1er Congreso Internacional "Pobres y Pobreza en la Sociedad Argentina"

Universidad Nacional de Quilmes - Argentina

Noviembre 1997

Ponencias publicadas por el Equipo NAyA
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METODOLOGIA PARA LA IDENTIFICACION DE LA POBLACION SIN TECHO

Ricardo Murtagh, Horacio Chitarron
Subsecretaría de Promoción yDesarrollo Comunitario GCBA

INTRODUCCION

Este informe da cuenta de la metodología empleada para el conteo de la población sin techo en la Ciudad de Buenos Aires, organizado por el GCBA. Esta tarea fue llevada a cabo por la Subsecretaría de Promoción y Desarrollo Comunitario y la Dirección General de Organización, Métodos y Estadística del GCBA. Todas las decisiones técnicas fueron tomadas de común acuerdo entre ambos organismos. El diseño metodológico y la coordinación técnica de la tarea estuvieron a cargo de los licenciados Horacio Chitarroni (SSP y DC) y Oscar Martínez (DGOM y E), con una permanente participación del licenciado Ricardo Murtagh (Subsecretario de Promoción y Desarrollo Comunitario). También participaron en las reuniones y decisiones previas la licenciada Silvia Lépore (Directora General de Organización, Métodos y Estadística) y el licenciado Eduardo Fidanza (Asesor de la Subsecretaría de Coordinación del GCBA)

1- LA CONDICION DE SIN TECHO Y LOS OBJETIVOS DEL TRABAJO

Fenómeno de perceptible crecimiento en las grandes ciudades (también en el mundo desarrollado), la condición de Sin Techo encubre realidades diferentes, que sólo pueden aprehenderse adecuadamente desde lo cualitativo pero a las que se procuró, al menos, aproximarse. Desde la perspectiva de quienes deben planificar un programa de asistencia, el dimensionamiento de la población-meta, así como ciertos distingos al interior de ella resultan imprescindibles, puesto que problemas distintos demandan respuestas específicas. Y estos insumos debían estar disponibles rápidamente, sin tiempo suficiente para un abordaje de otra naturaleza (que hubiera sido más indicado en circunstancias diferentes).

Es bien diferente la situación de quien se ve empujado abruptamente a la indigencia por la expulsión del mercado laboral y la pérdida de un ingreso regular, a la de aquel que - por alguna contingencia traumática de otra naturaleza - eligió hace mucho tiempo vivir en la calle, si es que puede hablarse de elección en circunstancias personales tan adversas como las que pueden impulsar a tal decisión. Sin embargo hay casos en que - de un modo u otro - media un acto volitivo, la adopción de una alternativa frente a otras, tal vez todas penosas.

El mismo carácter crónico o no de la situación, demarca diferencias. Una larga estadía en la calle produce cronicidad, desestructuración, ruptura de vínculos si ellos existían. Aun cierto acostumbramiento - porque la adaptabilidad humana es inagotable - y, en consecuencia, serias dificultades para la reinserción social: recuperación de la identidad, de la autoestima, de la capacidad de convivencia.

Cuando la situación es reciente, en cambio, la estadía en la calle es vivida como anormal. Genera rechazo. Se desea - y se considera posible - superarla rápidamente. En estos casos, la resocialización es mucho más fácil. Tal vez sólo se requeriría revertir la situación desencadenante: un puesto de trabajo - con no ser sencillo obtenerlo - bastaría. Las capacidades no están afectadas.

Era preciso realizar este tipo de distinciones, al menos muy gruesamente. Urgía contar con un programa de asistencia antes del comienzo del invierno: no había tiempo para emprender una investigación vasta. tampoco sobraban los recursos - humanos y materiales - que, a veces, permiten compensar la falta de tiempo.

