablara conmigo. La razón era que los militares se cuidaban del periodismo, actividad con la que todos solían asociarme. Si decían "algo demás" que afectara a la institución o comprometiera indebidamente a alguno de sus miembros, podían ser sancionados y perder sus carreras.

Este miedo al espía también me afectó a mí, no solo porque lograron asustarme, sino por la desconfianza que despertaba mi persona tanto entre civiles como militares. No conocía a mis familiares de Zapala. Además no entendían cuál era mi trabajo, ni qué un antropólogo buscaba allí. Tampoco dejaban de asombrarse por la rapidez con que me conectaba con las autoridades de la ciudad como el intendente, el presidente del Consejo Deliberante o algunos altos oficiales. Quizás por eso Clara una vez me contó que cuando su hijo Cacho estudiaba en la ciudad de Neuquén vivió un tiempo con un estudiante salvadoreño: "era una época brava, aquí se estaba en el Proceso y allá había guerrilla". Este era un chico "muy correcto" y "educado". Consiguió trabajar en Canal 7 (el canal provincial). Solo tenía 22 años pero contaba con estudios suficientes y hablaba varios idiomas. También logró conocer personalidades como Monseñor De Nevares, el intendente y miembros del poder judicial; y podía ingresar a las instalaciones del Chocón, "allá en donde no entra nadie". Mauro, así se llamaba, era perfecto, un muy buen estudiante que siempre ayudaba a sus compañeros para los exámenes. Pero un día dijo que tenía ganas de ver a su familia y volvió a El Salvador. Cuando regresó de su país, Mauro ya no era el mismo: se había vuelto esquivo y reservado. Un día agarró un bolsito, y le dijo a Cacho que se volvía a El Salvador. No se lo vio mas; y ni siquiera avisó al canal de su partida. En su bolso llevó pocas pertenencias:

"Después, hilando, nosotros nos preguntamos ¿quien era Mauro?, porque fijate vos que es muy raro que una persona extranjera busque tomar contacto con todas las máximas autoridades de una provincia."

A partir de esta historia, Clara intentaba averiguar sobre mis "verdaderas intenciones" respecto a la ciudad y al cuartel, y temía de que yo no perteneciera a la universidad y que fuese también un espía.

Esta condición dual que generé en el campo, donde ellos me atemorizaban con los espías de la ciudad, y a la vez desconfiaban de mí por mi condición de extraño, responde a un contexto donde el Estado, presentado como garante de la seguridad pública y dueño monopólico de todos los mecanismos de prevención y represión del delito, ha sido la principal amenaza de los ciudadanos, lo cual fue evidente durante la "Guerra sucia"(1976-1978). En la Argentina de este último siglo la nacionalidad es una identidad acotada por y en disputa con el Estado, y éste, en la confrontación interna, ha sido el principal polo capitalizador de la violencia, entendida como orden, represión o supresión. En este contexto, el enemigo interno ha dejado "mas deudos y caídos" que el enemigo externo (Guber,1995:37). Carrasco es un claro ejemplo de este clima de controles, vigilancias y supresiones al interior de la Argentina: un "soldado de la patria" cae por la acción de sus compatriotas, pero además, por la de sus camaradas de armas; de ahí la perplejidad de su aparición al interior de la guarnición. Por ello su muerte es interpretada, desde una concepción militar o civil, como un capítulo más dentro de esta confrontación. Tanto civiles como militares denuncian al Estado (o a ciertas dependencias, como las FFAA, el Ministerio de Defensa, el Poder Judicial, etc.), a la vez que le exigen que los ampare y los defienda.

CAPITULO 2: EL PODER DEL SOLDADO CARRASCO

I

El control social reactivo, con sus prohibiciones constantes impide la manifestación de ciertos conflictos estructurales en la sociedad. Esto hace que en muchas ocaciones problemas concernientes a la esfera política o jurídica se trasladen a la esfera religiosa. Por ello algunas percepciones sobre lo sobrenatural son en Zapala una forma nativa de concebir a la justicia. Aquí analizaremos como existe una lucha entre el "poder" de Carrasco, como portador de juventud y humildad, y el "poder" del Estado, caracterizado como detentador de un poder omnívoro. Estas percepciones implican "cierta rebeldía" al orden establecido, ya que "en el mas allá" las relaciones de poder pueden ser inversas a las de la Tierra. Aún así, esta inversión de poderes también hace pensar que los poderosos en la Tierra no pueden ser vencidos por otros hombres si no interceden las fuerzas sobrenaturales.

Para los Tzeltales de Pinola, un pueblo del Estado de Chiapas, México, estudiado por Esther Hermitte (1970), lo sobrenatural, que en este caso aparece como brujería, proporciona una forma de ordenar las relaciones en la vida cotidiana cuando no existe la posibilidad de un control social propio en el mundo terrenal. En Pinola los ladinos, portadores de la cultura nacional mexicana, ocupan los cargos municipales y judiciales. Por eso los Tzeltales generan un sistema político y moral alternativo, pero en el orden de lo sobrenatural, donde la sanción se ejerce a través de la enfermedad. Con este sistema se logran resolver los conflictos, se facilitan los medios para conseguir líderes legítimos e independientes del poder nacional que puedan perpetuar este sistema moral, y se establecen las formas de aplicar sanciones negativas a los transgresores de las normas nativas. Este sistema alternativo constituye una fuerza efectiva de recompensas y castigos, permitiendo, además, conseguir un control social interno por un procedimiento inaccesible a la influencia de los ladinos.

En el mismo orden podríamos considerar la situación que analizó Evans-Pritchard(1976:410) entre los Azande. Una vez instaurado el poder colonial británico, los reyes Azande contaban con poco margen de acción y la eficacia de sus dictados era casi nula. Como los Azande desconfiaban de la ley británica muchas sanciones legales y morales fueron sustituidas por sanciones mágicas, pues muchos individuos que hubieran tenido derecho a recurrir al príncipe ante un pleito, por diferentes razones no podían hacer lo mismo ante los tribunales británicos. Esto hacía que abandonaran toda esperanza de restitución o que confiaran en la magia para conseguirla.

Existen diferencias entre los tres casos. Pinola es un sistema bicultural en donde los Tzeltales se encuentran políticamente excluidos, pues el aparato administrativo del Estado solo está en poder de los ladinos; y los Azande soportaban una relación asimétrica con el imperio británico. En cambio la dicotomía neuquina, entre civiles y militares no es de tipo cultural, pues Zapala no es una sociedad en donde (por lo menos formalmente) cierto sector detente privilegios especiales, ya que constitucionalmente, todo ciudadano argentino tiene los mismos derechos y deberes. Tampoco ocurre en Zapala una asimetría de poder de tipo colonialista, aunque sí existe cierta asimetría entre el poder del Estado nacional, representado por Buenos Aires, y el poder local. La similitud de estos tres casos, como veremos mas adelante con Zapala, reside en el proceso de trasladar a lo sobrenatural aquello que por determinadas razones, en general asociadas a algún tipo de opresión, no pueden ser canalizadas por vías políticas o jurídicas, y obliga a los pobladores a buscar la justicia por medio de otros caminos.

En Zapala la justicia que detenta el Estado, por lo menos al momento de mi trabajo de campo, no ofrecía una sanción a los ejecutores y encubridores del crimen del soldado. Por eso una salida del dilema fue generar un tipo de explicación sobrenatural sobre lo ocurrido. Como se verá mas adelante, esta explicación es coherente con la cultura y la historia de la ciudad y sus habitantes. Incluso desde la propia perspectiva militar la solución al crimen de Carrasco se encuentra fuera de la esfera jurídica: cuando comenzó la investigación judicial, varios oficiales del GA161 recurrieron a una adivina que dentro del cuartel intentó descubrir como se habían sucedido los acontecimientos y quién, o quienes eran los culpables del crimen (Berri-Marín,1995:295). Desde la perspectiva civil, lo sobrenatural se manifiesta en el soldado Carrasco bajo dos aspectos diferentes:la situación liminar de la joven víctima; y la gracia divina, condición que sólo obtienen los humildes.

II

Arnold Van Gennep (1986) analizó como los ritos de paso, aquellas secuencias ceremoniales que acompañan el cambio de una situación a otra, y de un mundo, sea cósmico o social, a otro, permiten a los individuos atravesar las situaciones trágicas de la vida a partir de una serie de acciones reglamentadas socialmente. Estos ritos presentan tres estadios que marcan el paso de los individuos de un status a otro: la "separación", en que el iniciado es extraído de su condición anterior y se lo prepara para otra nueva; el "margen", instancia del rito en que el iniciado se encuentra a mitad de camino entre ambos mundos; y la "agregación", cuando se recibe al iniciado en su nuevo estado.

El SMO en la Argentina fue, durante el siglo XX, un rito de paso, y en un principio, de nacionalidad. Se buscaba que los descendientes de extranjeros se conviertan en argentinos a través de la lealtad a los símbolos nacionales transmitidos por una institución del Estado (las FFAA o la escuela). Pero también se vio al SMO como algo que un adolescente de sexo masculino debía realizar para convertirse en adulto. En un artículo de una revista política el SMO se refleja como un viaje:

"La experiencia del servicio militar y su articulación en un relato, formaba parte mas o menos hasta hace quince años atrás, del sentido común de la cultura popular. La colimba constituía una suerte de iniciación, con los atributos y avatares de un viaje (además del aprendizaje de un oficio).Los muchachos del norte conocían el sur y viceversa. Era un rudo viaje, tan peligroso como todo viaje que se precie, como toda verdadera salida en que el viajero se ve arrancado del medio en donde nació y creció. No obstante, se trataba de un viaje con retorno" (Pesce,1987:114).