Por otra parte, había buenas razones para intentar una cuantificación. Existía la generalizada percepción (de la que se habían hecho eco los medios de prensa) de que se trataba de un fenómeno en expansión. Algunas primeras entrevistas y contactos con informantes calificados (SIPAM; Ejército de Salvación) corroborarían esta impresión. Pero nadie contaba con una cifra confiable, que aproximara a la realidad. Estas divergían fuertemente. El SIPAM, por ejemplo, contaba con un registro histórico de personas concurrentes a sus comedores y albergues, que acumulaba alrededor de diez mil casos. Tal cifra había sido recogida en la prensa, sin tomar en cuenta que este registro raramente efectuaba bajas. Se juzgaba que se trataba de un número exagerado. Y era preciso saber más: resultaba muy diferente diseñar un programa previendo asistencia para diez mil personas, para cinco mil o para mil.

Por lo demás, el tiempo jugaba en contra en más de un sentido: un intento de conteo de esta población debía tomar en consideración que - si se querían apreciar visualmente ciertas características básicas (sexo, edad aproximada, algunos indicios de cronicidad) - debería llevarse a cabo mientras durara el calor. El clima frío obliga a buscar refugio y a cubrirse, perdiendo visibilidad.

Estos planteos referidos a las cifras y a la visibilidad pueden parecer fríos y hasta pedestres, pero no resultaban en modo alguno triviales a los efectos de proveer un insumo básico para un programa de asistencia.

2- LA METODOLOGIA ADOPTADA

2-1 El conteo La decisión inicial acerca de qué y cómo se haría se adoptó de común acuerdo con la Dirección General de Estadística.

Se barajó más de una alternativa. Una posibilidad era realizar un muestreo al azar de áreas geográficas (por ejemplo, manzanas). Hacer un barrido total en una ciudad de las dimensiones de Buenos Aires resultaba imposible. Sin embargo, existía evidencia de que la distribución de la población sin techo era sumamente heterogénea y se concentraba en ciertos puntos de la ciudad. Se descartó, entonces, la idea del muestreo y se concibió otra alternativa: si se reunía información cualitativa suficiente y confiable acerca de la distribución y concentración de las personas sin techo, la tarea podía circunscribirse considerablemente. Esto se revelaría, más tarde, como una decisión metodológica acertada.

Por otro lado, existía conocimiento de que unas experiencias similares se habían llevado a cabo en el extranjero y se deseaba conocer pormenores de la metodología empleada. Se tuvo acceso a un informe ejecutivo del Censo de Indigentes realizado en México D.F. en 1996 y - vía Internet - se obtuvo material variado en relación con la investigación sobre homeless en Estados Unidos.

Particularmente aprovechable resultó un artículo del Journal of Official Statistics de New Orleans sobre el intento censal de personas sin vivienda en esa ciudad, realizado en 1990. Pero además, fue posible confrontar distintas modalidades metodológicas de abordaje del problema. La opción por alguna de ellas se relacionaba estrechamente con los objetivos de la investigación y con la delimitación que se adoptara - en términos operacionales - de la población.Una primera cuestión era determinar qué se entendía por personas sin hogar: quien lo estaba en un momento dado o quien había atravesado por esta situación alguna vez, o tenía una alta probabilidad de que ello le ocurriera. De esta definición dependía el abordaje metodológico. Una alternativa era la denominada medición en un solo punto de tiempo: esto captaba a quien - en un momento dado - estaba sin techo. El otro modo suponía un muestreo a lo largo del tiempo. En Estados Unidos, por ejemplo, se había realizado una encuesta telefónica (que aquí era impensable).

Dado el poco tiempo disponible y el propósito de lograr una cuantificación rápida, parecía razonable atenerse al primer temperamento. Se adoptó, entonces, la siguiente definición operacional: Se entenderá por sin techo a toda persona que se halle pernoctando en lugares públicos o privados, sin contar con infraestructura tal que pueda ser caracterizada como vivienda aunque la misma sea precaria. Vivienda precaria supone, al menos, paredes y techo que otorguen cierta privacidad, permitan albergar pertenencias y generen una situación relativamente estable: quien la posea no es sin techo. En tal sentido no es sin techo quien habita una villa de emergencia u ocupa una casa tomada. Tampoco quien construye una habitación precaria (aislada) en un baldío.

Sí lo sería quien se resguarda con maderas o cartones bajo un puente o autopista.

Y en cuanto a la metodología, se optó por el conteo en un solo punto con alguna adaptación: se realizaría durante dos noches consecutivas, en operativos de cuatro horas de duración cada uno. Las dos jornadas exponían a duplicaciones pero no se contaba con suficiente gente como para cubrir la ciudad en una sola noche. La relativa estabilidad de la gente sin techo, en cuanto a la elección de lugares para dormir, dejaba suponer que, si no se duplicaban los recorridos, la posibilidad de contar dos veces a la misma persona disminuiría.

2.2- Las fuentes de información

El otro problema - y no menor - era la selección de lugares. En este punto, la clave residía en una recolección de información lo más detallada y completa posible. Se procuró inventariar las posibles fuentes: Una primera alternativa eran los denominados Servicios Sociales Zonales, organismos dependientes de la Subsecretaría de Promoción y Desarrollo Comunitario. Estos servicios, estrechamente relacionados con sus zonas geográficas de influencia, tenían un conocimiento íntimo de las mismas y vínculos con redes institucionales de las zonas. De ellos provino la primera información. Se les impartió una instrucción pidiéndoles que informaran cuanto supieran sobre la existencia y localización de personas sin techo, sus lugares de concentración, etc.

Una segunda averiguación se orientó hacia las organizaciones que atienden a las personas sin techo, como el Ejército de Salvación y el SIPAM (que cuentan con comedores, roperías, hogares de tránsito, etc.).

Las propias personas sin techo eran, por supuesto, informantes claves. Se realizaron varias entrevistas con personas transitoriamente alojadas en el Hogar Félix Lora (dependiente del Gobierno de la Ciudad y reservado para varones adultos). Desde los Servicios Zonales se llevaron a cabo, también, unas veinte entrevistas con personas localizadas en la calle. Todas ellas, con distinto grado de detalle, narraron sus experiencias y proporcionaron indicaciones útiles. Se aprovechó este contacto para informarles que se estaba diseñando un programa de asistencia e indagar sus necesidades y pareceres.

La última fuente de información fue la Policía Federal, que llevó a cabo un rápido operativo de visualización y conteo durante sus patrullajes de rutina, contabilizando 825 personas e indicando las zonas donde se encontraban. Este operativo se extendió durante varias noches.

A priori, además, se recopilaron los listados oficiales de la ciudad de Buenos Aires donde figuraban los espacios verdes, lugares de culto, estaciones y terminales de subterráneos, ferrocarril y autotransporte. Todas las fuentes de información coincidían en la fuerte presencia de población sin techo en estos lugares. Por iguales motivos se incluyeron las principales avenidas (especialmente en el radio céntrico) y los hospitales municipales. Dentro de los espacios verdes se incluyeron todas las plazas, parques y jardines de la ciudad (no las plazoletas, por su menor tamaño y excesivo número). En cuanto a los lugares de culto, se optó por las iglesias y basílicas del culto católico.

2.3- Día y hora La elección del día y la hora en que se llevaría a cabo el conteo no era un tema menor.

Por un lado, urgía llevar a cabo la tarea - y contar con datos - con tiempo suficiente para organizar el Programa de Atención para las Personas Sin Techo, que debía ponerse en marcha antes del comienzo del invierno. Pero la selección cuidadosa de los lugares y la organización del trabajo de campo (incluido el reclutamiento del personal y su adiestramiento para la tarea) eran cruciales para el éxito del trabajo y demandaban tiempo. Surgió, además, una cuestión singular: los informantes claves coincidían en señalar que la población sin techo disminuía en los meses de verano. A la manera de los antiguos migrantes golondrina, una parte de estas personas se trasladaba a la costa bonaerense en temporada estival. Siendo así, no podía realizarse operativo alguno hasta fines de marzo o - mejor - principios de abril. De manera que se contaba con algún tiempo para la preparación y el momento quedaba fijado para principios de abril.