Es verdad que la vivencialidad de este rito varia de acuerdo a las diferentes situaciones históricas por las que atravesó el país, y las experiencias de los individuos de acuerdo a su clase social. Aun así tomaré mi propia experiencia en un Comando de Ingenieros de la provincia de Buenos Aires, suponiendo que el Ejército posee cierta homogeneidad, pues es una institución de carácter nacional y su personal jerárquico se intercambia circulando periódicamente por las diferentes guarniciones del territorio nacional.

Durante el cumplimiento del servicio el conscripto pasaba de ser denominado "soldado nuevo" a "soldado viejo". Esto ocurría cuando la clase siguiente de soldado ingresaba a la guarnición. El soldado nuevo, como era la situación de Carrasco, ya que hacía solo tres días que se encontraba incorporado, no conocía nada de la vida castrense. Por ello debía aprender los reglamentos y el propio vocabulario militar: un disciplinamiento que poco tiene que ver con su anterior vida civil.

El período llamado de instrucción, que duraba de 15 días a tres meses, era una ruptura con el mundo civil. El soldado reaprendía a realizar todas las actividades de la cotidianeidad: una nueva forma de doblar las sábanas de una cama, cual es el lugar correcto para dejar los borceguies mientras se duerme, un lugar y orden correcto para colocar sus pertenencias personales, un horario para realizar sus necesidades fisiológicas, pedir permiso a un superior para realizar cualquier acción que se encuentre fuera de lo establecido, cuando poder hablar por teléfono, etc.

Este orden rutinario sobre las actividades cotidianas se contrapone a un "desorden" en cuanto a los ritmos diarios. Acostarse, por orden de un superior, a las 22 hs, a las 3 hs. recivir la orden de levantarse y vestirse, realizar movimientos vivos y volverse a acostar a las 4hs.

Durante este periodo existe un disciplinamiento en donde se manifiesta el poder sobre el cuerpo. Limitadas sus relaciones a un espacio, el cuartel, y a un tiempo, el del servicio, el poder reproduce en el Ejército una condensación de todas sus formas de dominación sobre el cuerpo: lo exhibe y lo oculta, lo premia y lo castiga, lo desarrolla y lo anula. Crea lo débil y lo pacífico para destacar lo fuerte y lo belicista como paradigma de lo masculino. Este discurso de lo masculino es lo que permite voluntariamente ser sometido como algo natural a un proceso iniciático para devenir en hombres (Hernando,1994:34). El conscripto deberá mostrar su resistencia ante todo tipo de sacrificio físico que sus superiores les impongan: largas marchas, soportar el frío o el calor. Este padecimiento y su superación es lo que hace de un joven un soldado, y por ende transforma al joven en adulto.

Una vez terminado el período de instrucción, los soldados son destinados a realizar distintas actividades en la guarnición, como puestos en la cocina, en el taller mecánico, conduciendo un vehículo, etc. Ahora el rigor disciplinario se ha atenuado. En este margen se demuestra como se ha incorporado la disciplina impartida, y la resistencia es contra el tiempo que hay que cumplir para lograr la baja. Por ello constantemente los superiores amenazan que los "mejores" soldados, los que mejor hayan incorporado las reglas de la vida militar, serán los primeros en volver a sus hogares.

En la etapa final, cuando llega la nueva camada, el soldado se convierte en "viejo". Solo le queda esperar la instrucción de los "nuevos" para volver a reintegrarse en la vida civil. Durante este período existe una propia jerarquía al interior del mismo cuerpo de soldados, y los "nuevos" quedan subordinados a los "viejos". La diferencia entre unos y otros radica en que el soldado viejo además de conocer las normas y el vocabulario militar (como reconocer las jerarquías y como dirigirse ante ellos, como mantener en orden las pertenencias que el Ejército le ha prestado al soldado, como ropa, utensillos, etc.) conoce las reglas sociales que rigen en la unidad militar y ha realizado, a lo largo de un año de servicio, una serie de lealtades hacia sus superiores. Baste señalar como ejemplo a los tres militares que la Justicia declaró culpables de la muerte de Carrasco: un oficial de semana y dos soldados viejos leales a este.

Siguiendo a Van Gennep y Turner, el estadio de margen esta caracterizado por la incertidumbre. En ciertas ceremonias el sujeto debe ser transportado, y durante un tiempo mas o menos largo no debe tocar la tierra. Este individuo no pertenece ni al mundo profano ni al mundo sagrado, o si pertenece a alguno de estos no se quiere que se reagregue inoportunamente al otro, por lo tanto se le mantiene en una posision intermedia, sosteniendolo entre el cielo y la tierra (Van Gennep,1909:197). También puede ocurrir que el individuo por diversas razones, quede anclado en este margen. En consecuencia no pertenecerá ni a un estado ni al otro.

Carrasco quedó en una situación liminar por varias razones. Por un lado quedó a medio camino del cumplimiento del SMO, ya que fue muerto en su transcurso; su imagen se situó en alguna parte entre la adolescencia y la adultez. Por otro lado, durante el primer mes de muerto su cuerpo estuvo oculto en el cuartel, pero el Ejército lo declaró desertor. Como los familiares no tenían noticias del joven Carrasco adquirió el status, aunque temporario, de "desaparecido". Durante este período no pertenecía ni al mundo de los muertos ni al mundo de los vivos; nadie conocía su paradero ni podia saber si estaba vivo o muerto.

Esta liminaridad se refleja en las interpretaciones sobrenaturales que hacen los zapalinos. La expresión que desarrollé en el capítulo anterior, "en el barrio militar tienen miedo" no solo implicaba el temor de los militares a ser procesados por la justicia o expulsados de la fuerza. También se refería a que en una vivienda que se encontraba dentro de la guarnición se escuchaba el golpe de un fusil contra el suelo, el taconear del soldado, y se abrían las ventanas sin que hubiera motivo aparente. Esta condición fantasmal de Carrasco, liminar por excelencia, puede tener dos motivos. Por un lado, su cuerpo permaneció un mes escondido sin haber recibido una adecuada atención espiritual ni sepultura. Por el otro, la imagen de Carrasco es la de un joven que murió violenta e injustamente, sin una adecuada restitución en la tierra. Ambas situaciones hacen que su alma, al no poder descansar en paz, quede vagando en el cuartel. Llamativamente, el miedo al fantasma del soldado muestra una inversión del poder, ya que el "soldado nuevo", el peldaño más bajo de toda jerarquía militar y por lo tanto del cual todos se abusan, ahora, y en esta nueva condición, puede acosar y atemorizar a los militares, incluso a los de mayor jerarquía que residen en el barrio de oficiales, mucho más oculto de la población civil y vigilado que el barrio de suboficiales. Además, en el barrio de oficiales no vive ningún militar nativo de Zapala, ya que como el intendente de la ciudad me dijera, "Zapala nunca dio un oficial". No es así en el caso de los suboficiales, que en general son de la zona y que viven en un barrio que si bien se encuntra en el predio militar, da a una calle de la ciudad. Como vemos, el "poder militar", del Estado, en esta situación, queda subordinado, siquiera fugazmente, al "poder sobrenatural".

III

Otro aspecto de lo sobrenatural en el cual se manifiesta la muerte del soldado no ajusticiada es en poseer la gracia divina, producto de su padecimiento.

Turner(1974:26) utiliza el concepto de "metáfora fundacional" (root metaphor) para señalar ciertos repertorios de ideas y significados en los cuales se enmarcan nuestros pensamientos. Las metáforas fundacionales no son guías estereotipadas para la acción ni sistemas coherentes y unívocos, ya que siempre están siendo resignificadas y discutidas; sin embargo perduran en una cultura y permiten a los actores sociales interpretar el mundo social de una manera determinada y no de otra.

Una de las metáforas fundacionales de la cultura cristiana de occidente es el vía crucis de Jesucristo, expresión latina que significa el camino de la cruz, y que en la iglesia Catolica consta de un camino señalado con diversas estaciones de cruces, altares, o cuadros que representan los pasos hacia el Calvario, el sitio en donde Cristo murió crucificado. El vía crucis es condición de los mártires, y pasar por el es indispensable para lograr la gracia y la santificación. El protagonista fundacional de esta metáfora es presentado por un diccionario de consulta masiva como:

"concebido por obra del Espíritu Santo, nació Jesús en Belén, de la Virgen María, esposa de José, en el reinado de Augusto en Roma y Herodes el Grande en Palestina. Anunciado su nacimiento por ángeles y profetas, fueron a adorarle reyes y pastores. Para librarle de las persecuciones de Herodes lleváronle sus padres a Egipto, donde le tuvieron hasta la muerte del rey, después de la cual regresó a Galilea la Sagrada Familia, estableciéndose en Nazaret. A los doce años fue Jesús a Jerusalén en compañía de sus padres, estuvo tres días alejados de ellos, y al volver a Nazaret se puso a trabajar de carpintero con San José. A los treinta años hízose bautizar en el Jordán por San Juan Bautista, y eligiendo 12 apóstoles comenzó a predicar sus divinas doctrinas, a la vez que realizaba numerosos milagros. Acusado ante Poncio Pilato, gobernador romano de Judea, de atentar contra la forma de gobierno establecida, fue condenado a muerte, azotado, coronado de espinas y crucificado en el monte Calvario, entre dos ladrones, a los treinta y tres años de edad. A los tres días resucitó y mostrose a sus discípulos, y, por último, elevose al Cielo. Desde el principio al fin de su vida pública, Jesús se proclamó enviado o legado de Dios, ese enviado que los judíos esperaban y a quien designaron con el nombre de Mesías"(Espasa Calpe,1957).