El operativo debía realizarse, además, por la noche, en momentos en que esta población mayoritariamente duerme, para evitar cualquier tipo de confusión y detectar a quienes efectivamente eran personas sin techo. Aunque la falta de luz dificultaría la detección y caracterización pretendidas, el horario finalmente seleccionado fue de 0.00 a 4.00 horas.

2.4-Los lugares y el mapeo

Mientras se definían estos aspectos, se comenzó a reunir la información sobre lugares de la ciudad a incluir en los recorridos. La primera información recibida fue la de los Servicios Zonales. Esta información, volcada sobre pequeños planos de las zonas de influencia de estos servicios, resultó precisa y detallada.

Menos detallada y más genérica fue, en cambio, la información proporcionada por las organizaciones que trabajan con personas sin techo, aunque trasmitieron algunos criterios acerca de qué cosas tomar en cuenta en la observación. Esta información hacía referencia a estaciones, parques, plazas o algunos barrios de especial densidad (en algunos casos ya conocidos).

Se tomó la decisión de volcar toda la información reunida a un plano a gran escala de la ciudad. Esta tarea, que se realizó en la Dirección de Estadística, fue cuidadosa y artesanal. En primer lugar se señalaron con tachas de diferentes colores las plazas, parques y jardines, las terminales ferroviarias, los hospitales y las basílicas e iglesias. Luego se agregaron los comedores del SIPAM, por considerarse que en sus inmediaciones podría dormir gente que normalmente asistiera a ellos. La siguiente incorporación correspondió a todos los lugares señalados por los Servicios Zonales. La información policial llegó más tarde (pocos días antes de realizarse el operativo) y fue la última en incorporarse. También se incluyeron otros sitios, señalados por informaciones eventuales de diversas personas o detectados en salidas exploratorias a las que se hará mención luego.

Así, el mapeo incluía lugares puntuales (una esquina) o más extensos (una plaza, una terminal ferroviaria). También una calle o avenida determinada o un tramo de ellas, o todo un radio a ser "barrido".

Posteriormente, este plano fue dividido, tomando en cuenta las jurisdicciones de los antiguos Consejos vecinales (que correspondían a las de los Servicios Zonales). Cada una de estas jurisdicciones se tomó como base para trazar los recorridos: pero en algunos casos, donde la densidad de marcas resultaba alta, se optó por subdividir la zona en dos o hasta tres recorridos. Con esta base, cada recorrido se volcó cuidadosamente a un plano pequeño, que se entregaría al grupo encargado del trabajo de campo. Se numeraron los puntos, trayectos o radios y se listaron en una planilla de control (una por cada recorrido).

Resultaron 19 recorridos.

2.5- La modalidad operativa y los grupos

En cuanto a la modalidad del operativo, se acordó que cada recorrido sería asignado a un grupo constituido por dos personas. El personal se reclutó entre trabajadores sociales de la Secretaría de Promoción Social: muchos de ellos se desempeñaban en los Servicios Zonales y, en estos casos, se procuró asignarles recorridos incluidos dentro de su propia jurisdicción.

Estos grupos de trabajo se movilizarían en automóviles y dispondrían de dos jornadas de cuatro horas para completar sus recorridos. Irían acompañados de personal de seguridad en razón del horario nocturno, las características de algunos lugares a recorrer y el hecho de que se trataba - mayoritariamente - de personal femenino.

Adicionalmente, se asignó a un grupo la función de inspeccionar las bocas de las cinco líneas de subterráneos y a otro la de recorrer algunas zonas extensas y dispersas (los bosques de Palermo, la Avenida General Paz). En los hospitales municipales - además de inspeccionar su entorno - se realizaría una averiguación en el servicio de guardia.

Las calles o avenidas serían recorridas en automóvil, pero el grupo debía descender y transitar a pie lugares como plazas, parques y estaciones.

2.6- Qué cosas registrar: el instrumento de recolección

La siguiente cuestión a determinar era qué cosas registrar.

Desde un principio estaba previsto que no se tomaría contacto con las personas sin techo: el registro sería visual. Por varias razones: se deseaba ser lo menos intrusivos posible; el horario nocturno implicaba que mucha gente estaría durmiendo y no se quería molestarla. Además, había que completar todo el operativo en dos noches (prolongarlo implicaba mayor riesgo de duplicaciones e incrementaba los costos, puesto que al realizarse en horas de la noche el personal que intervenía debía recibir una remuneración extraordinaria), por lo que no había tiempo para otra cosa que una observación. Por otra parte, a los fines de un conteo y caracterización básica, esta modalidad parecía suficiente.

¨Qué características básicas importaba - y era posible - registrar con este procedimiento? (además de la cantidad, por supuesto). En primer lugar, el sexo y la edad aproximada. Esto último implicaba un considerable grado de subjetividad, dado que se trataría de una aproximación visual. Se construyeron cuatro tramos de edad: Niños (hasta 14 años) Jóvenes (de 15 a 30 años) Adultos (de 31 a 55 años) Ancianos (de 56 y más años)También importaba determinar la proporción de personas solas o agrupadas en familias (se consideraban tales a las parejas solas, a las parejas con niños y a los adultos acompañados de niños). Esto tampoco podía discriminarse con certeza, pues muchas veces el único indicador disponible sería la proximidad física a los efectos de determinar si dos personas estaban juntas (en ocasiones, las personas sin techo se agrupan para dormir, por razones de seguridad).

Finalmente, era importante poder estimar la cronicidad, vale decir si se trataba de situaciones recientes y/o eventuales, o bien de larga data. Para este último aspecto, apenas podía contarse con indicadores aproximativos. Se determinó observar el estado de la indumentaria (deterioro) y la higiene personal, que se categorizarían en bueno, regular y malo (en el supuesto de que quien se encuentra viviendo en la calle desde poco tiempo atrás aún no ha perdido sus hábitos de higiene personal y procura cuidar su aspecto, por ejemplo para buscar empleo).

También se tomaría en cuenta la cantidad y el tipo de pertenencias que llevan consigo las personas sin techo. En este punto, se adoptaba la siguiente consideración: diversos informantes coincidían en que muchas personas que poseen viviendas en puntos distantes del Gran Buenos Aires permanecen durante los días de semana - en especial en verano - en la Capital Federal, durmiendo en la calle, con el objeto de buscar trabajo. Aun, en ocasiones, se trata de personas con trabajo, que se ven forzadas a esta práctica para reducir sus gastos de traslado. Estas personas - por ejemplo trabajadores de la construcción - suelen llevar consigo un pequeño bolso con una muda de ropa (se lo denominó "bolso de trabajo"). El presentar buenas condiciones de higiene e indumentaria, unido a la portación de esta clase de pertenencias, podía tomarse como indicador de la situación descripta.

Pero la prueba no era simétrica: quien llevara gran cantidad de bultos (todas sus pertenencias) no necesariamente era un crónico: podía tratarse de alguien recientemente desalojado, por ejemplo. Y ocurre, asimismo, que muchas personas acostumbradas a estar en la calle por largo tiempo, prefieren no acarrear más que lo indispensable para evitar los frecuentes robos durante el sueño. Pero se consideró que, en conjunto, la observación de estos aspectos nos aproximaría - al menos - a la estimación de la proporción de crónicos entre las personas sin techo (como se ha dicho al principio, el programa contemplaba distintas modalidades de atención en función de esto) En un principio, se pensó también en registrar otras características: discapacidades visibles, signos evidentes de alcoholismo o disturbios mentales. Pero después de algunas salidas de carácter exploratorio - a las que se hará referencia luego - se desistió de estos propósitos, que se revelaron en exceso ambiciosos.