De acuerdo a esta interpretación, Cristo es un perseguido por el poder político desde su mismo dia de nacimiento; su vida culmina con una muerte violenta y llena de padecimientos, que soporta pasivamente. En la interpretación católica su poder milagroso, su resurrección, y hasta su resignación en la cruz, no se sustenta en la Tierra sino en un plano celestial, donde se encuentra junto a su padre, Dios creador y todopoderoso.

Esta inversión de los poderes, en donde el que detenta un poder en la Tierra lo pierde en el Cielo, se refleja en algunas sociedades como las que presentan una fuerte influencia del cristianismo a través de las culturas del Mediterráneo europeo, donde se mantienen dos actitudes opuestas pero complementarias para lograr prestigio social: la primera está asociada a la masculinidad y se sustenta en la competición, el triunfo, la posesión de bienes materiales, y el mundo profano; la segunda se relaciona con la paz, la pureza, la renuncia, la gracia y lo sagrado. Aquella se logra a partir de el éxito en las relaciones cotidianas y mundanas: buenos negocios, ser un buen soldado y continuar la carrera militar son algunaos ejemplos. La otra es misteriosa e impredecible, pues en ella interviene la "gracia divina", y se asocia a un tipo de mérito que es de orden espiritual.

Julian Pitt-Rivers(1993:33) rastrea el uso del término "gracia" desde la antropología. La gracia siempre es algo especial, por encima de lo obligatorio y previsible; pertenece al registro de lo extraordinario; de allí su asociación con lo sagrado. Su punto de partida es el don puro y gratuito de Dios. Por lo tanto la gracia no permite ninguna retribución, ni explicación, ni siquiera requiere una justificación. Es impredecible, y los que son excluidos de la lucha por el éxito en las relaciones cotidianas, pueden llegar a ella. En Zapala también se puede apresiar este tipo de razonamiento.

En esta ciudad, y en toda la región, existe adhesión y culto a dos mártires masculinos, además de Jesucristo: San Sebastián y Ceferino Namuncurá. Ambos son santos "promeseros", pues al serles concedida la gracia divina poseen la facultad de interceder ante Dios y realizar milagrosamente los pedidos del devoto. Si el milagro se ha cumplido es común que se erijan ermitas de tamaños variable que pueden rondar entre los 60 centímetros y dos metros de altura. Una que pude observar albergaba la imagen de San Sebastián, un rosario confeccionado con semillas de roble, y cera derretida, resabios de velas. La vida de estos dos santos acreditan que se les haya otorgado la gracia divina, y por ello realizar milagros.

A San Sebastián le rinden culto principalmente los chilenos. Su fecha es el 20 de enero, cuando en los hogares las familias devotas rezan el rosario durante toda la noche, acompanados por visitantes, también devotos, que aportan con comidas y velas. Según versa una estampa vendida por la iglesia Católica de la zona, la virtud de este santo se encuentra en su opción de despresio a las cosas mundanas y su fortaleza ante el martirio a que esta desición lo condujo:

"San Sebastián es uno de los gloriosos mártires de las persecusiones romanas.
Llegó a ser capitán de la Guardia Pretoriana.
Obligado a elegir entre ser militar o ser cristiano, no dudó en publicar su fe.
Atado a un arbol, fue asaeteado hasta que murió."

Fue un mártir cristiano nacido en Narbona, Galia meridional. Soldado del Ejército romano, el emperador Dioclesiano le confió el mando de la primera corte de sus guardias. Denunciado como cristiano, el emperador lo condenó a morir asaeteado. Gregorio Alvarez explica que la representación de San Sebastián lo muestra "amarrado a un tronco con el cuerpo desnudo, atravesado por cuatro saetas. A sus pies se encuentra un casco romano, cuya cimera de aspecto abullonado, tiene la apariencia de un cordero echado", razón por la cual se lo considera un santo campesino. En la Patagonia, el santo tenía su sede en Yumbel (Chile), y los pedidos que se le formulaban debían pagarse formalmente allí. Pero a partir de 1960 se trasladó su sede a la localidad de Las Ovejas, al norte de la provincia del Neuquen (Alvarez,1968:82).

Ceferino Namuncura todavía no fue canonizado por la iglesia Católica, sin embargo sus imágenes son vendidas en las santerias de este culto, demostrando el propio poder de la gente para canonizar. Tanto en Zapala como en otras partes de la Argentina es un santo de una devoción multitudinaria. Cuando se relata la vida de Ceferino se la refleja como un vía crucis ,tal como aparece en una revista dedicada a la historia:

"En lo popular argentino, en densas corrientes de opinión y de sentimiento, su figura desleída en el tiempo parece una rara simbiosis de talla indígena y de imagen monástica. Nacido en una toldería Patagónica, hijo de un cacique derrotado, a los once años ingresa, totalmente analfabeto, a un instituto salesiano de la Capital Federal. En seis años de sacrificados estudios, no sólo se alfabetizó, sino que su alma experimentó una transformación profunda. Perdió su salud y dulcificó su personalidad, desprendida ya totalmente del tosco "hábitat" nativo. A los 17 años viaja a Roma, llevado por el cardenal Juan Cagliero, y se presenta al Papa. Reanuda sus estudios, pero el seminario destruye las últimas energías de su físico castigado. En la madrugada del 11 de mayo de 1905 expira en la cama de un hospital, en la isla de San Bartolomé" (Oreja,1969:9).

Ceferino Namuncurá proviene de una dinastía de guerreros, ya que es nieto de Calfucurá, uno de los máximos jefes políticos y militares de los Mapuches durante el siglo XIX. Su padre, una vez que ofrecio la rendición al gobierno argentino, solicita en 1897 la educación de Ceferino a los padres Salesianos, por ese entonces encargados de evangelizar la Patagonia, recientemente conquistada por el gobierno argentino. Según Fermín Oreja, Ceferino, lucha contra su "naturaleza aborigen", y el milagro reside en su transformación "misteriosa de lo aborigen", una forma de vida considerada carente de religión, instintiva y violenta, a la piedad cristiana, sinónimo de educación y civilidad. Pero en esta concepción Ceferino muere de tuberculosis debido a un abuso institucional, ya "que el seminario destruye las últimas energías de su cuerpo castigado". Es un santo civilizador,"ejemplo" para los pueblos autóctonos de la Patagonia.

En el drama social de Carrasco también los zapalinos vieron en el soldado asesinado a un mártir, y posteriormente comprobaron que los humildes que sufren el abuso de los poderosos en la Tierra logran, después de la muerte, un poder que no poseian, y que inside sobre los mortales. El periodismo también construyó la imagen del soldado Carrasco como mártir o como gratificado por el misterio divino. Así lo retratan Berri y Marín:

"La historia de Omar es la de los perdedores natos, solo que a él, además, le tocó perder la vida a los diecinueve años. Era un tímido adolescente neuquino de familia humilde, evangelista, morocho y de ojos soñadores que prácticamente no salió de su Cutral-Co natal. Acompañaba a sus padres a todas partes y (un detalle clave) no podía evitar la risa cuando se ponía nervioso. Sus escasos tres días y medio de cuartel fueron un descenso al Infierno no solo por culpa de los superiores: algunos compañeros se ensañaron con él. Su calvario terminó la tarde del domingo 6 de marzo de 1994 con una lluvia de patadas y golpes que le hundió el ojo izquierdo y el pecho. Vestía uniforme de combate pero no murió durante un combate, una práctica o un accidente. Omar murió sin saber por qué lo mataban"(1995:13).

En este párrafo se encuentran todas la características de un mártir: su sacrificio está en "el calvario" de tres días y medio que lo condujo a la muerte; y es "un perdedor nato", joven, proveniente de una provincia del interior del país y de familia humilde. Esta construcción de Carrasco como un joven inocente, pues era "tímido", "de ojos soñadores" y "no podía evitar la risa", también se encuentra en el discurso de algunos zapalinos, quienes le agregan haber sido profundamente creyente. Leonor, una de mis familiares, me decía que dentro del cuartel Carrasco "se lo pasaba leyendo la Biblia pobrecito, y por eso le tenían rabia". Esta actividad pasiva, "leer la Biblia" aparece como opuesta a la actividad militar, "por eso le tenian rabia"; pues la rutina castrense está siempre preocupada por la ostentación de la fuerza física y por la exaltación de la actividad corporal.

Por el contrario, la esencia de los misterios de la gracia es que esta no respeta el orden de los hombres, el orden social (Peristiany/Pitt-Rivers,1993:25). Tal es la razón de que la gracia esté más cerca de Dios que el deseo de tener éxito en la vida terrenal. Por eso la pobreza es considerada como el mejor camino para llegar a Dios. Según Leonor:

"ese chico debió tener algún poder. Si no cómo puede ser que a un chico tan pobre se le diera tanta importancia cuando con estos granaderos no pasó nada?"

Leonor contrastaba a Carrasco con dos conscriptos encontrados muertos el 6 de enero de 1995 en la piscina del casino de oficiales del Regimiento de Granaderos a Caballo General San Martín, en la Capital Federal. La noticia apareció en los medios periodísticos de Buenos Aires y en los periódicos de la Patagonia, pero el caso no tuvo tanta resonancia. Tampoco se logró comprobar que fuera un crimen, por lo que el juez federal a cargo archivó la causa (Clarín,14/10/95). El relato de Leonor reafirma la gracia de Carrasco: siendo un "chico pobre" y del interior, sin ningún poder en la tierra, logró cobrar importancia mientras que jóvenes de Buenos Aires, que se suponen con "mayor poder terrenal", no lograron que su causa fuera atendida ni por los medios periodísticos ni por la Justicia. Este tipo de razonamiento hace manifiesto la implementación del control social reactivo, ya que demuestra lo centralizado y omnívoro que es el poder en la Tierra, pues es notable que en todos estos casos no se atribuya a los padres, a los familares o alguna institución del Estado o civil, la capacidad de hacer lograr justicia. Esta solo depende que que las víctimas desarrollen una esfera autónoma de acción, particularmente después de muertos, y cuando han sido sustraídos del seno familiar para restituirse a Dios Padre.

Carrasco simboliza lo débil, lo pasivo y lo pacífico, cualidades incompatibles con las del soldado. Carrasco murió pasivamente, ya que según el relato periodistico ni siquiera se defendió de sus agresores. Padeció su calvario en silencio. Pero a su imagen le quedaba otra salida. San Sebastián y Ceferino reciben la gracia divina y tienen varios puntos en común con Carrasco. En los tres casos existe un vía crucis, una muerte trágica precedida de un sufrimiento físico. Ceferino agoniza a causa de su enfermedad; San Sebastian es asaeteado; Carrasco muere por las patadas de sus compañeros bajo la complicidad e instigación de algún militar profesional. Los tres sufren el abuso del poder institucional del Estado o incluso de la propia Iglesia, como es en el caso de Ceferino. En todos la gracia se vincula con lo militar: San Sebastián era un militar que fue destituido y condenado a muerte por ser cristiano; Ceferino fue heredero de una dinastía de guerreros Mapuche que fue derrotada por el Ejército argentino. Por último, los tres son o terminan sus días en la pobreza: San Sebastián es destituido; Ceferino no llega a conocer el esplendor de su dinastía y vive en la pobreza monacal; Carrasco pertenecía a una familia de condición humilde.

Como dije anteriormente la propiedad principal que tienen estos "santos promeseros" es la de realizar milagros, condición que hasta el momento no parece tener el soldado, si bien en una visita que hice en noviembre de 1996 a su tumba en el cementerio de Cutral-Co, uno de los encargados me dijo que es un sepulcro muy visitado, la gente le lleva flores e incluso una curandera originaria de la ciudad de Chos Malal, ubicada al norte de la provincia, cuando visita la tumba acostumbra prenderle velas. Valga recordar que sobre María Soledad, en la provincia de Catamarca, todavía no existe una resolución jurídica satisfactoria, pero sí se la considera milagrosa. El altar que se le construyó en donde apareció su cuerpo está repleto de flores frescas y artificiales, placas con agradecimientos, y objetos que la gente deja a cambio de los milagros recibidos (Clarín,18/3/96). María Soledad y Carrasco, son jóvenes, humildes, inocentes y muertos por el abuso de poder; y sobre ambos se realizan interpretaciones similares, desde la percepción local, sobre sus poderes sobrenaturales.

La condición de la gracia de Carrasco reside en que siendo humilde logró interferir en el poder omnívoro del Ejército. Pero no es posible asegurar que, en un futuro, los pobladores de Zapala, Cutral-Co y Plaza Huincul le rendirán culto al soldado. Ello dependerá de múltiples factores. Por un lado el caso fue resuelto por la Justicia Federal un año después de que yo realizara mi trabajo de campo, recibiendo condena cuatro de los acusados, aunque quedaron en suspenso los juicios por encubrimientos. Además habría que tomar en cuenta como los pobladores interpretaron estas resoluciones judiciales.

Por otro lado, el culto evangélico, la iglesia a la que pertenecía Carrasco, intenta borrar esta imagen de santidad en el soldado, ya que es una religión que no valida esta creencia en la gracia. Aún así, el pastor avaló por la negativa la posibilidad de que Carrasco se convirtiera en santo. Cuando le referí los comentarios de la gente acerca de su poder me aseguró que jamás iba a ser canonizado por la sencilla razón de que era evangélico; pero no le cabía la menor duda que si hubiera pertenecido a la iglesia Católica "ya le estarían erigiendo una capilla". Además señaló que grandes hombres en este país, por el simple hecho de ser evangélicos, fueron olvidados. Con esta respuesta el pastor confirmaba que el soldado tenía todas las virtudes de un santo; sin embargo su iglesia no los reconocía oficialmente.

Sí podemos afirmar que existe en el grupo social estudiado un marco cultural que apela a lo sobrenatural para compensar y comprender las injusticias en el mundo terrenal. Al poder del Estado se le opone el poder, en este caso, de un humilde soldado. Pero este poder corresponde a otro nivel del sistema social. Esta visión de la justicia aparece cuando emergen factores tales como una carga de poder desmesurada y asimétrica sobre los humildes. Los jóvenes son víctimas por exelencia, y son inocentes para el cristianismo. Es en este sentido que Carrasco corre con la misma suerte que San Sebastián, Ceferino, y María Soledad. El resto queda en la misteriosa, y nunca predecible, gracia divina, otorgada o negada por la mano de Dios; y cuya confirmación en la Tierra es disputada entre la población y las instituciones de la Iglesia Católica.

CAPITULO 3: AHORA TODO VA A CAMBIAR.

I

"Rolando_¿Donde naciste?

Juan_En Cutral-Co. Nacido y criado en Cutral-Co.

_¿Cuantos años tenes?

_Veinte.

_¿Hiciste el servicio militar?

_Si. En Junin de los Andes, en el Regimiento de Infantería de Montaña 26.

_¿Y porque te inscribiste de voluntario?

_Quiero inscribirme porque desde que me dieron la baja no me puedo olvidar. Me gusta, y vos cambias una vez que entras. Me gusta el ejército. Cuando entré por primera vez era horrible, pero después allá estas muy tranquilo, sin tu familia y sin nadie que te moleste. Después de salir tuve muchos trabajos, y labure mucho, con el frío y todo, y siempre me cagaron, nunca me pagaron lo que me tenían que pagar. En cambio allá estas tranquilo. Ellos te dicen que te dan dos meses de prueba (en el nuevo régimen de voluntario), pero en dos meses no te acostumbras; yo en un año y tres meses no me acostumbre.

_¿Pero no decís que te gusta?

_Si, después te acostumbras, pero al principio es terrible. Los primeros días escuchas a muchos chicos llorando; y después el salto de rana, los gritos y alguna patada también te pegan.

_¿Sin embargo te vas a alistar?

_Si, tengo que volver. Por eso que a veces te dicen, viste, que tenes que ir a un psicólogo.

_¿Como a un psicólogo?

_Claro. Mis padres querían llevarme a un psicólogo, porque cuando me dieron el primer franco a la noche gritaba y que se yo, pero tengo que volver para olvidarme. Ahora todo va a cambiar, como dicen. Ya no te van a tratar como antes, entonces tengo que volver. Después a los pocos días comenzamos a hacer la guardia, cuando todavía no sabíamos tirar. Después vino un Teniente Coronel, ¿vos no sos militar, no?, ¿sos universitario?

_Si soy de la universidad.

_El Teniente Coronel nos mandó a llevar al campo de tiro y allí aprendimos. Y con Carrasco, lo hicieron muy bien, como lo ocultaron y todo; porque ni ellos saben quien lo mato. Nosotros ya nos dábamos cuenta; para esa fecha estábamos comisionados en Zapala, y por ahí los soldados jóvenes no se daban cuenta, pero nosotros si. Veíamos que algo pasaba; porque vos ahí dentro sabes todo, porque se hacen grupitos de soldados y se va pasando toda la información, y si hay quilombo en Las Lajas se sabe en Covunco y así.

_¿Entre los colimbas?

_Si, entre los colimbas; y a ese Canevaro esta mal que lo hayan castigado, porque el hacía lo que le enseñaron. Si nosotros como dragoneantes también bailábamos a los pibes, porque así nos lo enseñaban, aunque ahora no lo vamos a hacer, porque es otra cosa, son compañeros que están porque quieren. No obligados como antes. Así que tengo que volver porque ahora va a ser diferente.

_Pero no vas a ir a Junin, vas a ir a Covunco?