Los instrumentos de recolección se diseñaron teniendo en cuenta estos objetivos. Se elaboró una planilla con formato matricial, apropiada para registrar cada caso en una fila y las distintas variables a observar en las columnas. Se diseñaron, además, dos planillas adicionales para registrar, en la primera, observaciones complementarias referidas a los casos detectados y, en la segunda, observaciones referidas a los contextos de observación: por ejemplo, presencia policial o de una cuadrilla de obras que pudiera influir sobre la presencia de personas sin techo. También una planilla adicional estaba prevista para consignar casos visualizados durante los traslados de un lugar a otro (fuera de los recorridos asignados al grupo).

3- LAS SALIDAS EXPLORATORIAS

Con la finalidad de poner a prueba los criterios adoptados y los instrumentos de recolección, además de tomar un primer contacto con el campo, se decidió realizar algunas salidas exploratorias. Era preciso saber qué cosas podían realmente observarse en recorridos nocturnos como los previstos, para no crearse falsas expectativas sobre los resultados del relevamiento. También era necesario tener vivencias del procedimiento para poder instruir al personal que participaría de la tarea.

Una primera salida exploratoria se realizó en el mes de enero, recorriendo la zona de Constitución (interior y alrededores de la estación y plaza) y un tramo de la Avenida 9 de Julio. Se contaron aproximadamente noventa personas y se comprobó que la forma de observar debía variar según el tipo de lugares. En interiores de edificios como las estaciones había que tratar de detectar sitios ocultos y poco visibles, que constituyen naturalmente refugios para dormir. En espacios abiertos como las plazas y parques, era necesario prestar atención a monumentos y edificaciones (además de bancos, árboles y arbustos).

Una segunda salida exploratoria se realizó con una modalidad más extensiva: en automóvil y con el propósito de explorar algunos lugares vastos e inciertos, sobre los que se dudaba si debían ser incluidos o no en los recorridos: su extensión los tornaba trabajosos y - eventualmente - poco "productivos". Era el caso de los bosques de Palermo.

Esta salida permitió desechar algunas zonas e incluir - o precisar - otras, además de calcular con mayor fundamento el tiempo que demandaba la tarea, con miras a organizar el trabajo de los grupos.

4- LA PREPARACION DEL TRABAJO DE CAMPO

Con la experiencia de las salidas exploratorias fue posible ajustar los criterios de observación y perfeccionar las planillas de recolección.

La demora de los datos policiales (los últimos en ser volcados al plano) dilató bastante la tarea de diseño final de recorridos y - por lo tanto - la organización del trabajo de campo. Surgió, además, otra cuestión: la Policía Federal ofreció su colaboración para trasladar a los equipos de trabajo en patrulleros (garantizando movilidad y seguridad) a los sitios previamente determinados. Esto solucionaba ciertos problemas pero agregaba otros: la presencia policial resultaría intimidatoria para las personas sin techo y podría dejar - eventualmente - una imagen poco favorable a la continuidad del programa. Una decisión política de la Secretaría de Promoción Social determinó que la tarea se haría sin participación policial, lo que obligó a contratar externamente la movilidad y el servicio de seguridad.

Una vez organizados estos aspectos y diseñados los recorridos, se llevó a cabo una prueba piloto en la zona de Retiro (terminales ferroviarias y de ómnibus) que se vio dificultada por una intensa lluvia. En esta prueba piloto participaron dos personas de las que realizarían el conteo, acompañadas por los coordinadores técnicos.