_Si, me dijeron que si quiero ir a Junin tengo que esperar. Yo voy a ir a Covunco y después voy a pedir el pase. No les voy a decir a ellos que es porque mis cosas están allá. Nosotros somos como 45 los que fuimos a Junin; y de ellos, que se yo, cinco no se habrán incorporado, están todos inscriptos. A veces nos juntamos a comer algún asado y decimos que tenemos que volver a que nos devuelvan nuestra juventud."(El paréntesis es mío).

En los dos capítulos anteriores expliqué como los zapalinos vivieron e interpretaron la muerte de Carrasco dentro del marco que les permitía la implementación del control social reactivo. En este último capítulo analizaré como el crimen del soldado sirvió para acelerar la culminación del SMO en la Argentina, acoplándose a la implementación de nuevas formas de control social, generadas por el Estado Argentino. Si bien este cambio tiene muchos niveles de análisis, solo me centraré en ejemplificar en qué momento y lugares actúa cada uno de los dos tipos de control social que venimos desarrollando. Por estar ligadas a instituciones nacionales como el Ejército, que alimenta el desarrollo específico de algunas ciudades argentinas, estos cambios se perciben con mayor fuerza en Zapala, vieja anfitriona de una guarnición militar.

En el texto introductório a este capítulo, tomado de una entrevista a un postulante a voluntario de la ciudad de Cutral-Co, se aprecia como para este joven, que cumplió con el SMO en el mismo año y región que Carrasco, no pudo culminar el rito de paso. Por un lado Juan expresa el cambio de su condición, "vos cambias una vez que entras", y el alejamiento de la familia como parte de este cambio. Pero al mismo tiempo el joven manifiesta que en esa región y en ese año el SMO no sirvió, por ello la necesidad de volver para recuperar algo que perdió: su juventud. El ser un soldado viejo le permitió darse cuenta de "que algo pasaba" en la guarnición Zapala. La nueva forma de rito de paso que para él sería el SMV le permitiría olvidar lo anterior, y experimentar un servicio militar que tendrá otras características, una nueva modalidad en el trato de la tropa en el que ya no se va a sufrir y no se bailará a los soldados nuevos, como se hizo con Carrasco, "porque es otra cosa, son compañeros que están porque quieren. No obligados como antes". También alistarse a esta nueva modalidad le permitiría salir de un estado de explotación económica, producto de condiciones de trabajo mal pagas en el mundo civil. Como veremos mas adelante, este tipo de situaciones, si bien expresado de otras formas, se encuentra en el relato de todos los inscriptos a voluntarios con los que pude dialogar.

Pero este sufrimiento que siente el soldado, como civil, se representa y posee un valor diferente para el militar profesional, y a diferencia del relato de Juan, "el baile" tiene una razón de ser y permite el buen entrenamiento del soldado:

"¿Usted sabe como se entrena a un arquero de fútbol? Se le tira la pelota para acá, para allá, se lo "baila"; se lo tiene todo el día tirándole la pelota a un lado y a otro porque tiene que entrenar ¿Y no lo quieren a este arquero? ¿Le tienen rabia? ¡No! Es el trabajo que tiene que hacer. En el ejército pasa lo mismo. Los primeros dos o tres meses se los tiene al trote a todos, porque se los está entrenando para una guerra ¿Que no estamos en guerra? No, pero nos preparamos para una guerra. Y se tienen cuerpos dispares, hay atletas y hay quien nunca hizo nada. Entonces hay que formarlos. Y tienen que estar a los gritos, que civil y que se yo, porque tiene que haber una obediencia total, porque en la guerra no se puede discutir. Si se está en una trinchera y un superior dice adelante, usted tiene que ir. No puede decir no, no tengo ganas, que vaya aquel otro ¡Hay que obedecer porque si no una guerra no se puede comandar!"

Este suboficial retirado, que me explicaba cómo se formaba a un soldado, entendía que después de la muerte de Carrasco no se podía continuar con el sistema del "soldado obligado" por determinadas "condiciones políticas" que impedían que se los adiestrara adecuadamente. Estas condiciones, para él negativas, obedecián a la intervención de los organismos de Derechos Humanos en las prácticas militares; según él, cualquier orden que un superior le impartiera a un conscripto podría ser interpretada como una amenaza. El soldado podría denunciar al oficial o suboficial ante un organismo civil e inmediatamente el acusado se encontraría ante un problema legal que mancharía su "foja" militar.

Este período de entrenamiento, que en la percepción de Juan puede experimentarse como "terrible" y en donde "escuchas a muchos chicos llorando", para el militar es un paso necesario para que el soldado sea efectivo durante el combate. Los individuos quedan subordinados a un objetivo mayor: la defensa de la Patria a través de una acción armada. Para la lógica militar la muerte de un soldado es una parte inherente a su oficio: matar o morir, aprender a manejar herramientas de muerte y de defensa de la vida propia, aprender a sobrevivir cuando otros lo quieren vencer. Por eso la muerte, aunque sentida, tiene otro valor para quienes trabajan de "matadores profesionales", legitimizados por la ley del Estado, y quizas por esta razón, para muchos militares la muerte de Carrasco haya carecido de importancia.

Opera en este tipo de razonamiento una "lógica de la jerarquía", preponderante dentro de la profesión militar. La jerarquía permite que se pueda bailar a cualquier subordinado. Aún Juan, en caracter de soldado viejo y Dragoneante, la máxima jerarquía a la que puede llegar un conscripto, podía bailar a los soldados nuevos, pues como él mismo decía, así le enseñaron sus superiores. Aquí el concepto de "igualdad" opera de una forma diferente que en la vida civil. La igualdad opera al interior de la jerarquía, donde rigen patrones uniformes: todos aquellos que pertenecen a un mismo rango son iguales en la estructura militar de las FFAA; y hay igualdad en los ciclos del personal que siguen los mismos pasos: de Subteniente a Teniente, de Teniente a Capitán, de Capitán a Mayor, etc. Pero la igualdad que inspira la legislación democrática y republicana de la Argentina, y en particular la que promuneven los organismos de DDHH desde 1977 impiden, desde esta perspectiva, entrenar a la tropa, pues están fundados en la igualdad de opinión, en el respeto a la persona, y en el repudio al castigo físico. Sin embargo esta lógica jerárquica presenta discontinuidades, incluso entre aquellos que han cursado la carrera militar.

Para ejemplificar una lógica alternativa que da lugar a cierto sentido de la igualdad en el ámbito castrense me referiré a otro suboficial retirado que en 1995 presidía el Concejo Deliberante de Zapala. Cuando lo conocí, su primer afirmación fue "¡no hay ningún conflicto entre civiles y militares!, salvo Carrasco". Como otros en Zapala, se presentó diciendo sus muchas influencias en el cuartel; luego me confesó que actualmente lo consideraban un "civil", por que respondía mas a la política municipal que a las directivas militares. Un militar también retirado se había distanciado de él pues en la guarnición le habían pedido que no concurra a las marchas, cosa que hizo acompañando al intendente. Para este concejal Carrasco es un resabio de la "Guerra Sucia", que mi informante contrastó con "su época". En la Revolución Libertadora, que depuso al presidente Juan D. Perón, en 1955, en Córdoba, sede del alzamiento del General Lonardi, siendo apuntado con el revolver en la sien:

"yo le decía:_¿Por qué no se mete el revolver en el cu­lo? _¡No!,dice, perdone, es que a mí me mandaron, y bueno. Como yo estaba en comunicaciones tenían miedo con los mensajes cifrados. Yo nunca perdí la lealtad, pero bueno, ellos tenían miedo. En la ESMA, un compañero me quiso afanar. Le digo: dejá eso ahí que te recago a trompadas. Pero era un compañero. Yo nunca vi nada de parte de oficiales o suboficiales...Acá, el Teniente Coronel, como era Radical creía que yo era Peronista y me tuvo meses hinchándome las pelotas. Fui hasta su oficina y le dije: ¿porque no se levanta y se saca las charretas, así lo puedo cagar a trompadas? Y nunca más (me molestó). A los soldados que tuve a mi cargo siempre los traté como a iguales. Tenía una oficina impecable, la pintaba yo, enceraba, traía la cera yo, y a los soldados los trataba igual que a un general. Tomaban el mismo café que yo, tenían una pieza igual a la mía. Todos siempre me decían: ¿como haces para agarrarte a los mejores? Y yo les decía que no agarraba a los mejores, si a mí me los mandaban. Lo que pasa es que si vos a una persona la tratás bien te responde...lo mismo hice cuando asumí acá, en la cooperativa, le dije: ¿Ustedes quieren que esto funcione? Arreglen las oficinas, pongan calefacción y páguenle un buen sueldo a los empleados. Claro, yo me retiré en el '70."

Este suboficial constrastaba una época de profesionalismo en la cual él pudo permanecer pese a las purgas antiperonistas posteriores al '55. Pero desde el '70 las FFAA se transformaron en otra cosa, siguieron otras lógicas y dieron lugar a la "guerra sucia", la que a su vez generó la muerte de Carrasco ¿Por qué ahora lo ven como a un civil? Consideremos que este ex-suboficial habla de su vida militar de hace 25 años atrás, y que la está contando desde un presente de político. Por ello su relato está mas cerca de la concepción civil de igualdad. Como militar "nunca perdió la lealtad" a la institución. También el relato muestra un aumento en los valores morales, que es directamente proporcional al aumento del rango, pues en la ESMA solo los de rango más bajo eran los ladrones. Pero también existe una subordinación a la jerarquía, a "las charretas" y no al hombre, lo cual implica una noción de igualdad civil: una vez que los contendientes se han quitado el uniforme son iguales y la superioridad sólo se mide en la valentía individual; por eso el Teniente Coronel no se animó a "sacarse las charretas" y nunca más lo molestó: era un superior en la jerarquia militar, pero como hombre era un cobarde. Porque tiene una perspectiva civil este Concejal recuerda que trataba "a los soldados igual que a un general".

Estas diferentes concepciones de la jerarquía y de la igualdad que tienen civiles y militares es la que se pone de manifiesto cuando se desatan los conflictos entre ambos sectores, y corresponden a cada uno de los dos tipos de control social acá señalados. La militar estaría en relación con el control social reactivo, ya que éste se caracteriza por ejercer una función centralizadora y por lo tanto hace hincapié en la jerarquía, la subordinación, y la homogeneidad entre pares. En cambio, la civil es más acorde a la implementación del control social activo, pues éste, al funcionar de una forma mas difusa, permite un mayor grado de comunicación entre sectores estructuralmente desiguales, y tolera la diferencia entre iguales. Los dos tipos de control social están operando al mismo tiempo y en ambos sectores, aunque con intensidades diferentes. Antes del drama social desatado por Carrasco parecía que el control social reactivo propio del cuartel, intentaba invadir a la población civil. Luego, el movimiento parece invertirse, y la implementación del control social activo se filtraría en la propia institución militar. Filtración que, como en el caso del suboficial retirado, responde a una infiltración de los organismos de DDHH dentro del orden institucional militar. El SMV es un claro ejemplo, y su operatoria genera opiniones diversas entre los dos sectores. Como vimos, para uno de los suboficiales retirados "así ya no se puede comandar", refiriéndose a la prohibición del "baile" y la supresión del SMO. En cambio para Juan, como "los compañeros están porque quieren" ya no los van a maltratar y por lo tanto se podrá crecer sin sufrir.

II

Días después que el soldado Carrasco fuera encontrado muerto dentro de la guarnición, el Comandante en jefe del Ejército, General Martín Balza, declaró que era necesario reformar el SMO, (Clarín,14/4/94). Al día siguiente, el presidente de la Nación "expresa su deseo" de que el servicio militar sea "optativo" (Clarín,16/4/94). Dos meses más tarde el presidente anunció que el SMO sería eliminado. Ello corría paralelo a los ecos de la muerte de Carrasco en la opinión pública, que parecía desgastar la imagen del gobierno nacional. Una consultora señalaba que solo el 17% de los encuestados aprobaba la actitud del gobierno frente a la muerte del soldado; un 16% aprobaba la actuación del Ejército, y un 20% la de la Justicia (Clarín,11/6/94). Esta transformación del SMO a SMV estaba enmarcada en un proceso de racionalización y reestructuración de las FFAA que respondía a dos cuestiones: por un lado, se destacaba el nuevo rol de las FFAA, tras el abandono de las tradicionales hipótesis de conflicto, internas y externas; por otro lado la modificación obedecía a una necesidad económica, debido a los recortes del presupuesto en el aparato estatal, implementado por el gobierno, y cumpliendo con los dictados del Fondo Monetario Internacional. Si bien Carrasco había sido el detonante de este cambio, en realidad solo acortó los plazos, ya que el número de conscriptos venía reduciéndose desde 1983. En ese año se habían incorporado 64.640 soldados, en 1994 solo 16.000, menos del 10% de la clase sorteada (Clarín,20/6/94).

La decisión del gobierno de terminar con el SMO pareció tomar de sorpresa al mismo Ejército, que se encontraba preparando un proyecto sobre el servicio militar que le entregaría al Poder Ejecutivo. Este se centraba en la necesidad de que la transición de un sistema de conscripción obligada a otra voluntaria tuviera una duración de por lo menos cinco años, y en donde se implementaría un sistema mixto, constituído por soldados sorteados y soldados voluntarios. Por el contrario, el gobierno nacional decidió que la clase 1976 no sería llamada a cumplir el servicio y que se suplantaría por voluntarios, sean hombres o mujeres, de 18 a 26 años de edad, que cobrarían un salario y firmarían un contrato por dos años, susceptible de ser rescindido. El Ejército temía que ningún ciudadano se presentara como voluntario y las FFAA quedaran sin soldados (Clarín,11/6/94). La causa parecía tan obvia que ni el mismo diario la mencionaba: el recuerdo de la última dictadura militar y el escándalo del crimen del soldado podían dar pocos incentivos a los jóvenes para incorporarse en las filas del Ejército.

Contrariamente a las expectativas de las FFAA, otra encuesta de opinión encargada por el gobierno estimaba que se presentarían unos 260.000 aspirantes a voluntarios en todo el país. El índice de desocupación por julio de 1994 rondaba el 12% y la iniciativa crearía nuevos puestos de trabajo.5 Inicialmente sólo se presentaron poco mas de 25.000. Las FFAA habían exigido 26.500 para cubrir los puestos de las tres fuerzas, (Clarín,6/2/95). Si tenemos en cuenta que se preveía un descarte del 40% de los postulantes debido, entre otras razones, a la falta de aptitudes psicofísicas, la cantidad de voluntarios reclutados distaba aún más de lo esperado. Aún así la clase '76, a la cual le correspondía incorporarse en 1995, de acuerdo a la Ley 4031 que establece la obligatoriedad del servicio militar, no fue convocada.

Por otro lado, un artículo publicado en el mismo periódico (Clarín,13/11/94)destacaba que para esa fecha ya eran 273 los varones y 127 las mujeres de Plaza Huincul, Cutral-Co y Zapala que se habían inscripto. Además señalaba que el 20% de los soldados que en ese momento se encontraban haciendo la conscripción en la guarnición Zapala deseaban permanecer como voluntarios. El artículo intentaba demostrar que el asesinato del soldado Carrasco había "dejado poca huella" en los epicentros del caso. Las razones que se esgrimían fueron anlizadas en los capítulos anteriores: por un lado la falta de empleo en otros rubros y la presencia del cuartel como la principal fuente de ingresos de Zapala; y por el otro, el "gran respeto" que los pobladores tienen a los militares y que, aunque puesto en tela de juicio después del asesinato del soldado, parecía haber resurgido con el paso del tiempo.

En Zapala algunos decían que ésa era la ciudad que más voluntarios había reclutado, pero al mismo tiempo me aclaraban que la única razón era la falta de trabajo. Sin embargo, durante tres semanas no pude encontrar un solo voluntario. Todos conocían a álguien que a su vez tenía un amigo o un hijo que se había inscripto, pero yo nunca podía acceder a él. Siempre álguien estaba dispuesto a preguntarle a algún conocido que se había inscripto si no quería hablar conmigo, pero la ocasión nunca llegaba. Tal vez el miedo al espía, a quién fuera yo en realidad y para qué quería la información, fueron las causas de esta renuencia.

Germán, el hijo mayor de Vilma, me decía que luego de lo ocurrido con Carrasco se desilusionó del Ejército. Era clase '75, pero como había pedido prórroga para terminar la secundaria no se había incorporado. Igualmente estaba interesado en inscribirse en alguna otra institución de seguridad, como la Gendarmería. Allí tenía un sueldo seguro desde el comienzo, ya que su familia no tenía posibilidades de costearle sus estudios superiores. Varios amigos suyos también veían como única posibilidad laboral la Policía, los Bomberos (dependencia de la policía provincial), o la Gendarmería. Las razones eran las mismas que alegó Germán. Al igual que Juan, que luego de salir de la conscripción trabajó en condiciones muy duras sin recibir la paga adecuada, Germán y sus compañeros veían como única salida laboral algunas de estas instituciones en donde automáticamente les darían solución a sus problemas de salario, vivienda, cobertura social, etc.

La última semana de mi estadía en Zapala Vilma identificó algunos inscriptos como voluntarios. Los llamó por teléfono para que fueran a su casa, pero ninguno apareció. Tal vez sea verdad que Zapala sea la ciudad que más inscriptos tuvo, aunque a Germán le causó risa cuando le comenté que me habían dicho que había setecientos candidatos a voluntarios, pues consideraba que nadie querría vivir en el cuartel después de lo ocurrido. Pero al mismo tiempo es probable que gran parte de ellos prefiera no comentarlo por miedo o por vergüenza. Mientras hablaba con desocupados en el local de ATE, uno me comentó que su hijas se había inscripto como voluntaria, pero no se mostró muy interesado en continuar la conversación.

Aún así, los que optan por el Ejército y deciden inscribirse como voluntarios y sus familiares, distinguen entre la guarnición Zapala y los demás cuarteles de la zona. Mantuve conversaciones con conscriptos del RIM10, situado en Covunco, a 20km. de Zapala, y con postulantes de la ciudad de Cutral-Co que este Regimiento estaba reclutando.