La prueba permitió ajustar detalles y advertir dificultades en el registro: por ejemplo, en la terminal de ómnibus, no era sencillo discriminar a las personas que aguardaban un servicio en la sala de espera de aquellas que pernoctaban allí. Por otra parte, había gente durmiendo en lugares muy poco visibles, cosa que no siempre fue advertida por los observadores. Se hizo evidente la necesidad de enfatizar, en las instrucciones, que la búsqueda debía ser extremadamente cuidadosa en lugares cerrados.

Con la experiencia acumulada hasta el momento se redactó un instructivo detallado, que procuraba objetivar y uniformar criterios de observación y advertir acerca de las posibles dificultades y el modo de sortearlas. Para cada tipo de lugar (calles, plazas, estaciones, etc.) se proporcionaban instrucciones en cuanto al modo de proceder.

En la semana previa al relevamiento se realizó una reunión de capacitación con la concurrencia obligatoria de todo el personal que participaría. En ella se repasaron los criterios generales, se repartió y leyó el instructivo en forma colectiva y se distribuyeron juegos de formularios de registro, explicando el modo de completarlos. Luego se pidió a la gente que expresara sus dudas y dificultades, a fin de aclararlas.

5- EL TRABAJO DE CAMPO

En las madrugadas del 15 y 16 de abril, de 0.00 a 4.00. horas, se realizó el operativo de conteo. En la Subsecretaría de Promoción y Desarrollo Comunitario se centralizó la tarea: desde allí partieron los equipos de trabajo, provistos del juego de formularios, un ejemplar del instructivo, linternas y un mapa de recorrido junto con una planilla donde se listaban los lugares asignados.

Si bien se había procurado que los recorridos fueran aproximadamente equivalentes (compensando extensión con densidad), los tiempos empleados para cumplirlos resultaron diferentes. En los casos en que gran parte de los lugares fueron visitados en la primera jornada, se incorporaron recorridos adicionales para realizar en la segunda noche.

En ambas noches, un móvil se destinó al control de calidad del trabajo, efectuando recuentos posteriores a la visita del equipo correspondiente en ciertos lugares prefijados (estos dobles conteos arrojaron diferencias muy pequeñas, que podrían atribuirse a la movilidad de la población sin techo).

Al término de cada jornada, los grupos convergieron nuevamente en la Subsecretaría de Promoción y Desarrollo Comunitario para entregar el material. Con la totalidad de las planillas de ambas noches se realizó la sumatoria que permitió arribar a un total superior a las 900 personas: esta fue la cifra difundida inicialmente. Un análisis de consistencia realizado en los días posteriores en la Dirección General de Organización, Métodos y Estadística permitió agregar los casos registrados en los traslados entre recorridos, eliminando algunas duplicaciones que pudieron detectarse. Se llegó a 967 personas. Asimismo, en los días siguientes se hizo una averiguación en hogares de tránsito, que determinó que 332 personas durmieron allí en las dos noches del conteo.

6- EL PROCESAMIENTO Y ANALISIS DE LOS DATOS

Los datos fueron ingresados y procesados en la Subsecretaría de Promoción y Desarrollo y la Dirección General de Organización, Métodos y Estadística del GCBA, utilizando un paquete de computación para estadísticas en ciencias sociales (SPSS). A los efectos de lograr la estimación aproximada de la cronicidad se tomaron finalmente en cuenta cuatro variables: aseo personal, estado de la indumentaria, tipo de pertenencias y forma de agrupamiento. Con estas variables se realizaron diversos análisis estadísticos, mostrándose el análisis de correspondencias múltiples con posterior clasificación jerárquica como el más adecuado.