En esa guarnición un alto oficial me informó que de los 180 conscriptos incorporados ese año, 12 deseaban permanecer como voluntarios. Pero la guarnición necesitaba 200. De las charlas que mantuve con los aspirantes, tanto "colimbas" como civiles, todos preferían incorporarse en Covunco o en otra guarnición, no en Zapala, aunque varios fueran oriundos de esta ciudad, como me dijo uno de ellos que hiba a quedarse en Covunco para que sus padres estuvieran mas tranquilos,"por lo que paso con Carrasco".

Al igual que Juan, todos pensaban que "ahora iba a ser mejor, porque ahora viene el que quiere", opinión que señalaba el deseo de que la nueva modalidad de reclutamiento presentara menos inconvenientes que la anterior. Esperaban conseguir otro trabajo y pedir la baja; en general, estaban interesados en la

estabilidad que el Ejército les prometía, ya que, por lo menos en sus últimos años, todos habían sido trabajadores temporarios. El Sargento Duarte, uno de los encargados del reclutamiento, me explicó que hay muchos voluntarios pero que están indecisos, se anotan pero ni bien consiguen otro trabajo avisan que no se incorporarán.

Acompañé a los encargados del reclutamiento del RIM10 durante dos días a Cutral-Co. El lugar de reclutamiento señalaba un cambio en la concepción del reclutamiento: se había instalado una oficina en una dependencia de la Secretaria de Trabajo de la Municipalidad. De los catorce aspirantes a voluntarios con los que hablé en Cutral-Co, todos eran desocupados, sólo uno había realizado el servicio militar, cuatro alegaron que les gustaba la carrera, y uno dijo que no le importaba a donde lo enviaban. El resto prefería ir a la cordillera. Ninguno pidió la guarnición Zapala como destino.

No logré conseguir datos acerca del índice de desocupación de la región, pero en ATE Zapala calculaban unos 3000 desocupados estructurales y otros 3000 subempleados, sobre una población total de 30000 habitantes. Suponiendo que en Cutral-Co las cifras sean similares, lo significativo es que frente a un 20% de desocupados y subocupados, el RIM10 apenas había llegado a los 200 voluntarios que necesitaba para el período 1995. En dos oportunidades Duarte dio al periodismo capitalino una cantidad de inscriptos mayor a la real.

Como ya expliqué, ninguno de los aspirantes que entrevisté quería ir a la guarnición Zapala, pese a que muchos les convenía en cuanto a la distancia de sus hogares a la guarnición. Le hice este comentario a Duarte y me respondió:

"Y, no sé como estarán ellos. El otro día un pibe me dijo que se anotó en Zapala, pero que quería ir a Covunco; yo le dije que pida el pase, pero no, me dice, te anotan para ellos y listo. Es que ahora el que los trate mejor es el regimiento que más soldados va a tener".

Con el nuevo sistema de reclutamiento, cada guarnición se ocupa de reclutar a sus propios soldados en un área determinada. Solo si sobrepasa el cupo que necesita para su funcionamiento se destinan soldados a otra guarnición. Como bien lo vislumbró Duarte, el nuevo sistema de reclutamiento le crea al Ejército una necesidad inmediata de cambiar sus hábitos, especialmente a la relación entre los cuadros de oficiales y suboficiales con los soldados. Ahora el reclutamiento está más relacionado con las leyes del mercado laboral que con una obligación moral de todo ciudadano por defender a su Patria. Esta actitud se encuentra en estrecha relación con un cambio en la forma de controlar a la población que en la Argentina se viene gestando desde hace aproximadamente una década, y que en el caso que nos ocupa, se refleja en la relación que tienen el cuerpo de oficiales y suboficiales con los soldados.

Esta situación se ejemplifica en un folleto de propaganda que tiene por finalidad seducir a la juventud para alistarse en el SMV: "cuidar a la patria es el mejor trabajo que podes elegir",usa como slogan este folleto editado por el Ministerio de Defensa, y que se distribuía en la ciudad de Cutral-Co. Se aclara que es "una garantía de estabilidad laboral...con contrato, un sueldo mensual, aguinaldo, aportes jubilatorios y obra social", además de aprender un oficio, o viajar al exterior en las unidades destinadas a cumplir misiones internacionales de paz. El texto coincide con lo que buscan los jóvenes que se inscriben.6

Antes de abandonar la oficina de Cutral-Co, Duarte ordenó barrer a uno de los soldados que los acompañaba. Este lo hizo mal, entonces el sargento sin decirle nada, y en actitud de ejemplo, tomó la escoba y terminó de limpiar la oficina. Vemos entonces como el cambio del SMO al SMV obliga al Ejército a iniciar un proceso de seducción sobre la juventud y mostrar el trabajo de soldado como algo atractivo.

CONCLUSIONES

En abril de 1979, en el cuartel de Magdalena, Poli fue encontrado muerto en la sala de armas de la guarnición. La causa fue rotulada como "suicidio", o por lo menos esto le dijeron a Helena, su madre. A Poli le faltaban pocas semanas para salir de baja. Vivía en Lomas de Zamora, provincia de Buenos Aires, con su padre que en ese momento era obrero en una fábrica de la zona, su madre que siempre fue ama de casa, y sus cinco hermanos que asistian a la escuela primaria.

Aunque les entregaron el cuerpo, a Poli se lo veló en su casa custodiado por militares que hicieron denodados esfuerzos para que no se revisara el cadáver. Pero Helena, apoyada por los vecinos, logró desvestirlo y comprobó que Poli sólo tenía un agujero de bala en el pecho ¿Como habría podido Poli pegarse un tiro allí?

Poco tiempo después sus compañeros de servicio fueron dados de baja y los pocos que Helena pudo encontrar se negaron a hablar de lo sucedido. Aunque acudió a muchos abogados todos le cerraron las puertas pues en esa época, bajo el régimen del Proceso de Reorganización Nacional, nadie quería tomar un caso en el que estuvieran involucrados militares.

Recién en 1983, con el advenimiento de la democracia, Helena pudo denunciar lo ocurrido a la Comisión Nacional de Desaparecidos, pero su caso no fue analizado: Poli no era un desaparecido, sus padres habían visto el cuerpo de su hijo.

Dieciséis años mas tarde, en otro contexto nacional e internacional, el asesinato de un "colimba" dentro de una guarnición militar del interior del país, al que en un principio se intentó dar por muerto a causa del frío, fue el detonante para culminar con el casi centenario SMO argentino. Además el caso derivó en un juicio en que fueron acusados varios militares. Ninguno de los dos soldados, Poli o Carrasco, contaban con privilegios económicos o de status, pero su final fue diferente debido, entre otras cosas, a las trasformaciones en las condiciones políticas. Quién sabe si Juan no hubiera sido otro Poli u otro Carrasco...pero no lo fue, y en 1994 su aspiración era regresar a aquella unidad militar donde tanto habia sufrido y tanto había oido sufrir a sus compañeros. Tenemos así tres destinos diferentes. Poli fue asesinado y su familia no pudo demandar justicia, quedando inmersa en un sufrimiento individual; incluso en el FOSMO, a traves del cual conocí a Helena, sólo pudieron registrar su caso para aumentar sus datos estadísticos. Omar Carrasco fue asesinado y sus padres lograron con denuncias y el apoyo de la población, alentar las modificaciones en las relaciones cívico-militar y encarar los correspondientes juzgamientos; y Juan, el sobreviviente, intenta recuperar su juventud incorporándose al nuevo régimen de alistamiento, pues con los modelos institucionales anteriores no pudo pasar a la adultez de una forma satisfactoria.

Seguramente Helena, Juan y muchos otros se pregunten por qué la muerte del soldado de Zapala tuvo la mayor repercusión. Este interrogante merecería respuestas a distintos niveles: político, militar, económico, judicial, etc. En esta investigación he intentado comprender qué significó para la población de Zapala esta muerte y a qué atribuyeron su extraordinaria resonancia nacional. El crimen se vivió como una situación injusta debida al abuso de poder de una institución del estado nacional. Esta injusticia provocó en Zapala una dicotomía entre dos sectores estructuralmente interdependientes: civiles y militares. El concepto de drama social nos permitió analizar esta situación comparar cómo se vivió esta muerte en Zapala, y también en Cutral-Co y Plaza Huincul, los epicentros del fenómeno y donde el commúnitas actuó por unos meses, con la ciudad de Neuquén, donde la muerte tuvo connotaciones explícitas de tipo político y donde se intentaba responsabilizar de lo ocurrido al partido a cargo del gobierno nacional.

Pero además el drama social fue una respuesta a un tipo de control social que, era evidente, operaba en Zapala. Sin embargo, el trabajo de campo me impedía aplicar el concepto de control social tal como estaba expresado en la literatura sociológica. Aunque existía una correlación entre el concepto y mis datos, aquel no alcanzaba a explicar la riqueza de los fenómenos observados ni la capacidad de reacción de la población. Por ello, y tal como señala Rockwell, me vi obligado a ajustar la teoría a mis observaciones y mostrar que el control social reactivo no solo prohíbe como señala Melossi, sino que también genera acciones, que en este caso se pusieron de manifiesto bajo la forma de drama social.

Por otro lado, el trabajo etnográfico, "el estar ahí", me permitió acceder a ciertos fenómenos que hubieran quedado como desconocidos, tanto desde una aproximación a través de los medios masivos, como desde la retórica de los organismos de DDHH. Ejemplo de esto son las concepciones sobrenaturales sobre la muerte del soldado y la justicia, demasiado relacionadas con la historia y la cultura de la región.

Como es evidente, tampoco encontré en la ciudad la utilización de un solo tipo de control social contrapuesto a otro, como señalaría Melossi. Ambos interactuaban en diferentes situaciones y contextos. Saber si éste era un período de transición del control social reactivo al activo o si suelen funcionar conjuntamente reuqerirá de nuevos estudios.

Pese a esto, la muerte de Carrasco significó una ruptura. Así lo indicaban los civiles cuando señalaban que los militares por primera vez les temían; y aunque la causa judicial no tuviera una completa resolución, el crimen no había quedado impune. Algunos militares habían pasado a disponibilidad y otros se encontraban detenidos. Además los cambios en la modalidad de reclutamiento generan cambios de conducta, y todo ello es producto de una transformación en las formas por las cuales se ejerce el control social. Estas son contrarias al control social reactivo pues se caracterizan por producir un comportamiento, más que por prohibirlo. También se contrapone al mecanismo del panóptico, pues tiene que ver con un Estado que tiende a buscar el consenso a través de la censura. En cambio el control social activo tiene que ver con un Estado que intenta seducir a la población para lograr su consenso. En términos mas generales, este cambio en el tipo de control social aparece en nuestro país a partir de 1983, pues el control social activo es un tipo de control que tiene que ver ante todo con las sociedades democráticas.

En el caso que nos ocupa, un hecho individual como el crimen perpetrado a un conscripto de una guarnición militar del interior del país mientras se encontraba en servicio, fue el desencadenante de un cambio en la forma de reclutar a la tropa en las FFAA argentinas. Esta propuesta señaló la implementación por parte del Estado de un nuevo mecanismo de control social y obligó al Ejército, institución que realiza un uso constante de la prohibición que intentó extender al resto de la sociedad en más de una ocasión en la historia argentina del siglo XX, a acelerar los tiempos de cambio. Aun así, todavía no está totalmente claro con qué intensidad y alcances se aplicará este nuevo mecanismo ni cual será la respuesta de la sociedad. Pues, si por un lado están aquellos jóvenes que se inscriben como voluntarios pensando que "ahora va a ser mejor porque viene el que quiere", y que la nueva modalidad desalentará las injusticias, por otro lado debemos tener en cuenta que las guarniciones apenas llegan a cubrir los cupos para completar la tropa. A ello se agregan consideraciones sobre el desempleo mayor del siglo y las posibilidades de empleo y actividades económicas anexas que ofresen las guarniciones militares en ciudades como Zapala.7

Por eso pareciera que no sólo la imagen del "chico de Zapala" quedó en una instancia de margen entre la vida y la muerte, la adolescencia y la adultez, sino que la propia relación entre civiles y militares se hallaba, a la fecha de mi trabajo de campo, en una situación liminar; pues si bien primaba la convicción de que la causa iba a quedar irresuelta, implicando una vuelta del conflicto cívica-militar a los parámetros anteriores a la muerte del soldado, también se abrigaba la esperanza de que algo hubiera cambiado y de que esa muerte no hubiera sido del todo en vano.

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NOTAS

1Nombre por el cual en la Argentina se designa tanto al servicio militar obligatorio como al soldado que lo esta cumpliendo, y que se dice significa CO-rre,LIM-pia y BA-rre.

2El "Baile",o movimientos vivos, es una serie variable de ejercicios durante la instrucción que consiste en órdenes ("¡Carrera mar!","¡Alrededor mío carrera mar!","¡Cuerpo a tierra!","¡Rodilla a tierra!", "¡Flexiones de brazos!","¡Flexiones de piernas!") y movimientos (flexiones y corridas) generalmente de gran exigencia física. Fuera de la instrucción es considerado un castigo(Berri-Marin,1995,435).

3Cutral-Co y Plaza Huincul merecen un estudio aparte, ya que no son puntos importantes en cuanto a densidad poblacional, ni tampoco centros históricos de resistencia popular como lo son Buenos Aires, Rosario o Córdoba. Sin embargo, en los últimos seis años estuvieron involucradas en tres manifestaciones públicas de significativa importancia: las referidas a las privatizaciones de YPF, con sus posteriores despidos(1991); la muerte de Carrasco (1994); y los reclamos por la falta de trabajo(1996).

4María Soledad Morales era una joven de 17 años cuando fue asesinada, violada y mutilada en la ciudad de Catamarca, el 8 de septiembre de 1990. Se acusó a los hijos de figuras prominentes del Partido Justicialista en el gobierno de la provincia de estar vinculados al crimen. Pero su esclarecimiento quedó postergado debido a ciertas interferencias del poder político en el poder judicial local. Ante el peligro de que la causa quedara en suspenso, parte de la población de Catamarca recurrió a reclamos públicos, siempre cubiertos por los medios masivos de todo el país, y que se llamaron "Marchas del Silencio". El crimen hasta ahora no fue resuelto, pero estas proclamas produjeron la caída del gobernador de Catamarca que mantenía un poder considerado por la prensa de Buenos Aires como un "nepotismo".

5Mántaras(1995:119) señala que en esta desición prima una necesidad de ofrecer oportunidades laborales a la juventud mas que una utilidad estratégico militar, pues considera al voluntariado como algo totalmente inútil como elemento para la defensa nacional, ya que si lo que se quiere es un ejército rápido, móvil y muy armado en condiciones de solucionar conflictos netamente de origen interno, no necesita de 25.000 soldados. Si por otro lado, la nación se viera en caso de guerra, al ser un país sin tecnología bélica, este número de soldados no le sería suficiente para afrontar el conflicto, pues la única defensiva a la que se puede recurrir en dicha situación es al pueblo en armas, o sea utilizar al máximo la población toda, previamente entrenada en problemas de defensa, más todos los medios materiales con que la nación en ese momento cuente. Aunque parezca una contradicción, una autora proveniente de los organismos de DDHH propone, en este último caso, la implementación de un nuevo tipo de SMO.

6Este folleto contrasta con un folleto editado durante la década del '40 por la Dirección General de Propaganda del Ejército. Se titula "Cura-Malal", que según los editores, fue la primer conscripción argentina, en 1896, cuando se llamó a 35.000 ciudadanos varones de 20 años para cumplir tareas militares durante 60 días. La división de Buenos Aires recibió instrucción en Cura-Malal, Pigüé, de allí el nombre del folleto. En el a "nuestra juventud" no le importa abandonar "las blanduras del hogar" y reemplazarlas por "la severa disciplina del soldado", cuando siente que la soberanía esta amenazada. Durante la instrucción, cada recluta se "esfuerza por parecer infatigable y bizarro". El clima que se siente es de unidad, los oficiales los alientan, y entre los soldados se ayudan los unos a los otros. "Como el recluta llevando en su mano izquierda el fusil de un camarada fatigado, y el suyo a la cazadora, mientras a la derecha carga un costillar de carnero y un trozo de leña marchando como si toda la vida hubiera sido milico". La finalidad de esta instrucción es "reafirmar el temple de la juventud, motor de las conquistas sociales y esperanza del mañana". El mensaje del folleto está en relación a la implementación del control social reactivo, ya que el cumplimiento del servicio militar es una obligación, un sacrificio que se debe hacer por la patria. En este caso la igualdad está dada en que la juventud argentina es un todo homogéneo dispuesto a cumplir con un sacrificio ante su patria. También contrasta con otro folleto que se titula Guía para el Ciudadano de 18 años próximo a hacer el Servicio Militar Obligatorio. Su autor es el cabo principal Hector M. Saavedra y fue editado en abril de 1994, casi al mismo tiempo de la aparición del cadáver del soldado Carrasco, y aproximadamente tres meses antes de que se anunciara el fin del SMO. Aquí el problema son los deberes y derechos que tiene el joven de 18 años una vez que es incorporado al Ejército y comienza su instrucción militar. En este texto la patria tiene otro significado, ya que se considera el conflicto de Malvinas como "una guerra absurda", y se alega por "una patria sin miedos". Además aclara que el futuro soldado cuando se incorpora "no va a una prisión" y que, cualquiera sea la clase social a la que pertenezca tiene los mismos derechos y deberes. En este folleto los conscriptos se caracterizan por su diversidad, vienen de distintas clases sociales, no todos recibieron educación escolar, e incluso se acepta que entren al servicio delincuentes juveniles. Por lo tanto el deber del suboficial "es devolverlo a la vida civil, hecho un hombre de bien". Aquí se resalta la idea de igualdad de derechos y deberes, pese a la diversidad y clase social de la cual el joven soldado provenga. En estos dos folletos se ve como defender a la patria es una obligación del ciudadano, idea mas acorde con la implementacion de un control social reactivo, y no un buen trabajo, como lo muestra la última propaganda.

7Ejemplo de esto fue el bloqueo de las rutas nacionales 22 y 40, y las provinciales 231 y 10, que entre el 11 y el 16 de diciembre de 1996 realizaron los pobladores de la localidad de Las Lajas, tras el anuncio del gobierno nacional del desmantelamiento del RIM21, situado en esa localidad. Los pobladores consideraban que esta decisión causaría la ruina económica de la ciudad (Clarín,16/12/96).

 

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