Los resultados del análisis fueron difundidos oportunamente y razones de espacio fuerzan a incluir aquí apenas una escueta síntesis: de las 967 personas contadas más del 70% se detectaron en espacios verdes y calles y avenidas. Casi un 85% eran hombres, casi todos solos (menos del 10% de las personas parecían integrar grupos familiares). En casi la mitad de los casos se trataba de personas adultas. Un 30% eran jóvenes y sólo 17% ancianos (aunque la proporción de personas de edad avanzada aumentaba entre las mujeres). La referida elaboración estadística realizada para detectar cronicidad permitió estimar un 23% de casos de alta cronicidad y una proporción similar de situaciones, en apariencia, recientes o eventuales. Más de la mitad de los casos mereció la calificación de mediana cronicidad.

El tipo de información reunida no permitía un análisis más detallado que el meramente descriptivo (que se ajustaba, por otra parte, a los propósitos del trabajo).

7- ALGUNAS SUGERENCIAS Y CONCLUSIONES

Un saldo adicional del conteo, consiste en ciertas sugerencias que podrían resultar útiles en el caso de que debiera replicarse, en otro momento o en otro lugar, una tarea de este tipo. En primer lugar, existe clara conciencia de que un estudio de esta naturaleza (sobre una población móvil y dispersa) está expuesto a un riesgo de subnumeración difícil de precisar y presumiblemente alto.

Es imposible la exhaustividad. Por lo pronto, parece haberse detectado bastante bien a la población adulta pero no a los niños (que, según se sabe, duermen agrupados y ocultos). Podría haber - asimismo - lugares poco accesibles donde duerman adultos: la Policía Federal, por caso, contó unas noventa personas entre la Reserva Ecológica y los terrenos descampados aledaños a la Ciudad Universitaria (sitios a los que no se accedió).

La selección de lugares resulta crucial. Y aunque se cree haber incluido los de mayor concentración, bien valdría la pena un mayor y más prolongado esfuerzo de reunión de información al respecto (incluso proveniente de las mismas personas sin techo). Un tipo de lugar a tener en cuenta son los atrios de iglesias y - a veces - sus interiores. La no inclusión de la totalidad de las parroquias (sino en unos pocos casos puntuales que nos fueron indicados) puede haber tenido un costo elevado en cuanto a subnumeración: aquí también podría emplearse el pedido directo de información a los párrocos.

En cambio, en términos generales, parece una estrategia acertada la reunión de información para circunscribir la tarea. La población sin techo se concentra en ciertos barrios y no en otros. Una tarea intensiva resulta más productiva que una búsqueda extensiva (que tendría rendimientos decrecientes). Más del 80% de los Sin Techo detectados lo fueron en unos pocos barrios: Retiro, San Nicolás, Monserrat, San Telmo, Microcentro, Recoleta, Almagro, Balvanera y Constitución (el resto aportó sólo marginalmente).

Finalmente, debe aclararse una vez más que el conteo no se hizo por mera curiosidad ni tampoco fue una investigación académica. Una tarea como esta sólo sirve si se integra en un programa de apoyo y asistencia a este sector de la población: desde el punto de vista del conocimiento detallado del problema, de sus aspectos determinantes y de sus diferencias internas, el modo de aproximación más provechoso es, sin duda, bien diferente. Se trata de un esfuerzo que está realizándose en otros ámbitos y que debe ser continuado.

Pero un saldo adicional del conteo y de sus repercusiones en la prensa (como también las del programa mismo) es haber llamado la atención sobre una dimensión extrema de la pobreza y la exclusión, que no es captada por censos ni encuestas de hogares. Y que, por ello, usualmente no se incluye entre los indicadores que se emplean para dar cuenta de la situación social.

* Servicio Interparroquial de Ayuda Mutua
* "The United States census effort to count the Homeless: an assessment of street enumeration procedures during 'S- Nigth' in New Orleans" - Journal of Official Statistics - Vol.8 - No 2, 1992 - N.Orleans - USA
* Los criterios médicos indican un envejecimiento prematuro en las personas sometidas a las condiciones de la vida en la calle

NOTA DE LOS EDITORES
Esta ponencia nos fue entregada con problemas de formato, por lo que se perdieron las referencias numericas de las notas.

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